| �Aqu� no tenemos general�. Con esta frase del general Pinochet, Osorno qued� descartada como capital de la X regi�n. As� lo relat� Alejandro Kauak Garabet , ex alcalde de la ciudad, a este diario en una entrevista publicada el 17 de octubre pasado y que constituye un documento hist�rico sobre c�mo se urdi� la reforma administrativa en Chile. Se trata de un testimonio que debe ser conservado en la memoria por todos los osorninos. Es bueno saber que nuestros dirigentes -incluso aquellos que aspiran a entrar en el pante�n de la historia- han decidido las cuestiones importantes del pa�s con altura de miras y con visi�n de futuro. Nada de fijarse en minucias como las caracter�sticas socioecon�micas de una regi�n. No, aqu� lo que importaba es que relucieran los espadones de los generales en las plazas, que el pa�s se adaptara administrativamente al escalaf�n militar y no al rev�s. Y no ten�amos general por un puro error de apreciaci�n estrat�gica. Para corregirlo se trajo, en 1981, al regimiento �Coraceros� hasta nuestra ciudad con el fin de adecuar el despliegue del ej�rcito a su funci�n de disuasi�n exterior. Hoy Osorno sigue sin general, pero como destino militar tiene bastante m�s capacidad operativa y poder de fuego que otras ciudades de Chile. Sin embargo, esta irreparable arbitrariedad cometida hace 25 a�os, no es la �nica raz�n por la que Osorno es permanentemente discriminada en la distribuci�n de los recursos p�blicos. Gran parte de la culpa recae en los ineficaces mecanismos de asignaci�n de fondos a los que nos aboca el r�gimen presidencialista. Los intendentes son meras extensiones del jefe de Estado y los gobernadores sus secretarios. Como tales, su lealtad est� dirigida en primer lugar al inquilino de La Moneda, que es el que los elige y les paga, y en un muy segundo plano a los ciudadanos. La m�xima expresi�n de nuestra democracia local es el alcalde, quien tiene legitimidad pol�tica, pero poco presupuesto e influencia frente a la burocracia que rodea a un presidente. Hay tantos cargos intermedios -ministros, subsecretarios, seremis, asesores, intendentes y gobernadores- entre un alcalde y un presidente que sacar adelante una iniciativa local es pr�cticamente una tarea imposible. Por eso, lo mejor que le puede pasar a una ciudad es que su alcalde sea amigo de la infancia del presidente, un elemento que habr� que considerar en el futuro si queremos progresar. En ese terreno difuso y movedizo que constituye la burocracia presidencialista, tambi�n mete su mano el Poder Legislativo a trav�s de diputados de avi�n y senadores de avi�n que de vez en cuando se acuerdan de venir a pastorear a sus electores, oirlos y darles alguna esperanza. De vez en cuando, tambi�n, conspiran para derribar a un intendente, a un gobernador o para fastidiar a un alcalde con el fin de colocar a alg�n amigo que se ha quedado sin pega. Ya sabemos que las cosas son as� y los ciudadanos nos limitamos a seguirles el juego a los pol�ticos de avi�n (haci�ndonos los lesos cuando nos enga�an), porque sabemos desde Plat�n -que casi perdi� la cabeza en Siracusa- que el fil�sofo-rey no existe. Es en este escenario constitucional que ningunea al poder local donde se produce ahora el debate sobre la divisi�n regional, una discusi�n que se ha instalado en la agenda nacional en buena parte por presiones de Valdivia y de los senadores de la circunscripci�n X regi�n norte. Valdivia es mucho m�s polis que Osorno. Eso es indiscutible. Osorno, en t�rminos pol�ticos, es una aldea de labriegos. La ciudad valora a los hombres y mujeres de trabajo, pero desprecia a los pol�ticos de avi�n. Estos nos devuelven su indiferencia con creces. Pero en Valdivia aman a los pol�ticos, los miman y las se�oras elegantes de la ciudad los invitan a tomar t� con kuchen. Valdivia es tan pol�tica que hasta lleva el nombre del primer gobernador de este pa�s. Es bueno que los labriegos osorninos nos ilustremos sobre la divisi�n regional. Pero no debemos olvidar que la discusi�n ha sido trazada por un grupo de inter�s concreto y estamos entrando en su juego. S�lo tenemos una ventaja: el �xito de los prop�sitos de Valdivia depende de lo que hagamos. Si Valdivia consigue atraer a Osorno para formar una nueva regi�n, esa es la salvaci�n de Valdivia; pero si Osorno se suma a Valdivia y no es la capital administrativa de la regi�n, no gana nada. Las ciudades y las regiones dependen, en �ltimo lugar, de la capacidad de sus gentes que son las encargadas de dotarlas de personalidad y cultura. Los valdivianos no pueden pretender que la realidad cambie tirando l�neas en un mapa como si fueran las potencias colonialistas que dibujaron las naciones de Africa. Los osorninos no pueden prestarse a un juego tan absurdo. En ese sentido, el debate de la divisi�n regional es una discusi�n falsa y ociosa. El aut�ntico debate, el que realmente cambiar�a las cosas, no tiene que ver con las rayas del mapa, sino con la necesidad de que el presidente de la Rep�blica renuncie a una parte significativa de su actual poder en favor de un ejecutivo local que cuente con todos los contrapesos democr�ticos que sean necesarios. Y no hablamos de los parlamentos regionales �termales� que han dise�ado en La Moneda, sino de c�maras locales elegidas democr�ticamente y capaces de supervisar a un ejecutivo con un presupuesto importante. Eso ser�a una aut�ntica revoluci�n descentralizadora. Pero s�lo pensarlo les da v�rtigo. LA CIENCIA Y LAS VACAS LOCAS.- No es extra�o que el SAG incinerara en secreto las vacas Jersey que captur�, porque el procedimiento ha sido casi del neol�tico. Ya manifestamos aqu� que la decisi�n de sacrificar esas vacas no ten�a sentido si no se amparaba en criterios cient�ficos. Si exist�an dudas sobre su salud, bastaba con apartarlas de la cadena alimenticia y someterlas a an�lisis cuando fueran muriendo. Pero el Ministerio de Agricultura se ha empecinado en seguir el criterio de que si te rompes una u�a es mejor amputar la mano entera. Lo peor es que para eliminar estas vacas Jersey �contaminantes� se ha procedido a incinerarlas en un simple hoyo, de acuerdo con la imagen publicada por este diario. Este procedimiento es una muestra del rigor cient�fico del Ministerio, ya que la destrucci�n del pri�n que genera el mal de Creutzfeld-Jacob s�lo se produce someti�ndolo a m�s de 850 grados Celsius durante dos segundos. En t�rminos generales se exigen 1.300 grados para tener una garant�a absoluta. De lo contrario, el pri�n infeccioso puede contaminar las aguas y a otros animales. Esa y no otra es la raz�n por la que, en Europa, las vacas se incineran en los altos hornos de las f�bricas de cemento y no en un simple hoyo en el suelo, donde no se alcanzan las temperaturas adecuadas. Si las vacas ten�an la enfermedad, ahora la orden ministerial se ha encargado de esparcirla por la tierra y las aguas. Aplausos para los caballeros. OMISION.- En la Carta de Madrid del domingo pasado comet� una imperdonable omisi�n al no mencionar la presencia de Hern�n Vargas Teuber en la reuni�n del Cuarto C 1981 del Colegio San Mateo. La verdad es que fuimos 22. Desde aqu� le pido disculpas. |
| Valdivia nos arrastra a un debate ocioso |