Dec�a Lincoln que "se puede enga�ar a mucha gente, poco tiempo; se puede enga�ar a poca gente, todo el tiempo; pero no se puede enga�ar a toda la gente todo el tiempo". Y parece que los hechos van d�ndole la raz�n.

La historia es simple y escandalosa. Chile decidi� gastar unos 366 millones de d�lares en comprar dos nuevos submarinos. Varios pa�ses hicieron ofertas. La Armada de Chile concluy� su evaluaci�n en diciembre de 1996 y preseleccion� el submarino Scorpene, fabricado por un consorcio hispano�franc�s. En segundo lugar qued� la oferta alemana como alternativa. Seg�n una versi�n de la Armada, todo el a�o 1997 se destin� a las �ltimas evaluaciones y a la redacci�n del contrato de compra. El 12 de diciembre de 1997 se anuncia la firma del contrato con el consorcio formado por la Empresa Nacional Baz�n de Espa�a (hoy Izar Construcciones Navales) y la Direcci�n de Construcciones Navales (DCN) de Francia.

En mayo de 1998, una compa��a llamada Seapoint Enterprises, cuyos propietarios se esconden en el secreto y la opacidad que ofrece el para�so fiscal de la isla de Jersey, firmaron un contrato con Baz�n por el cual recibieron casi 3 millones de d�lares por una actividad no especificada relacionada con la venta de los submarinos.

Un portavoz de Baz�n intent� justificar el pago el lunes pasado y entr� en contradicciones. Primero dijo que se contrat� a Seapoint para "sondear la voluntad real" de los chilenos de comprar los submarinos. Cuando se le hizo ver que los pagos se realizaron cinco meses despu�s de que los submarinos ya fueran adjudicados por el Gobierno chileno, el portavoz cambi� su argumento y dijo que "se les contrat� despu�s de haber ganado el concurso para contrarrestar una feroz campa�a de prensa en Chile contra nuestros submarinos auspiciada por los competidores alemanes derrotados".

Lo que est� claro es que Baz�n consideraba que sin la participaci�n de Seapoint Enterprises no le hubiera sido posible quedarse con el contrato de los submarinos chilenos. Por eso los contrat� y les pag�. Es razonable pensar que, por tratarse de un consorcio a partes iguales, la DCN francesa tambi�n haya realizado un contrato similar con Seapoint. Hablamos entonces de casi seis millones de d�lares.

�Y qui�nes se esconden detr�s de Seapoint Enterprises? De momento no se sabe. Y esto es frustrante, porque no hay que ser ning�n genio para darse cuenta de que, dado el monto de lo que cobr�, sus servicios deben haber sido fundamentales para que Chile le adjudicara los submarinos a Baz�n y DCN. Podemos deducir que la gente que est� detr�s de Seapoint tienen la capacidad de garantizar y hacer cosas que, en principio, uno pensaba que s�lo pod�an hacer la Armada y el Gobierno de Chile, o sea, los compradores.

Desgraciadamente, Seapoint, radicada en la isla de Jersey, es inescrutable. La direcci�n a la que remite Baz�n corresponde en realidad a una compa��a llamada Mourant & Co, uno de los tantos bufetes que ofrecen consultor�a financiera y legal para operar en para�sos fiscales. Sus portavoces se escudan en la confidencialidad y el secreto para no dar ning�n detalle sobre la compa��a.

Pero no tardaremos mucho en saberlo, porque las democracias, afortunadamente, tienen mecanismos para desenmascarar a los inescrupulosos que se van enriqueciendo con dinero p�blico.

La punta de este iceberg ha surgido gracias a la eficacia del Tribunal de Cuentas espa�ol, el equivalente a nuestra Contralor�a General de la Rep�blica. El Tribunal tiene la obligaci�n de fiscalizar todas las cuentas de las empresas p�blicas. Cuando los inspectores revisaron la contabilidad de Baz�n de 1998, encontraron el pago de 546 millones de pesetas (3 millones de d�lares de la �poca) a Seapoint. Fue tal la sorpresa sobre la elevada cantidad gastada en un contrato sin m�s detalles que as� lo reflejaron en su informe: "Servicios exteriores por 546 millones de pesetas de cuyo contenido se deduce que es de intermediaci�n mercantil. S�lo contiene el contrato suscrito entre las partes y los justificantes de pago, sin que la sociedad haya aportado ninguna otra informaci�n que permita analizar debidamente el expediente".

La oposici�n socialista espa�ola cogi� al vuelo el tema y se apunt� un primer tanto: el ministro de Asuntos Exteriores, Josep Piqu� dijo que "estamos hablando de un contrato de tremenda importancia, de una magnitud muy considerable y, por lo tanto, creo que a nadie puede extra�arle que pueda haber alg�n tipo de comisi�n por determinadas operaciones".

Piqu� habl� de "comisiones" sobre un contrato de 60.000 millones de pesetas (unos 330 millones de d�lares al cambio de hoy), pero el portavoz de Baz�n aclar� expresamente que no se trataba de comisiones, sino de una prestaci�n de servicios. Al margen de la contradicci�n, el ministro espa�ol de Exteriores, con la temeridad que le caracteriza, dio carta de naturaleza a una actividad �ticamente reprochable en el comercio mundial que es el cobro de comisiones por tr�fico de influencias que despu�s se enmascaran como servicios de intermediaci�n. Precisamente el defensor de las comisiones ten�a que ser Josep Piqu�, quien enfrenta un proceso judicial en Espa�a por supuestas irregularidades que implican cr�ditos del Estado a una empresa privada y que ha mostrado una moralidad bastante relajada, sobre todo a la hora de pagar impuestos.

El pago de comisiones para conseguir adjudicaciones ha llegado a ser tan elevado en la Uni�n Europea, EEUU y Jap�n que en los pa�ses europeos ha ido surgiendo una movimiento en favor de establecer unas m�nimas normas �ticas en el comercio mundial. Sobre todo cuando uno de los clientes es un gobierno que debe velar por la correcta utilizaci�n de los fondos p�blicos.

Porque al final, esos 3 millones de d�lares (o 6 millones si DCN tambi�n pag�) los tuvieron que pagar todos los chilenos a trav�s de sus impuestos en vez de haber servido para reducir la factura de los dos submarinos.

Pero hay personas como Piqu� que piensan que es de ingenuos participar limpiamente en una adjudicaci�n y que es necesario pagar comisiones a quien sea necesario para asegurarse un contrato.

Sea como sea, alguien ha actuado mal en esta operaci�n de los submarinos. Si, como dijo el portavoz de Baz�n, Seapoint se encarg� de contrarrestar una campa�a de prensa adversa a sus intereses, habr� que ver cu�les medios de comunicaci�n o l�deres de opini�n chilenos fueron neutralizados y de qu� manera. Si lo que se hizo fue sondear la voluntad de los chilenos para comprar los submarinos, deber� se�alarse c�mo lo hizo y que voluntades puls�. Por �ltimo, si lo que hizo fue utilizar a Seapoint como intermediador, deber� estudiarse si pag� en exceso o se atuvo a la ley de la oferta y la demanda.

Para todo ello es preciso conocer la identidad de los responsables de Seapoint y sus fundadores. Yo tengo mis candidatos, y tengo la intuici�n de que todos los caminos de Seapoint conducen a las costas chilenas. Y si no, ya lo veremos, porque en las pr�ximas semanas, Baz�n deber� entregar a la oposici�n espa�ola, toda la documentaci�n que se le ha reclamado.
Piratas en los submarinos chilenos
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