| La misma semana en que el mundo ha rendido homenaje al mayor y m�s talentoso "pelusa" de la historia del f�tbol �Diego Armando Maradona�, unos chicos de Franke se han tenido que presentar en el Juzgado de Polic�a Local de Osorno con sus padres para responder por el "delito" de jugar a la pelota en la calle. Me imagino a sus padres y madres enfadados por tener que romper sus rutinas diarias para acudir al tribunal. Pienso en el indigesto desayuno de cachetes, coscachos y reprimendas que habr�n tenido los ni�os, adem�s de la absurda sensaci�n de presentarse ante una corte a tan temprana edad para responder por una supuesta falta. Y todo porque los mayores siempre pensamos en lo mismo: en que debe haber m�s comercios, m�s industrias, m�s tel�fonos y m�s bancos en la ciudad, m�s autopistas y calles pavimentadas, y nunca nos detenemos a considerar la necesidad de contar con m�s parques, m�s canchas de f�tbol o de tenis. Andaban estos ni�os "peluseando" en la calle con pelotas de f�tbol y tenis cuando el vecino de Franke don Liverpool Villarroel Soto pidi� que se investigara esta situaci�n. No me cabe duda de que con la mejor intenci�n. Y en el juzgado hemos acabado, se�ores. Si existe la Justicia, Us�a Ilustr�sima deber� condenar a la Municipalidad, a la Gobernaci�n, a la Intendencia, a la Digeder (o a quien la sustituya) y a todos los padres y apoderados con derecho a voto por no haber sido capaces de garantizar unas instalaciones deportivas decentes para el esparcimiento de esos ni�os. Hace muchos a�os viv� una situaci�n similar. Cuando la calle Manuel Rodr�guez era un fr�gil esbozo de lo que es ahora, cuando apenas pasaban por all� autos y camiones, nosotros sal�amos a jugar a la pelota a la calle con la pandilla del barrio. En ese Chile triste y permanentemente nublado, la pichanga era una especie de asamblea, de punto de encuentro donde nos repart�amos en equipos ("pido a Barr�a, a Troncoso y a Sabag para mi lado") para establecer rudimentarias formas de cooperaci�n, de solidaridad, de trabajo en equipo y de organizaci�n social. De alguna forma, aprend�amos a aceptarnos y a querernos como vecinos y amigos. Jug�bamos en la vereda de la calle. En Manuel Rodr�guez con Freire para ser m�s precisos, un lugar que hoy, por su densidad de tr�fico, parece una locura. Un d�a pas� un furg�n de Carabineros y se llev� detenida a la pelota. Un bal�n n�mero cinco reglamentario, cosido a mano, al que ya se le ve�a el "blay" anaranjado de tanto patearla. Recuerdo que mi madre, yo y los dem�s jugadores partimos en peregrinaci�n a la comisar�a de la calle Justo Geisse a gestionar su liberaci�n. Finalmente, los carabineros, comprensivos, nos entregaron la dichosa pelota, no sin antes advertirnos de lo peligroso que era jugar en la calle. Lo cierto es que la pelota qued� en libertad aquella vez, pero tuvo que volver a la c�rcel varias veces, porque como se descos�a, a menudo hab�a que llevarla a la Penitenciar�a para que alg�n reo con habilidades manuales la suturara a cambio de una modesta suma de dinero. �Esa pelota estaba condenada a estar entre rejas! Al final acab� atropellada por un cami�n que la dej� tan "ahuevada" que no ten�a arreglo. Como los ni�os son muy influenciables por la televisi�n, si hab�a Mundiales de F�tbol jug�bamos pichangas y si Gildemeister, Fillol o Cornejo jugaban la Copa Davis, practic�bamos tenis o paletas. En este �ltimo caso, nos traslad�bamos a la calle Amthauer a disputar partidos de hasta seis sets en los que participaban "pelusas" que hoy son abogados, economistas o administrativos importantes. Desgraciadamente, nuestra ciudad siempre ha carecido de infraestructuras deportivas abiertas a todo el p�blico. No hablo de recintos para presenciar espect�culos deportivos �que los hay�, sino de lugares para que los no profesionales o los aficionados que no est�n encuadrados en un club y que se juntan simplemente por ser vecinos, practiquen deporte gratuitamente o a cambio de una m�dica suma de dinero. Sobre todo nos faltan instalaciones pr�ximas para disfrutar del deporte durante el largo invierno. Tenemos pocas y el acceso a ellas no es generalizado. No hay piscinas techadas, ni canchas de b�squetbol o beibif�tbol. No las hay en el centro y mucho menos en nuestros populosos barrios como Franke. La ciudad crece de manera imparable y nadie se ocupa de que exista el equipamiento deportivo necesario para satisfacer las m�s m�nimas demandas de la poblaci�n. Al menos, en aquellos tiempos, hab�a suficientes potreros vac�os dentro de la ciudad como para improvisar un campo de f�tbol marcando los arcos con las "chombas" de los jugadores. Se jugaba aunque lloviera, con el riesgo de coger una pulmon�a. Hoy, ni eso, porque a los potreros vac�os se los ha tragado la voracidad inmobiliaria. Todos hemos sido "pelusas" en nuestra ni�ez y hemos so�ado estadios de f�tbol en la puerta de nuestras casas. Es verdad que hoy, el crecimiento de las ciudades no nos permite hacerlo como antes. Pero los ni�os de Franke no son culpables de inventarse una cancha en su barrio. Los culpables somos los que no se la hemos dado en condiciones para que puedan vivir en plenitud su sana alegr�a. |
| Todos fuimos "pelusas" |