| Cada cinco a�os, los que fuimos alumnos del Cuarto C 1981 del Colegio San Mateo, nos damos cita en Osorno para ver si estamos m�s viejos, m�s gordos o m�s calvos. Entiendo que esta costumbre que antes s�lo manten�an unas pocas promociones del Liceo o del Colegio Alem�n se ha ido convirtiendo en un h�bito cada vez m�s extendido en la ciudad. Reclamo para el entusiasmo y perseverancia de mi viejo curso el m�rito de que, al menos en el San Mateo, esta tradici�n comience a ser eso... una tradici�n. Veinte a�os es una magn�fica cifra, una buena excusa para aparcar los problemas cotidianos, cruzar el Atl�ntico y marchar a Osorno, aunque sea por unas horas, para tomarle el pulso a la ciudad, para disfrutar de los peque�os placeres del sur, conocer iniciativas novedosas y confirmar que las amistades juveniles siguen inalteradas. Fuimos una generaci�n de aves migratorias. Entonces no hab�a universidades privadas y apenas un pu�ado de centros regionales y muchos nos tuvimos que marchar de Osorno, porque la ciudad no nos ofrec�a posibilidad alguna de desarrollar nuestras vocaciones. Algunos han tenido la suerte de regresar para trabajar ah�, pero otros no. La di�spora hace que estos encuentros tengan mucho de cita a ciegas. Un cosquilleo de curiosidad corroe los est�magos hasta que se encuentran los primeros compa�eros para descubrir que las calvas son m�s grandes y las barrigas m�s pronunciadas. Y los rostros se iluminan cada vez que llega uno m�s y se va completando la lista. Esta vez, de 35, llegaron 21, cifra m�gica. Veintiuno, 20 a�os m�s viejos. All� estaban, en primera fila, los organizadores del encuentro: Jorge Kutscher, Luis Urz�a y Carlos V�squez. Tambi�n llegaron Andr�s Concha, Mauricio Ampuero, Javier Gonz�lez, Jos� Troncoso, Ra�l Hern�ndez, Manuel Manr�quez, Alejandro Madariaga, Ernesto R�os, Jorge y Roberto Tarzij�n, Mart�n Montgomery, Gonzalo Burgos, Alejandro Rodr�guez, Manuel Cisternas, David Menzel, Marcelo Duhau y Guido Miranda. Tambi�n fueron invitados nueve ex profesores y dos funcionarias del colegio. Dec�an los griegos que para que un juicio fuera justo, el procesado deb�a ser juzgado por sus pares, por sus iguales, garant�a que permanece hasta en el Derecho moderno. La virtud de estos encuentros es que los viejos compa�eros de curso somos pares y podemos enjuiciar nuestras vidas con la autoridad que da el hecho de haber compartido durante dos, cuatro, seis y hasta 12 a�os la etapa formativa m�s importante de nuestras vidas. O�mos as�, con humildad, cosas que si vinieran de otras bocas nos parecer�an extempor�neas y hasta irrespetuosas. En fin, que cada cinco a�os, nos juntamos para verificar c�mo vamos cumpliendo con la par�bola de los talentos. S�lo ante estos viejos compa�eros se puede desnudar el alma y decir: ustedes saben cu�les eran mis muchos o pocos talentos y con ellos he hecho esto, �qu� les parece? En mi modesta opini�n, todos deber�an sentirse felices de las vidas que tienen porque son buenas y �tiles para nuestra sociedad. Atesoro especialmente la experiencia de Alejandro Rodr�guez Betancourt, que ahora es ex oficial de Carabineros y responsable de seguridad de un centro comercial de Santiago. Con �l siempre brome�bamos con que alg�n d�a acabar�a pas�ndonos un parte. Hizo una carrera brillante en nuestra polic�a uniformada hasta que un d�a se meti� en un boliche santiaguino a comprar cigarros. El due�o lo mir� espantado detr�s del mostrador, haci�ndole gestos para que no entrara. De pronto, de la oscuridad salieron dos asaltantes. Antes de que le diera tiempo a reaccionar, Alejandro ten�a un balazo en el pecho. Pese a ello, le dio tiempo a salir persiguiendo a los delincuentes y los neutraliz�. S�lo entonces se dio cuenta de que ten�a otro balazo en el abdomen. A nuestro buen "Gato" Rodr�guez lo cosieron y lo descosieron los doctores durante un a�o. Lo inflaron a antibi�ticos para salvarlo de sucesivas septicemias. Gracias a Dios, lo dejaron perfecto. Ya se sabe, los gatos tienen siete vidas. El s�bado de la semana pasada todos pudimos disfrutar de su alegr�a, su espl�ndida madurez y su paciencia sin l�mites, la misma de la que carec�a antes cuando consegu�a que lo expulsaran de clases cada dos por tres. Quiz�s porque mir� de tan cerca a la muerte en su intento de cumplir con su deber, Alejandro es quien mejor simboliza nuestros anhelos colectivos y nos honr� con su amistad y su presencia. El es el m�s emblem�tico de los viejos estandartes. Nunca nadie llev� dos balazos en el cuerpo con m�s dignidad. |
| Viejos estandartes |