| Recuerdo como se alimentaba el Sago-buz�n. Era una fila larga de hombres y mujeres del campo refugiados de la lluvia en el hall de la radio Sago en la calle Matta. Recuerdo el olor a humedad de los ponchos calados de agua, a las mujeres cargadas con aquellas mallas pl�sticas de donde se sal�an las cosas que hab�an comprado en el mercado �aqu� la harina tostada, all� el az�car, por ac� el infaltable t�-, los zapatos y las botas embarrados y cuarteados, los sombreros destrozados por el agua y el sudor. Era la misma fila que durante a�os hab�a hecho el pueblo en las escaleras que llevaban a los altos del Teatro Osorno donde funcionaba la radio. Y antes la hicieron en otra parte que ya no me acuerdo. En lo alto de esa escalera, un escriba, un secretario, un dependiente de la radio, que se sentaba frente a una m�quina de escribir, llenaba sus jornadas transcribiendo los mensajes de esas personas que necesitaban comunicarse con alguien que estaba mucho m�s all� del alcance de los tel�fonos y de los caminos. �Aviso a Hueyusca: llegamos ma�ana, esperar en el cruce con carreta�. Por las manos del escriba de la radio pasaba la vida de decenas, hasta centenas, de osorninos al d�a. El sab�a cuando hab�a un cumplea�os, un bautizo, conoc�a la hora y el lugar. Sab�a cuando hab�a que llevar carreta para cargar los sacos de harina, y tambi�n sab�a cuando hab�a una familia acongojada porque hab�a un velatorio o un entierro. Los escribas tambi�n ten�an que resolver problemas contingentes: ayudar a alguien que no sab�a expresarse con claridad, invertir algunos minutos en intentar comprender alg�n mensaje con caracter�sticas ins�litas, en fin, la vida misma. Al final, cuando se acercaba el momento de la emisi�n del Sago-buz�n, el escriba cog�a sus hojas de papel roneo, sus dos hojas de calco (que llevaban dibujadas una secretaria), y part�a al estudio para darle una copia al locutor, otra al t�cnico de control y otra para �l. Y en el hall, una nueva fila de gente de nuestro pueblo comenzaba a formarse pacientemente con la �nica intenci�n de comunicar algo. Recuerdo a Jaime Jerez, a Washington Mu�oz o a Lotty Wach desgranando los mensajes del Sago-buz�n con rapidez y precisi�n. Ellos sab�an perfectamente que ese espacio era de m�xima audiencia, que en miles de campos perdidos de la geograf�a osornina -entre los bosques de la cordillera, en las caletas aisladas, en las tierras sin caminos- cientos, quiz�s miles de personas dejaban sus arados y sus gualatos, y part�an a encender sus receptores a pilas. Y las mujeres cog�an sus trapos de cocina o sus delantales para secarse las manos y prestar atenci�n a lo que dec�a la radio. A ver si ca�a algo. �Atenci�n Bah�a Mansa: el club deportivo cita a sus jugadores para el entrenamiento en el lugar habitual�. En el Sago-buz�n se expon�a y se expone la vida real de nuestra comunidad. Sab�amos si alguien compraba o vend�a, si iba o ven�a, si estaba sano o enfermo, vivo o muerto, si sus familiares lo quer�an o lo enterraban sin pena ni gloria, si el velatorio hab�a durado tres o cuatro d�as, si la fiesta hab�a sido buena, si hab�a nacido la guagua, si los del club de pesca y caza se reun�an o no, si hab�a que llevar alguna m�quina de enfardar a tal parte, si la madrina se hab�a perdido y el bautizo no empezaba. Pese a que nunca me mandaron ning�n mensaje, sol�a oir los sagobuzones. Siempre me llamaron la atenci�n los atascos de carretas con bueyes que se deben haber producido en Crucero o en Hueyusca. O la cantidad de sacos de harina que part�an de Osorno hacia los cuatro puntos cardinales. Y cuando uno se iba a la playa, a Pucatrihue o a Maicolpu�, era esencial oir la radio porque hab�a pocos tel�fonos. Nunca me mandaron un sagobuz�n, pero es cierto que s� me escribieron uno que nunca se emiti�. Fue una maldad de David �Chino� Mu�oz que ahora es periodista de este diario y hace 20 a�os estaba en la radio Sago, leyendo el Sago-buz�n y colaborando con los informativos que dirig�a el maestro Tito Geisser. Yo hac�a pr�cticas de verano y una tarde David con cara de urgencia me dijo que hab�a un microb�s lleno de pasajeros medio colgando del Puente Rahue. �No me lo pod�a creer! Una tragedia as� en nuestro pueblo tan apacible. Agarr� la grabadora y part� al puente donde, obviamente, no pasaba nada. Recorr� el lugar para confirmar que las barandillas estaban en su sitio y que la micro no se hab�a ca�do. (Por cierto, el r�o estaba tan seco y sucio que si alguien se hubiera ca�do hubiera muerto de hepatitis antes que por el golpe). Cuando volv� a la radio sin noticia, sin micro y sin nada en mi mesa hab�a un servicio extra del Sago-buz�n: �Se busca periodista chamb�n, viste bluyines y poler�n de la Universidad Cat�lica. La �ltima vez que se le vio fue cerca del puente Rahue�. Un poco m�s all� estaban el �Chino� Mu�oz, Juan Lara y Tito Geisser muri�ndose de risa y esa fue la an�cdota de aquel verano donde pagu� mi noviciado. Todav�a guardo por ah� la copia del Sago-buz�n que demuestra que David es un pillo, en el mejor sentido de la palabra. �Aviso para Cocham�-R�o Puelo: Ma�ana empiezan las clases. Vengan con bote�. Es cierto que otras emisoras �La Voz de la Costa muy principalmente- han prestado un servicio similar, pero ninguno ha alcanzado la popularidad del Sago-buz�n. Y se trata de un servicio excepcional, un fen�meno de la comunicaci�n que resulta extra�o hoy cuando la mayor�a de las radios del mundo se dedican mucho al entretenimiento y poco al servicio p�blico. Es tan extra�o encontrar cosas as� que un periodista espa�ol me pregunt� una vez qu� era eso del �saco de buz�n� que exist�a en Osorno por donde �l hab�a pasado. Le expliqu� que se trata de un espacio incomprensible para los que piensan que la globalizaci�n es total y que los tel�fonos, fijos o m�viles, llegan a todas partes. Le dije que era el compendio de los usos y costumbres de nuestro pueblo que suele habitar en zonas inaccesibles que en Chile a�n son muchas. Hace poco la periodista Constanza V�squez me escrib�a para se�alarme que pretende desarrollar un estudio sobre el Sago-buz�n con fines acad�micos. Constanza ha tenido la sensibilidad y el buen olfato de estudiar un fen�meno �nico y su trabajo ser� un merecido homenaje para un espacio que al resto de los chilenos les debe sonar a cosas de huasos. Porque al Sago-buz�n nunca le han dado un premio, ni una Gaviota de Plata, pero la vida de nuestra comunidad ha quedado reflejada en sus mensajes. |
| El Sago-buz�n: cosas de huasos |