El hero�smo no sobra, pero anda por all� dando vueltas. El martes pasado, cuando cientos de miles de madrile�os se dirig�an a sus trabajos, un coche bomba de la banda terrorista ETA estall� al paso del veh�culo de un alto funcionario del Estado y a pocos metros de un colegio y una guarder�a infantil. El azar, una frenada imprevista, hizo que el alto cargo saliera ileso. Nadie muri�, pero hubo 99 personas heridas, cuatro de ellas muy graves.

Pero esta vez las cosas fueron diferentes gracias a que un ciudadano, que estaba tan conmocionado como los dem�s y s�lo pensaba en auxiliar a las v�ctimas, se percat� de que dos personas abandonaban el lugar con una gran sangre fr�a. Sin pens�rselo dos veces, el hombre volvi� a subir a su Land Rover y se lanz� detr�s de ellos.

Durante quince minutos los sigui� por las calles de Madrid mientras por su tel�fono m�vil alertaba a la polic�a. Se qued� sin bater�a en el preciso momento en que las fuerzas de seguridad cercaban la zona. Los terroristas fueron detenidos sin que opusieran resistencia. En su poder hab�a armas y explosivos, y el mando a distancia que hab�an usado para hacer estallar el coche bomba minutos antes. El sangriento "comando Madrid" de ETA fue desarticulado gracias al valor y la perspicacia de un ciudadano. Fue un gran consuelo en medio de la tr�gica ma�ana.

Pero como nada de esto hab�a sucedido antes, la aparici�n del h�roe urbano provoc� un debate in�dito. De manera natural, las autoridades, los ciudadanos y la prensa se interesaron por �l para expresarle su agradecimiento. Pero el ciudadano an�nimo desapareci�. Hubo rumores en los medios de que se trataba de un polic�a o militar jubilado y miles de especulaciones m�s que se ve�an potenciadas por el hecho de que el Gobierno lleva bastante tiempo intentando aumentar la colaboraci�n ciudadana en la lucha antiterrorista y el incidente no le pod�a ser m�s favorable. Al final, al d�a siguiente, se disiparon las dudas. Efectivamente era un ciudadano com�n y corriente que hab�a vuelto a su trabajo como si no hubiera pasado nada y que no deseaba que se conociera su identidad para evitar ser objeto de la venganza de los terroristas.

Se plante� entonces el riesgo que entra�aba para el h�roe el tener que comparecer ante el tribunal para prestar declaraci�n delante de los terroristas. Las autoridades dijeron que la condici�n de testigo protegido permitir�a garantizar su seguridad. Pero el problema es que los programas de protecci�n de testigos obligan a cambiar de identidad y de forma de vida, cosa que puede ser asumible por un delincuente arrepentido, pero no por un ciudadano que tiene hogar, familia y relaciones laborales y sociales normales.

Afortunadamente, algunas voces razonables han manifestado que dado que a los terroristas se les encontr� el mando con el que detonaron la bomba, quiz�s la declaraci�n del ciudadano ejemplar no sea necesaria.

A esas alturas, entre las personas ya exist�a un clamor hacia los medios de comunicaci�n para que dejaran de indagar y entregar antecedentes sobre la personalidad del h�roe urbano. Algunos acataron el consenso popular, pero otros no pudieron evitar hacer el rid�culo diciendo infantilmente que conoc�an su identidad, pero que se compromet�an a no revelarla nunca.

Consciente del enorme inter�s que hab�a despertado, el ciudadano an�nimo hizo llegar una carta abierta a trav�s del alcalde de Madrid que se titula "Por qu� lo hice". El documento es excepcional y confirma las cualidades superiores de este hombre. Transcribo algunos p�rrafos:

"No soy ni polic�a jubilado ni ex miembro del Cesid (servicio de inteligencia)... soy un civil, lo he sido siempre �salvo en mi etapa de milicia universitaria�, tengo esposa e hijos y gracias a Dios, llevo una vida y un trabajo normal; todo ello vale lo suficiente como para darme cuenta de lo mucho que hubiera podido perder, pero ahora soy consciente de que vali� la pena mi esfuerzo..."

"No imaginaba el alcance que iba a tener aquella decisi�n y no es momento de vanagloriarse; no soy ning�n h�roe; h�roes son los apenas chavales, miembros de nuestra Polic�a, que delante m�o y sin vacilar se lanzaron a una peligrosa captura y a un riesgo cierto... Quiero agradecer, sin embargo, a todos aquellos que en los diversos medios me han dedicado su homenaje, homenaje que no me corresponde, y que desde estas l�neas quiero trasladar al recuerdo de tantas y tantas v�ctimas, con la esperanza de que pueda dar siquiera alg�n consuelo a sus familiares".

"Mi nombre es el de cualquiera de vosotros que lea estas l�neas y comprenda que el fin del terrorismo empieza en cada uno de nosotros, actuando sin miedo y permaneciendo alerta para la defensa de nuestro Estado de Derecho". Firma: Un espa�ol m�s.

El alcalde de Madrid ha dicho que no se puede condecorar al h�roe porque las medallas deben atribuirse a una persona con nombre y apellidos. Tampoco se le puede dar una recompensa. Quiz�s se haga una estatua al ciudadano desconocido. Los periodistas y la poblaci�n en general quieren respetar su derecho a que siga teniendo una vida normal despu�s del impagable servicio que ha prestado a la comunidad. El h�roe, adem�s de valiente y perspicaz, es generoso y con su decisi�n ha convertido en h�roes a todos los madrile�os.
El h�roe an�nimo
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