Por John M�ller

1.- UNA CULTURA ESTA MURIENDO...

Hacia 1600 todo el mundo en Europa estaba convencido de que la Tierra era el centro del Universo y que los planetas y el Sol giraban en torno a ella. Estaban tan seguros de ello como nosotros lo estamos hoy de lo contrario. Galileo y Cop�rnico se encargaron de demostrar que no era as�: la Tierra giraba en torno al Sol. Los prebostes de la Escol�stica fueron los primeros en percibir la herej�a. Si la Tierra no estaba en el centro del Universo, el hombre no estaba en el centro de la Creaci�n, cuesti�n que hab�a sido dogma de fe durante siglos, y Arist�teles y Santo Tom�s hab�an fallado en sus predicciones cient�ficas y todo el sistema filos�fico que hab�a sostenido la "sociedad satisfecha" del feudalismo pod�a venirse abajo.

Las gentes de entonces se dieron cuenta de que algo chirriaba en todo aquello. A muchos les pareci� que esto -en fin de siglo- s�lo pod�a anunciar nuevos males y terribles cataclismos. Otros, en su desesperaci�n, buscaron nuevas bases para edificar su sistema filos�fico. Fue el caso de Ren� Descartes quien, agobiado por la falsedad de todo lo que le hab�an ense�ado, encontr� la duda met�dica.

Descartes fue, en cierto modo, el primer esc�ptico moderno. Hay que reconocer que las gentes de hoy son bastante m�s iconoclastas que las del Medioevo y van escribiendo por las paredes cosas como "si el sistema no funciona, hay que cambiarlo" o "Rold�n, chorizo", pero tambi�n hay que admitir que muchos piensan que ante la llegada del fin de siglo, las sociedades modernas s�lo pueden esperar nuevos y temibles males.

Aunque el t�tulo de esta conferencia sea "La sociedad satisfecha", yo creo que podr�ais permitirme el lujo de retocarlo por el de "La sociedad mutante" o, por lo menos, colocarle esta frase como subt�tulo. Sinceramente desconozco si esta sociedad est� m�s satisfecha que las anteriores. Los padecimientos actuales no son comparables a los de otros tiempos ya que son sustancialmente diferentes. El stress moderno a Marcel Proust le deb�a parecer un s�ntoma de tuberculosis. Adem�s, cada sociedad ha sido conformista o rebelde a su manera. Por eso me parece m�s propio llamarle "sociedad mutante", porque de una cosa estoy seguro, esta sociedad no es igual que la de ayer y en modo absoluto se parece a la ma�ana. Adem�s, por el despiste generalizado que reina, algo debe estar cambiando de manera radical aunque nosotros no nos demos cuenta.

No hace falta que os diga que hoy tenemos m�s televisores que nunca en la historia, m�s ordenadores, m�s tel�fonos, m�s sat�lites y m�s m�quinas depiladoras. Nuestra capacidad de asombro ante el cambio tecnol�gico ha superado cualquier umbral imaginable y, por eso mismo, ya nada o casi nada, nos llama la atenci�n. Todas estas cosas est�n sumamente bien pensadas para que el hombre moderno tenga mayor bienestar. En una palabra: satisfecho.

Alguien me dijo una vez que todos los artilugios t�cnicos que se vender�n en el mercado en los pr�ximos 40 a�os ya est�n inventados desde hace tiempo y s�lo cuestiones de marketing aplazan su debut en los escaparates. Sin embargo todos estos tel�fonos m�viles, picadoras de documentos secretos y maquinillas de afeitar est�n teniendo consecuencias terribles para los agricultores, los padres de familia, los sacerdotes, los maestros de escuela, los delincuentes y los periodistas.

La raz�n es muy simple y la enunci� el fil�sofo canadiense Marshall MacLuhan hace m�s de 25 a�os: la cultura alfab�tica creada por la escritura est� dando paso a la cultura mosaico creada por la imagen.

La imagen sedujo a los catedr�ticos en los a�os 60 hasta tal extremo que, como ocurri� en otros campos, se sacraliz� su poder�o y se exageraron sus consecuencias. Hoy son las madres las que exageran el poder de la imagen cuando critican el n�mero de horas que sus reto�os pasan ante la Nintendo o el PC. Ellas son incapaces de comprender, desde su mentalidad alfab�tica, los nuevos c�digos de comunicaci�n que se establecen entre el hombre y la m�quina a tan temprana edad. Y no estoy hablando aqu� de los que se "enganchan" al ordenador hasta altas horas de la madrugada. �El cambio es m�s que eso! Como advirti� MacLuhan no basta con limitarse a considerar las m�quinas o los descubrimientos desde un punto de vista utilitario, pues tienen grandes e important�simas consecuencias sociales e ideol�gicas.

La democracia moderna, por ejemplo, tiene una enorme deuda de gratitud con el invento del estribo (el ejemplo es de MacLuhan). Si no hubiese sido porque las tropas de Guillermo el Conquistador contaban con el avance t�cnico del estribo nunca habr�an podido derrotar a Harold en la batalla de Hastings e Inglaterra no hubiera sido lo que es sin la invasi�n normanda.

Una prueba de que muchos insisten en adentrarse en el futuro mirando en el espejo retrovisor -la frase tambi�n es de MacLuhan- es ese documento identificatorio que cada uno de vosotros lleva en su cartera y al que un ministro del Interior rindi� homenaje convirti�ndolo en documento de porte obligatorio: el DNI.

La prueba de que nos cuesta desprendernos de nuestra mentalidad alfab�tica es este documento. Se trata de un papel muy moderno con los datos b�sicos de cada uno, imposible de falsificar seg�n la F�brica Nacional de Moneda y Timbre. Pero no me molestan tanto los datos escritos como la huella digital. Resulta decimon�nico seguir utilizando la huella digital cuando la huella gen�tica ya ha servido como prueba para condenar a diversos delincuentes en Estados Unidos y cuando empieza a ser norma habitual utilizarla entre los peritos forenses de nuestro pa�s. Adem�s, la mayor�a de los buenos ladrones usan guantes, pero no pueden evitar que se les caiga el pelo.

Volviendo a MacLuhan, el fil�sofo canadiense aseguraba como una de sus conclusiones fundamentales que "el medio es el masaje", es decir, que los diversos medios t�nicos van moldeando nuestras mentes de una determinada manera. Y ahora, el predominio que desde hace d�cadas vienen ejerciendo los llamados "medios calientes" (aquellos que requieren una participaci�n activa del receptor) han terminado por aflorar una nueva cultura: la del individualismo.


2.- LO PUBLICO CONTRA LO PRIVADO: LAS RAZONES DE LA CRISIS

Parafraseando a MacLuhan, podr�amos aventurarnos a afirmar que la tan maltratada Generaci�n de los a�os 60, la �ltima que ha hecho un intento serio por ampliar el campo de lo p�blico en la vida social, fue v�ctima de su propia inconsistencia al no percibir que un medio como la televisi�n -entonces en pleno desarrollo- iba a acabar con sus sue�os.

Las sociedades actuales est�n marcadas por un proceso cuyo inicio, a nivel mundial, puede situarse entre las dos grandes crisis del petr�leo (1973-1975) . Se trata del paso progresivo del inter�s por lo p�blico al inter�s particular o privado. Este fen�meno, radicalmente inverso al que se registr� en la d�cada de 1960 cuando se echaron a volar los sue�os m�s ut�picos, marca un duro despertar para toda una generaci�n. De las ilusionantes utop�as sociales de los 60, se pasa a la recesi�n econ�mica fruto de la crisis del petr�leo; de la sorprendente Revoluci�n cubana y del experimento socialista de Salvador Allende en Chile se transita hacia dictaduras militares que se multiplican por todo el globo; de la libertad en nuevas dimensiones del LSD se llega a los beb�s minusv�lidos hijos de la Talidomida; del movimiento pacifista de Vietnam y Camboya se cae en las nuevas "guerras de baja intensidad" en Centroam�rica y �frica.

M�s all� de las grandes tendencias y los hechos m�ticos -Cuba, el mayo franc�s, etc.- que alimentan la imaginaci�n -y, ahora, la nostalgia- de la que entonces era la generaci�n joven m�s numerosa que ha pisado nunca la Tierra en toda nuestra Historia, son las opciones personales que se repiten hasta el infinito las que promueven este fen�meno: se trata de recuperar la intimidad, la familia, el n�cleo m�s pr�ximo, tras una d�cada "prodigiosa" de apertura a los cuatro vientos, de volcarse hacia lo p�blico casi de forma enfermiza y de mantener un di�logo de sordos en el plano ideol�gico.

De la misma forma que un joven-profesional-urbano norteamericano (l�ase yuppie) descubr�a, ya en los 80, que las Reaganomics (pol�tica econ�mica neoliberal de Ronald Reagan) le permit�a convertirse en un "Master of the Universe" sentado ante su ordenador conectado a la Bolsa de Nueva York y al Mercado de Futuros de Chicago, un importante dirigente del socialismo chileno que cumpli� un papel protag�nico en los a�os de Salvador Allende me reconoc�a, all� por 1987, que el par�n pol�tico obligatorio al que le forz� la dictadura militar chilena le hab�a permitido descubrir su intimidad y recuperar "el valor de la familia, de los hijos y de los amigos en un universo m�s manejable".

Este fen�meno, que en Espa�a se registra mucho m�s tarde debido a que la Transici�n Democr�tica exacerba el inter�s por lo p�blico -lo pol�tico-, coincide en el tiempo con el primer decenio de Gobierno de Felipe Gonz�lez y, debido a una serie de condicionantes, adquiere caracter�sticas singulares.

As�, mientras desde el poder se env�a como mensaje a la sociedad que el partido en el Gobierno es el �nico capaz de garantizar el valor de la solidaridad con sentido p�blico, sus leyes y decisiones administrativas dan mayor impulso a los individuos y familias para que ejerciten sus opciones de forma individual, �ntima, en todas las instancias de su vida. La declaraci�n de la renta se hace personal y de alguna forma se penaliza la conjunta; los cr�ditos son personales; Madrid se convierte en una de las capitales europeas donde m�s coches con un solo ocupante entran al centro cada ma�ana y en general se se�alan en la agenda social muchos m�s asuntos que se resuelven desde la responsabilidad personal mientras que aquellos que se cumplen de forma colectiva van minimiz�ndose o desapareciendo.

M�s a�n, desde un punto de vista est�tico podr�a decirse que desde el poder s�lo se promociona una solidaridad calist�nica -carrera contra la droga, f�tbol contra la droga, marcha contra el terrorismo, etc.- que tiene su momento culminante con la vuelta a Espa�a de la antorcha ol�mpica en 1992. Las viejas marchas reivindicativas llenas de contenido -como el 14-D o las protestas estudiantiles- son desaprobadas desde el poder como actos de desorden p�blico y satanizadas por la televisi�n que se solaza con los excesos de unos golfos.

El desfase hist�rico de Espa�a nos lleva tambi�n, en los 80, a la tit�nica tarea de construir el Estado de Bienestar (otro signo evidente de ampliar el campo de lo p�blico) cuando en gran parte de los pa�ses de nuestro alrededor �ste se halla en una profunda crisis. Baste como evidencia, la crisis total del Estado sueco, modelo a seguir en esta materia seg�n nuestros gobernantes, a comienzos de los a�os 90 que lleva al poder a los conservadores y liberales que se encargan en estos momentos de desmontarlo. Situados ya en la recesi�n econ�mica actual, nuestros expertos descubren que el Estado y sus compromisos son incapaces de sostenerse si la econom�a no crece a tasas mayores del 4% anual, cuesti�n que, como es evidente, nadie puede garantizar en un futuro pr�ximo.

La colisi�n entre los intentos de ampliar en todos los campos el inter�s p�blico frente a una sociedad crecientemente individualista y que busca el retorno a lo �ntimo produce varios fen�menos que hoy est�n en candelero: la corrupci�n (aprovechamiento de lo p�blico con criterio individualista), el clientelismo (aprovechamiento de lo p�blico con criterio partidista) y la derrota de la sociedad civil (ruptura total entre las esferas de lo p�blico y lo privado).

Estas contradicciones son las que hacen que con gran facilidad se oiga decir a los mayores de 35 a�os (que marcan el l�mite menor de la cohorte identificada con la Generaci�n del 60 y de la Transici�n Democr�tica) que los j�venes de hoy son m�s conservadores que lo que fueron ellos. A m� me parece que esta afirmaci�n es falsa. Creo que la respuesta "macluhiana" ser�a que los j�venes de hoy han nacido con el zumbido del aparato de televisi�n en el sal�n de casa.

Hace algunas semanas tuve la ocasi�n de hablar en Barcelona con Armand Mattelart, que dirige el doctorado en Comunicaci�n en la Universidad de Rennes. Mattelart es el t�pico exponente de la Generaci�n del 60 que ha ido encaneciendo con el tiempo aunque no le ocurre como a Reg�s Debray que ha decidido echar tierra sobre su pasado "rojo" desde que es asesor personal de Francois Mitterrand.

Mattelart, que vivi� en Chile en la �poca de Salvador Allende, escribi� junto con Ariel Dorfmann un librito delirante que se titulaba Para leer al Pato Donald, que en el fondo era una dur�sima cr�tica contra las historietas de Walt Disney a las que acusaba de transmitir a las mentes infantiles los estereotipos del capitalismo y de la burgues�a norteamericana. Al margen de aquella aventura intelectual, me sorprendi� la obsesi�n que Mattelart tiene actualmente con la televisi�n: la consideraba como la nueva Caja de Pandora y como un medio de comunicaci�n tan poderoso que era capaz de manipular la voluntad de toda una sociedad.

En el fondo, Mattelart tiene raz�n en su cr�tica a la televisi�n ya que podr�a decirse que es este medio de comunicaci�n el que derrot� los sue�os y las aspiraciones de toda su generaci�n. Aunque me pareci� que �l sigue poniendo �nfasis en los contenidos -digamos que es la aproximaci�n goebbelsiana a los medios de comunicaci�n-, cuando lo que parece haber operado el cambio es el medio en s� como apuntaba MacLuhan.

Hay otra posible reflexi�n en este asunto si describimos el cambio desde los puntos de vista de los individuos y familias. Para ello me apoyo en el magn�fico ensayo de Helena B�jar titulado La cultura del yo (Alianza Universidad, 1993), quiz�s uno de los escritos m�s provocativos de los �ltimos tiempos, donde queda de manifiesto el arraigado individualismo de las nuevas clases urbanas.

El proceso de alienaci�n del gran grupo social o de la masa es similar en todos los estratos sociales y grupos de edades, sin embargo, si lo observamos por niveles generacionales podemos descubrir que aquella Generaci�n del 60, que de alguna forma es la que gobierna ahora todos los campos de nuestra sociedad, lo admite con una gran dosis de culpabilidad, ech�ndose las culpas del fracaso del proyecto colectivo, sacrificado, in extremis, en aras del bienestar o, simplemente, como "una evoluci�n l�gica del ser humano que madura" y ve con otros ojos aquellas pataletas juveniles.

La generaci�n joven, en cambio, plantea el individualismo casi como una reivindicaci�n frente a un excesivo predominio de lo p�blico sobre lo particular. As� pueden o�rse frases como "la pol�tica lo invade todo, hasta el deporte" o "toda la actividad social se reduce a la pol�tica". Esta actitud se une a un cuestionamiento del funcionamiento de los partidos pol�ticos y a la renuncia al compromiso militante.

En s�ntesis, mientras a una generaci�n le gusta decir que es de izquierda, pero le apetece vivir a la derecha, la otra no tiene complejo de fracaso y reclama su lugar en la sociedad y sus intereses. Esto podr�a justificar en parte los llamativos contrastes que se detectan en las encuestas de opini�n cuando se pide a los ciudadanos que se autoposicionen en el espectro pol�tico (la mayor�a lo hace entre centro-izquierda e izquierda).


3.- LA BRECHA GENERACIONAL

Las contradicciones que he enunciado son elementos que marcan una brecha generacional. As�, parece claro que el clientelismo y la cultura del subsidio est�n operando hoy como verdaderos obst�culos para la incorporaci�n al trabajo de una generaci�n joven que algunos consideran como la m�s cualificada de la Historia de este pa�s.

Hay algunos expertos que sostienen que la nueva cultura del individualismo ha dado muerte a la sociedad civil y que est� re�ida con el valor de la solidaridad. Me parece una afirmaci�n falsa. No hay pa�s donde se exalten tanto los valores individuales como los Estados Unidos y tengo la impresi�n de que el movimiento asociativo all� es sumamente poderoso.

La derrota de la sociedad civil ha sido, m�s bien, una labor de zapa del Estado. La sociedad civil no puede articularse a golpe de subsidio sin evitar manchar con la impronta de los intereses del Gobierno de turno los prop�sitos del movimiento asociativo.

Afortunadamente, en el Estado espa�ol son muchos los que han le�do a Goebbels y muy pocos los que han le�do a MacLuhan, ya que si lo hubieran hecho y fueran consistentes con la pol�tica que han mantenido contra otras organizaciones emblem�ticas de la sociedad civil -y en ellas incluyo desde los grupos ecologistas hasta las fenecidas radios libres- intentar�an por todos los medios intervenir las bases de datos y comunicaciones que algunos fan�ticos de la inform�tica han instalado por su cuenta y riesgo. Creo que s�lo en Madrid hay medio centenar de estas bases de datos y en ellas se produce una actividad social electr�nica inusitada. All� se compra, se cambia, se vende, se emprenden proyectos conjuntos, se ayuda a personas... etc.

Hay all� una sociedad civil electr�nica a la que el poder no tardar� en echarle el guante. De hecho, desde 1989, en EEUU ya existen normas por las cuales las ecuaciones matem�ticas pueden ser patentadas y quedan protegidas por la Ley de Propiedad Intelectual. Existen grandes casas comerciales que ya han patentado como suyos los algoritmos desarrollados por Descartes y por los sabios griegos. Las ecuaciones, que eran patrimonio de la Humanidad, en EEUU han pasado a ser propiedad privada y existen grandes presiones para que la Uni�n Europea proceda de la misma forma.

Para que comprend�is c�mo un proceso asociativo puede llegar a crear una sociedad civil mundial os relatar� lo que ocurri� en la ex Uni�n Sovi�tica en agosto de 1991. Las primeras informaciones que daban cuenta del intento de golpe de Estado contra Mijail Gorbachov salieron de la ex URSS mediante canales inform�ticos. No fue el ordenador de la CIA en Mosc�, sino una red de ordenadores repartidos por todo el territorio sovi�tico, operados por cient�ficos y aficionados, que enviaron los datos fundamentales de lo que estaba ocurriendo. Fueron esos corresponsales interconectados los que tambi�n dieron a conocer los datos de las primeras manifestaciones contra los golpistas, informaci�n que Yeltsin aprovech� para obrar en consecuencia.


4.- LA GENERACION DEL FUTURO ES LA GENERACION DEL PASADO

Aunque yo soy optimista en cuanto a que las nuevas tecnolog�as "individualistas" permitir�n el desarrollo de una sociedad civil global, hay que reconocer que aqu� y ahora la labor de zapa del Estado y las nuevas actitudes juveniles est�n teniendo consecuencias nefastas. Son muchos los que se quejan de que no se oye a los j�venes. Y es cierto, los j�venes no tienen voz. De vez en cuando alg�n soci�logo se acerca a preguntarles su opini�n y la convierte en estad�grafos. Las pocas veces que han hablado, sin embargo, ha sido para echarse a temblar. Basta preguntarle al presidente del Gobierno cu�l fue el detonante para que adelantara las �ltimas elecciones generales.

Las grandes batallas juveniles hoy se libran en campos en los que la brecha generacional vuelve a hacerse presente y en los que las reivindicaciones les "duelen" a la generaci�n en el poder. As�, �c�mo no se va a seguir dando largas al tema del servicio militar cuando la actitud de los j�venes objetores e insumisos es una amenaza "real" para las Fuerzas Armadas mientras que ponerles claveles a las bocas de los fusiles no era m�s que un gesto de cara a los fot�grafos?

�Por qu� se sigue abordando la lucha contra el sida con los mismos criterios pasados de moda con que se luch� contra el t�tanos o la malaria? �Por qu� se hace profesi�n de ecologismo cuando en realidad nadie tiene intenci�n de conciliar los intereses de unos y otros en pos de un desarrollo sostenible?

Y as� podr�amos seguir toda la ma�ana. Yo no tengo las respuestas y est� claro que la generaci�n que est� en el poder no las tiene. Espero que ustedes s� las encuentren.

Por �ltimo, hay una cuesti�n de agravios comparativos que quiero advertir ahora puesto que creo que es un problema que puede desarrollarse dentro de unos a�os.

Hoy, por primera vez en la historia de Espa�a, la generaci�n del futuro es la generaci�n del pasado. La generaci�n del y con futuro es aquella generaci�n perdida de la Guerra Civil que soport� tantos sufrimientos y que, por justicia, debe recibir recompensa del bienestar actual. Se trata de los mayores de 60 a�os, la impasible Tercera Edad a la que nadie parece haber prestado atenci�n hasta que se ha descubierto su poder�o electoral.

Los dem�s pa�ses occidentales que ya han superado el bache de natalidad que est� atravesando Espa�a han sido capaces de dar algo m�s a los mayores que viajes del Inserso y residencias de ancianos. Han sido, por ejemplo, capaces de aprovechar ese capital humano que es la experiencia y el ejemplo socializador que tienen los abuelos sobre los nietos en la primera edad en actividades que redundan en beneficio de la sociedad como la transmisi�n de los valores de la urbanidad o la conciencia ecol�gica.

Como es fin de siglo los ministros sugieren terribles males como que la Seguridad Social no alcanzar� para todos o como que cinco jubilados viven del sueldo de cada trabajador. Tambi�n se sugiere que es la generaci�n del pasado, que ya no tiene nada que perder, la que est� decidiendo con su voto el destino de los dem�s. �Qu� se pretende con esto? Fomentar acaso el ego�smo generacional y enfrentar a abuelos y nietos por una m�sera pensi�n. El mecanismo de pensamiento que opera detr�s de estas afirmaciones es el mismo que subyace en la justificaci�n m�s popular que hay en Espa�a para rechazar a los inmigrantes: vienen a quitarnos nuestros puestos de trabajo.

As� como hay que desbloquear los mecanismos trabados de nuestra econom�a que impiden el acceso al trabajo de los j�venes hay que darles un papel a los mayores en nuestra sociedad que vaya m�s all� que la mera succi�n de sus votos en el momento oportuno.


5.- ESTA GENERACION NO TOMARA LA COLINA DE LA HAMBURGUESA...

Ha llegado la hora de abordar el tema resumen. Ni el retorno a lo �ntimo, ni el individualismo, ni el fracaso de la Generaci�n del 60, ni la influencia de los medios de comunicaci�n pasar� a los libros de Historia con grandes titulares, aunque quiz�s si ocupen un p�rrafo. El hecho que pasar� a cerrar el cap�tulo del siglo XX ser� el fin del conflicto ideol�gico materializado en el enfrentamiento entre las dos superpotencias: EEUU y la URSS.

El siglo XX ha estado dominado -y aqu� gloso a sir Isaiah Berlin- por dos fen�menos: el progreso de las ciencias, de un lado, y la Revoluci�n Rusa, por el otro. Seg�n el sabio brit�nico de origen let�n, ambos son producto de la ideolog�a dominante en el siglo XIX: la convicci�n de que la humanidad estaba abocada al progreso y de que este progreso deb�a ser organizado. Dicha afirmaci�n hunde sus ra�ces en el idealismo plat�nico y en el concepto de identificaci�n del hombre con el Estado que exist�a en la polis griega. La idea fue m�s tarde recogida por Hegel y traducida en t�rminos pol�ticos se puede enunciar como que la generaci�n presente puede y debe ser sacrificada con el fin de garantizar el bienestar de las generaciones futuras.

As�, generaciones enteras de sovi�ticos se sacrificaron en pos del ideal del comunismo y las juventudes occidentales quedaron diezmadas en una guerra mundial para garantizarle el disfrute de la democracia a sus hijos.

Los gobiernos siempre han tenido un argumento para sacrificar a la generaci�n presente en favor de las venideras, siempre ha existido un objetivo: para algunos fue tomar la Colina de la Hamburguesa, para otros la construcci�n de una econom�a de bienestar. Hoy, en Europa, por primera vez en este siglo, a la generaci�n joven no se le ha marcado ning�n objetivo, no se le ha pedido que tome ninguna colina ni se le exige que se sacrifique por nada que vaya m�s all� de sus capacidades reales.

Eso explica por qu� muchos se sienten hu�rfanos de ideales. Cito a Berlin: "Cuando oigo decir que la juventud tiene necesidad de un ideal, suspiro. Este famoso ideal no sirve m�s que para reemplazar al conocimiento y a la responsabilidad individual. Es verdad que a la juventud occidental actual es la primera desde hace generaciones a la que no se le pide que se sacrifique por algo: ya no hay causas. Pero la libertad nunca tiene muchos amantes... muchos menos que el esp�ritu de sistema".

Berlin exagera. Hoy, a diferencia de anta�o, se ha dado una constelaci�n de factores que permiten augurar una nueva sociedad mucho m�s participativa. Pero para que las personas puedan aportar algo a esta nueva sociedad hay que relajar las r�gidas barreras que pretendidamente buscaban garantizar un espacio a la sociedad civil y concebir nuevas formas de participaci�n y que han acabado por marchitarla.

La libertad no requiere sistemas ideol�gicos, le basta con valores para desarrollarse en plenitud. Valores que suenan a rancios como la honestidad y la solidaridad entre los hombres -que se trasuntan en cuestiones simples como que la Administraci�n funcione y los tel�fonos no fallen, o que se cobre lo justo por el servicio recibido-. Estos valores siguen estando hoy tan vigentes como ayer pese a que las ideolog�as hayan sucumbido.
La sociedad satisfecha,
la sociedad mutante
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