Tengo la mejor opini�n personal de nuestro alcalde, Mauricio Saint�Jean. Me parece un hombre cordial, amable, buen conversador y razonable. Por eso tuve que leer y releer varias veces la edici�n de El Diario Austral de Osorno del 8 de junio pasado, donde aparec�an unas declaraciones suyas respondiendo a la petici�n de los empresarios y vecinos de Pilauco de que el municipio sufrague parte de los gastos que supondr� la construcci�n de un "atravieso" que permita conectar la ciudad con ese parque empresarial.

"Que me perdonen los empresarios, pero no veo porqu� el municipio tiene ue ponerse, si esa construcci�n ir� en directo beneficio de ellos", dijo el alcalde. Sus palabras me trajeron algunas reminiscencias de aquel hist�rico "c�manse las vacas" con que algunos quisieron introducir la ley de la selva en Chile.

Primero pens� que se trataba de un error tipogr�fico. Despu�s, de una mala transcripci�n. Al final llegu� a la conclusi�n de que al alcalde los periodistas lo hab�an pillado "atravesado", porque, si no es as�, no me explico una respuesta tan destemplada de una persona como Mauricio Saint�Jean.

No s� si los empresarios lo van a perdonar o no, pero est� claro que en el desaguisado de Pilauco, los vecinos no han salido beneficiados, sino perjudicados. Lo �nico que buscan es que se restituya la situaci�n original que les llev� a instalar sus empresas all�.

Hace m�s de dos meses, reflexion�bamos sobre este mismo tema aqu�. Se ha avanzado bastante en el asunto. De hecho, hoy est� claro que se ha consensuado la soluci�n del "atravieso" (tambi�n conocido como "cambio de sentido") en vez de la ampliaci�n de la calle de servicios.

La soluci�n del "atravieso" tiene una desventaja respecto de la calle de servicios. El cambio de sentido es una obra que debe ejecutarse f�sicamente sobre la v�a concesionada, administrada por un tercero. Es una "mejora" en la propiedad de otro. La calle de servicios, en cambio, no invade ni modifica la autopista, est� al margen de ella. Es p�blica. En el primer caso, el coche que transita siempre paga peaje, en el segundo, no.

Al parecer, los afectados han aceptado la primera opci�n por razones pr�cticas y de negociaci�n con las autoridades. Este planteamiento supone una carga para los empresarios y trabajadores de Pilauco, puesto que ya no tendr�n una v�a gratuita que los una con el resto de la ciudad. Lo l�gico es que el peaje acabe siendo un costo a�adido a los bienes y servicios de estas peque�as y medianas empresas, lo cual mermar� la competitividad de nuestra industria y acabar� siendo malo para la ciudad.

Mi punto de vista es diferente. Esos ciudadanos recibieron garant�as de que se estaban instalando en terrenos pertenecientes al �mbito de desarrollo de la ciudad, contemplados en su plan de urbanismo, y, por lo tanto, deben contar con las mismas garant�as que cualquier otro habitante. De hecho pagan contribuciones al municipio de Osorno y no al de San Pablo, donde parece que muchos creen que est� Pilauco. Son las autoridades las que deb�an haber garantizado que esa parte de Osorno no quedara cercenada del resto de la ciudad. Son ellas las que deb�an haber propuesto una soluci�n que garantizara los derechos de todos �ya sea mediante "atraviesos", calles de servicio o las dos cosas juntas� y, por supuesto, las que deben costear las obras hasta el �ltimo peso.

Ahora, cuando los empresarios ya han aceptado el "atravieso" �que cautela el inter�s p�blico desde un punto de vista pr�ctico, pero no de justicia�, nuestros representantes les piden que paguen el 60% de la obra, porque el Fisco s�lo puede poner el 40%. Alg�n listo ha pensando aqu� que como los que se han movilizado son los empresarios �y estos siempre se suponen poderosos�, puede intentar orde�arlos hasta la �ltima gota, pero ignora que donde hay un empresario hay trabajadores y familias.

Nuevamente, como dec�amos hace unos meses, las autoridades vuelven a tratar a las personas como clientes y no como ciudadanos. El Estado, que derrocha dinero en algunas cosas, no es capaz de asumir su papel de garante de la igualdad de oportunidades, pese a que la misma se ha visto mermada por la inacci�n de sus representantes.

Hace dos meses, el intendente Iv�n Navarro Abarz�a prometi� que har�a una investigaci�n para determinar qu� es lo que se hab�a hecho mal en Pilauco y quienes eran los responsables. Ahora se escuda tras puras buenas palabras y ha dicho a los periodistas de este Diario que sabe d�nde recaen las responsabilidades, pero que prefer�a encontrar soluciones antes que andar culpabilizando a alguien. Para decirlo negro sobre blanco, el intendente est� escamoteando el informe a la opini�n p�blica.

Navarro Abarz�a no debe ignorar que ese informe puede tener importantes repercusiones, porque all� no s�lo deben figurar los responsables del problema de Pilauco, sino que puede inferirse perfectamente qui�nes, c�mo y a cuenta de qui�n debe arreglarse este desaguisado.

Lo que no se puede aceptar es que las autoridades sigan mareando la perdiz eternamente en este asunto. Primero azuzaron a la gente contra Sacyr hasta que se vio que esa empresa s�lo era una concesionaria del Estado. Ahora quieren que el sector privado pague una obra que s�lo debe hacerse por los errores de los representantes del Estado. �Cu�l ser� la pr�xima excusa?



El error del almirante

Se han visto pocos espect�culos de descuido pol�tico como el que hemos presenciado esta semana. No es verdad que la UDI haya cometido sedici�n al tentar al almirante Arancibia, para que se presente al Senado bajo sus banderas. Simplemente, han sido atolondrados. Tampoco comulgo con la gazmo�er�a de quienes dicen que el almirante deliber� pol�ticamente, y que los militares deben ser entes tan abstractos pol�ticamente como el sexo de los �ngeles.

A mi juicio, los militares son simples ciudadanos de uniforme y tienen los mismos derechos y obligaciones que los dem�s.

Lo que me parece condenable es tener que sospechar, con mucho fundamento, que se ha subordinado el desempe�o en la jefatura m�xima de la Armada al puro c�lculo pol�tico�electoral. No s� qu� ventaja le vio el almirante a un puesto en el Senado, frente al hecho de completar su servicio en la Marina.

Lamento que el almirante Arancibia estropeara su brillante hoja de servicios, olvidando una m�xima marinera que se aplica con notable rigor: el capit�n es el �ltimo que abandona el barco. O, lo que es lo mismo, las misiones se cumplen hasta el final y no se abandonan a medias por un esca�o en el Senado, y mucho menos cuando uno ha sido investido con uno de los cargos m�s importantes del pa�s, que goza de inamovilidad y es depositario de la confianza de la Naci�n.
El "atravieso" y los atravesados
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