A primera hora de la ma�ana del pasado lunes, cuando en Chile todav�a era de madrugada, me informaron que Sergio Pizarro Mackay, el embajador de Chile en B�lgica, hab�a fallecido esa misma ma�ana. Hac�a dos semanas que me hab�a enterado de que estaba enfermo y su muerte me sorprendi� cuando buscaba un momento para llamarle y darle �nimos.

A Pizarro Mackay lo conoc� cuando fue embajador en Madrid, entre los a�os 1997 y 2000, y le toc� lidiar con el incidente provocado por la orden de detenci�n del juez Baltasar Garz�n contra Augusto Pinochet. Supe entonces que era un pol�tico fino y h�bil. No dir� que fuimos �ntimos amigos, pero a trav�s de varios encuentros y de los comentarios de sus colaboradores llegu� a apreciar su gran calidad humana.

Ahora ya es tarde para llamarle y darle �nimos, pero me veo en la obligaci�n de exponer un hecho desafortunado. Pizarro, nacido en Copiap�, quer�a que lo enterraran en Chile. Al morir en el ejercicio de su cargo, fue preciso trasladar su cuerpo esta misma semana a nuestro pa�s. Unos entristecidos familiares acudieron entonces a buscar cobijo bajo la primera bandera chilena que vieron en B�lgica: la de la compa��a Lan Chile. Le explicaron que su viuda deseaba viajar a Chile en el pr�ximo vuelo, junto al f�retro de su esposo. Pero la aerol�nea acept� transportar a los deudos, pero no el ata�d, porque -as� le dijeron a los familiares- "no transportamos esa carga" en aviones de pasajeros. Pese al evidente dolor de los afectados, la aerol�nea no se conmovi� y ante la insistencia de que esperararan un avi�n dedicado exclusivamente a �esa� carga, a la viuda no le qued� m�s remedio que buscar otra aerol�nea.

Quisiera pensar que un empleado mal informado, inexperto y torpe se encontr� de pronto con un caso que le pareci� ins�lito: trasladar en un avi�n de pasajeros vivos el f�retro de un embajador muerto. Los aviones de pasajeros normalmente llevan carga de todo tipo y he tenido la ocasi�n de ver en muchos viajes c�mo se transportan f�retros. Es cierto que los suben a hurtadillas, para no evocar la muerte en las mentes de los pasajeros, pero puedo dar fe de que se hace.

Los hechos son que los familiares de Pizarro y los funcionarios chilenos en Bruselas tuvieron que buscarse otra compa��a menos melindrosa y al final el cad�ver del embajador lleg� a Santiago el mi�rcoles en un vuelo de la espa�ola Iberia.

Las grandes organizaciones, sean p�blicas o privadas, cuando llegan a adquirir cierto tama�o, se vuelven tontamente insensibles ante las debilidades humanas, una de las cuales es morirse. Me dir�n que una empresa privada puede fijar las reglas que le vengan en gana y si no te gusta te buscas otra. Pero no me convencer�n de que unas cajas de vino, perfumes o whiskey son una carga m�s valiosa que el cad�ver de un hombre que prest� importantes serrvicios a Chile.

Pizarro sab�a desde que dej� su puesto en Madrid que padec�a un melanoma maligno y, en diciembre, cuando ya estaba visiblemente enfermo pod�a haber pedido que le relevaran en la embajada y esperar su fin en Chile. Pero Pizarro ten�a entre manos unas delicad�simas negociaciones entre Chile y la Uni�n Europea y prefiri� seguir sirviendo a su pa�s hasta el final, sabedor de que nadie como �l pod�a transmitir a sus colaboradores los vericuetos de la burocracia de la Uni�n Europea.

Pizarro conoc�a detalladamente el engranaje de la Uni�n Europea. Era embajador en B�lgica y Luxemburgo desde 1994. En 1997 vino a Espa�a y el 2000 regres� a B�lgica, porque el Gobierno chileno le necesitaba all�. Sab�a a la perfecci�n con qu� funcionarios hab�a que hablar, qu� puertas tocar y en qu� ventanillas presentar los papeles. No se perd�a en los laber�nticos pasillos de la Comunidad Europea. Era un experto en la tarea de seducir a los personajes claves, porque en este mundo de acuerdos y tratados, el encanto personal a veces es fundamental. Y, adem�s, era un talento precoz, porque a los 28 a�os, en 1968, ya era el "n�mero tres" del Ministerio de Exteriores chileno.

Era un diplom�tico, adem�s, que trabajaba para Chile abriendo mercados. Ten�a un sentido del comercio muy aguzado. La primera vez que hablamos en Madrid, en 1997, me expres� su deseo de elevar el intercambio comercial entre Espa�a y Chile. Ese era su objetivo y lo consigui� con creces, pese a que la detenci�n del general Pinochet en Londres convirti� en un infierno una embajada que promet�a ser brillante.

El instinto comercial -era especialista en Derecho minero- le ven�a de los muchos a�os en que se tuvo que dedicar a la abogac�a despu�s de que en 1973 fuera exonerado del servicio diplom�tico cuando era encargado de negocios de Chile en Italia.  Pude apreciar su elevado nivel de contactos. Era amigo de los principales empresarios de nuestro pa�s y fue gracias a una gesti�n personal suya que Andr�nico Luksic se dign� a concederle al diario madrile�o El Mundo una -tal vez la �nica- de las pocas entrevistas que ha dado a la prensa.

En medio de la crisis del caso Pinochet me llam� un par de veces para pedirme alg�n dato para optimizar su relaci�n con la prensa espa�ola. Le gustaba que le dijera que la mejor forma de sobornar a un periodista es darle una noticia. Cuando todos los funcionarios de su embajada estaban nerviosos porque la prensa mostraba agresividad hacia el gobierno chileno, Pizarro se mostraba tranquilo y due�o de la situaci�n. Recuerdo especialmente su respeto hacia todas las posiciones period�sticas, incluso aquellas que pod�an parecerle injustas.

No me olvidar� nunca de la an�cdota sobre su familia que nos cont� en una ocasi�n y que describe perfectamente su car�cter. Resulta que uno de sus antepasados era un minero riqu�simo en una de las orillas del valle de Copiap�. En la ladera de enfrente, otro minero -llam�mosle P�rez- estaba en permanente disputa con �l, intentando arrebatarle parte de sus posesiones y efectuando reclamaciones sobre sus terrenos. Su animosidad nac�a del hecho de que su esposa hab�a sido novia del antepasado de Pizarrro antes de casarse con �l. La cosa iba de mal en peor y P�rez ensayaba todo tipo de trucos para minorar la fortuna de su adversario. Un d�a, el antepasado de Pizarro muri� y su rival pens� que era la gran oportunidad de dividir a los herederos. Pero al abrir el testamento, todo Copiap� se qued� pasmado: el h�bil antepasado de Pizarro hab�a legado la mitad de sus bienes a sus hijos... y la otra mitad a los hijos de P�rez. Obviamente, P�rez nunca volvi� a mirar con confianza a su esposa, pese a que sus hijos ser�an infinitamente m�s ricos que �l.

Esa mezcla de socarroner�a y astucia chilena adorn� la personalidad de Sergio Pizarro Mackay que adem�s era tremendamente culto y riguroso en temas diplom�ticos. Por eso el penoso incidente provocado por la absurda discriminaci�n de esta aerol�nea ha indignado a los que lo conocimos. La compa��a debe rectificar y excusarse ante la famila de Pizarro. Su cad�ver nunca debi� ser confundido con carga peligrosa o contaminante. Como mucho era una carga fr�gil y valios�sima que se hab�a ganado el derecho a regresar por �ltima vez a Chile en una aeronave con la bandera a la que tantos servicios rindi�.
El embajador no viaja con Lan
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