| Una vez m�s, y tal como ha venido ocurriendo en los �ltimos a�os, las encuestas se equivocaron en Espa�a con motivo de las elecciones celebradas en el Pa�s Vasco el domingo pasado. Lo que parec�a que iba a ser una victoria de las tesis constitucionalistas se convirti� en una amarga derrota que ni el Partido Popular ni el Partido Socialista han digerido todav�a. El Partido Nacionalista Vasco (PNV) obtuvo un 43% de los votos y una victoria en toda la l�nea. El magro consuelo es que la formaci�n pol�tica m�s pr�xima a la banda terrorista ETA, Euskal Herritarrok, la misma que siempre se niega a condenar los asesinatos, perdi� la mitad de sus esca�os en el parlamento vasco (de 14 baj� a 7). El triunfo de los nacionalistas ha desatado todos los fantasmas de un quiebre constitucional, ya que la tesis final del PNV es la independencia del Pa�s Vasco. Desde Madrid se replica que no hay forma de abordar una reforma de la Constituci�n mientras persista la amenaza terrorista de ETA. El martes pasado, 48 horas despu�s de conocerse los resultados electorales, un paquete�bomba de la organizaci�n terrorista amput� los dedos de una mano y caus� graves heridas al periodista Gorka Land�buru, hijo de un ex vicepresidente del que fuera gobierno vasco en el exilio y un hombre nada espa�olista, pero que no transige ante los violentos. Fue una cruda advertencia de que ETA sigue all�. El sentido del voto de los ciudadanos vascos ha causado desconcierto y desaz�n en el resto de Espa�a. Las organizaciones sociales que han plantado cara a los terroristas, como el Foro de Ermua o el movimiento Basta Ya, ahora est�n atemorizadas y dispuestas a marcharse de Euskadi. Un pol�tico ha salido reforzado de las urnas: Juan Jos� Ibarretxe, actual presidente del Gobierno vasco. Despreciado durante meses por los pol�ticos populares y socialistas, muchos se aferran ahora a la esperanza de que este hombre desarrolle una pol�tica conciliadora, alejada de los pactos con el entorno terrorista al que fue conducido por sectores "duros" del PNV encabezados por el ex cura Xavier Arzalluz. La forma en que se conducir� Ibarretxe es un misterio. Por lo pronto, ha prometido que no gobernar� aliado con quienes no rechacen la violencia. El problema es que su afirmaci�n tiene escasa credibilidad, ya que su gobierno anterior se bas� precisamente en una alianza con esos sectores. Hay hoy en el Pa�s Vasco una serie de fen�menos impresentables. Uno es el terrorismo. Y otro la complicidad social de vastos sectores de la poblaci�n con la violencia de ETA y las agresiones que protagonizan los grupos de su entorno. La situaci�n ha llegado a tal extremo que un grupo de desalmados puede dar una paliza a una joven universitaria, tildada de espa�olista o "maketa" (t�rmino usado por los nacionalistas para identificar a quienes no son de raza vasca), a bordo de un autob�s y nadie mueve un dedo para defenderla por temor a que la siguiente paliza se la den a �l. La respuesta de siempre es que se trata de un hecho aislado y que en el Pa�s Vasco es m�s la gente que prefiere tomarse unos "chatos" de vino, que la que opta por andar pateando a los que piensan distinto. Lo que ocurre es que estas acciones de amedrentamiento contra los disidentes, comienzan a sucederse con extremada frecuencia. En los pr�ximos d�as visitar� Osorno uno de los responsables de la Cooperativa Mondrag�n, un vasto conglomerado de cooperativas que constituye el principal n�cleo industrial del Pa�s Vasco. El ejemplo de Mondrag�n es digno de ser estudiado e imitado, pero, incluso, una iniciativa que ha contado con tanto �xito ha tenido que preocuparse del impacto que sobre su imagen empresarial tiene el terrorismo de ETA. Mondrag�n ha luchado intensamente contra una campa�a soterrada que hace algunos a�os intent� boicotear sus actividades, sobre todo las de su l�nea de distribuci�n a trav�s de la cadena de supermercados Eroski, asegurando que las cooperativas pagaban el "impuesto revolucionario" que la banda terrorista cobra a los empresarios vascos. Afortunadamente, consiguieron contrarrestar la situaci�n y Eroski funciona hoy a pleno pulm�n. Sin embargo, el incidente pone de manifiesto lo mal que se llevan los negocios con la inestabilidad pol�tica y el terrorismo. Los empresarios vascos reconocen esto, pero no han sido capaces de presionar para que su gobierno aut�nomo fuera m�s eficiente en la lucha contra los delincuentes, un elemento que, sin duda, ha contribuido a esos elevados niveles de tolerancia social hacia el terrorismo y que se puede resumir en una sola palabra: miedo. |
| Fracaso constitucionalista en Euskadi |