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En el verano boreal de 1992, una corta pero sangrienta guerra azot� Moldavia. Esta peque�a rep�blica del C�ucaso se hab�a independizado de la URSS el 27 de agosto de 1991. Sin embargo, la minor�a rusa, agrupada en torno a la capital de Cisdniestria, Tiraspol, reclam� la presencia del Ej�rcito Rojo al sentirse amenazada por los independentistas moldavos. Las provocaciones acabaron en cruentos combates, sobre todo en torno a la ciudad de Bendery donde se calcula que fallecieron unas 500 personas.
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A unos 20 kil�metros al sureste de Chisinau, en el hospital de Aninii Noi, est�n internados 18 heridos de guerra y hay cuatro cad�veres no identificados en el dep�sito de la morgue. A muy pocas manzanas de all� hay una antigua iglesia ortodoxa. Junto al letrero oficial, del m�s puro estilo sovi�tico, la pintura descascarada permite ver una ilegible inscripci�n en griego. M�s all�, en el cementerio de la ciudad, hay tumbas con nombres turcos, latinos, eslavos, �rabes y germanos. Pareciera que todo el mundo pas� por esta peque�a localidad dejando sus cad�veres. La evidencia no miente. Aqu�, en la antigua Besarabia, junto al C�ucaso, se encuentra una de las grandes fronteras hist�ricas de la
por el sector m�s duro del Gobierno de Mosc� ha conducido al empeoramiento de la guerra en Osetia del Sur, regi�n dependiente de Tiflis, pero que desea sumarse a la Federaci�n rusa y unificarse con la Osetia del Norte que depende de Mosc�.

Los mismos motivos han abierto la crisis moldava, donde los rusos de la rep�blica "rebelde" de Cisdniestria cuentan con el respaldo de Mosc� y sus tropas para conseguir su independencia. A ello se suma la proclamaci�n de la rep�blica de Gagausia, en el sur de Moldova, que tambi�n desea constituirse en estado soberano.

La crisis moldova ha conseguido poner de acuerdo a los gobiernos de Kiev y Mosc�, enemistados desde el fin del Imperio sovi�tico, ante el temor de que Chisinau decida unificarse con Ruman�a llev�ndose grandes contingentes de poblaci�n ucraniana y rusa. Sin embargo, el desacuerdo entre Leonid Kravchuk, el presidente de Ucrania, y Boris Yeltsin, su hom�logo ruso, persiste en otras cuestiones. Una es el destino de la Flota del Mar Negro, otra, los intentos de Rusia por provocar la escici�n de Crimea.

La colisi�n entre los intentos hegem�nicos de Rusia y Ucrania, y la ola nacionalista en la regi�n se han conjurado para desarticular completamente el puzzle del C�ucaso.

"La �nica soluci�n es desmilitarizar la zona y convertirla en un regi�n de libre comercio", afirma el poeta moldavo "europe�sta" Emil Galaicu, un ferviente admirador de la Comunidad Europea.

El sue�o de Galaicu no impide que, apenas alguien reconozca los cuerpos de los cuatro desconocidos que yacen en la morgue del hospital de Aninii Noi, sus nombres -eslavos, latinos o turcos- pasen a engrosar la larga lista del cementerio vecino.



Chisinau, julio de 1992
Humanidad.

Durante d�cadas, el "tel�n de acero" fue la l�nea divisoria entre Oriente y Occidente. En realidad, el aut�ntico muro est� aqu�, en el C�ucaso, en esta enorme depresi�n natural situada antes de los Urales, que durante siglos ha sido una aut�ntica esponja para las invasiones procedentes de los cuatro puntos cardinales.


El r�o Dniester y sus feroces tribus b�rbaras fueron un muro de contenci�n para las legiones romanas. Los grandes valles del C�ucaso tambi�n absorbieron a los mongoles cuando llegaron aqu� para marcar el fin de la hegemon�a del primer "imperio eslavo", el de Kiev. Ya en los tiempos modernos, Napole�n, Disraeli, los sultanes otomanos, el Kaiser, Hitler y Stalin intentaron dominar la regi�n con diversos motivos.

Al igual que los f�rtiles suelos Chernozem que componen la mayor�a de las tierras caucasianas, los pueblos de la regi�n est�n compuestos por diversas capas de antiguos invasores rezagados que al final decidieron quedarse. Pero a diferencia de la tierra, que hace de la zona un aut�ntico granero del mundo, los estratos �tnicos no terminan de ajustarse, provocando frecuentes convulsiones.

"Lo que ocurre es que sufrimos el mal de Babilonia", afirma Yuri Topal, un miembro de la minor�a gagaus que vive en Moldavia. "La riqueza de estas tierras es enorme, las llanuras son infinitas, el agua es abundante, pero parece que no podemos ponernos de acuerdo para vivir en paz".

El destino tr�gico del C�ucaso en gran parte se debe a los intentos permanentes de Rusia por controlar la zona. Y el caos actual responde b�sicamente al desorden administrativo y geogr�fico impuesto por Stalin. El dictador sovi�tico separ� territorios hist�ricos, los adjudic� a rep�blicas diferentes y cuando sigui� criterios �tnicos cre� "enclaves" aut�nomos que son aut�nticos polvorines.
El drama de Nagorno Karabaj, donde el Ca�caso ya pierde su nombre en las estribaciones monta�osas de Ir�n, se debe a este �ltimo motivo. La regi�n, de poblaci�n armenia, est� encerrada en territorio azerbaiyano y depende de las decisiones de Bak�. Lo mismo ocurre, pero en sentido inverso, con Najichev�n, el enclave azer� situado en Armenia. Se trata de una verdadera "toma de rehenes" territorial.

En Georgia, donde el ex ministro de Asuntos Exteriores Eduard Shevardnadze intenta consolidarse en el poder, adem�s de la guerra abierta entre los clanes locales, la pol�tica de defensa
de la poblaci�n rusa sostenida a rajatabla
El polvor�n del C�ucaso
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