| A la mayor�a de las mujeres el D�a de la Mujer Trabajadora les puede parecer una tomadura de pelo. Primero, porque mujer y trabajadora son pr�cticamente sin�nimos. Es com�n que alguien diga que se va a su casa a descansar, pero esta frase nunca ha tenido mucho sentido para las mujeres, que se ven obligadas a asumir tareas que sus padres, compa�eros o hijos no realizan. Y en segundo lugar, todo el mundo sabe que los "D�as de..." se han creado para que tomemos consciencia por un d�a de aquello de lo que nos olvidamos todo el a�o. Antes de que los genios publicitarios de Madison Avenue se inventaran la retah�la de "D�as de..." que celebramos ahora para potenciar el comercio y el consumo, exist�an muy pocas conmemoraciones de car�cter social. Estaba el D�a del Trabajo, el de los Difuntos y muy poco m�s. Despu�s vino el D�a de la Madre, el del Padre, el de la Mujer, el del Maestro y as� hasta la tercera generaci�n en orden ascendente y descendente. No contentos con eso, en los a�os 80 se introdujeron todo tipo de d�as ceremoniales: el de los enamorados, el del libro, etc. Pero volvamos al D�a de la Mujer Trabajadora, que tiene sus ra�ces en la lucha de las trabajadoras textiles de EE.UU. La conmemoraci�n m�s significativa, este a�o, ha sido la que se celebr� en Kabul, la capital de Afganist�n, donde hasta hace muy poco las mujeres han tenido que ir cubiertas con la ignominiosa "burka", ese traje que las cubre completamente como si fueran seres sacados de la Guerra de las Galaxias. La situaci�n de la mujer en el mundo es dispar. Hay muchos pa�ses donde se han registrado importantes avances en el terreno de un trato igualitario, pero en otros las cosas se han estancado o han retrocedido. En Chile, el informe de la ONU asegura que la participaci�n de las mujeres chilenas en la vida p�blica y laboral aument� significativamente en los �ltimos a�os, pero persiste la desigualdad de salarios entre hombre y mujeres que realizan las mismas funciones. Dos mujeres son ministras y el 31% de las intendencias est�n en manos de ellas. En la c�mara de Diputados, un 12,5% de los representantes son mujeres, pero en el Senado, apenas hay dos entre los 49 senadores. Comparado con Espa�a, estas cifras, exceptuando las intendencias, son muy bajas. Los principales partidos pol�ticos han reservado una cuota del 40% de sus cargos para que sean ocupados por mujeres. Las regiones, donde la situaci�n es peor, como en Andaluc�a, han establecido cuotas de hasta el 50%, o sea la paridad absoluta. Pese a esta declaraci�n de principios, la realidad espa�ola dista de acercarse a lo establecido, ya que poco m�s del 30% de los cargos p�blicos son ocupados por mujeres. Un estudio reciente comprob�, por ejemplo, que s�lo el 22% de los cargos directivos de la banca privada espa�ola estaba ocupado por mujeres. Nunca he sido partidario del establecimiento de cuotas, pero he de reconocer que la existencia de �stas (que se autoimpusieron los partidos pol�ticos) es lo que ha hecho que en los �ltimos 12 a�os el panorama de la pol�tica cambiara radicalmente. Cuento entre mis buenas amigas a Esperanza Aguirre, una de las m�s cualificadas personalidades pol�ticas espa�olas. Esperanza es una especie de "superwoman", casada con un se�or de la nobleza y madre de varios hijos que se ha encargado de criarlos, de tener su casa siempre en marcha y de ir vestida de punta en blanco todos los d�as. Adem�s, ha conseguido desarrollar su vocaci�n por la pol�tica. He seguido su carrera desde 1993, cuando era concejal del Ayuntamiento de Madrid. Despu�s fue teniente de alcalde, alcalde interina, ministra de Educaci�n y Cultura en 1996 y, actualmente, es la presidente del Senado espa�ol. Nadie, sin duda, reconocer� nunca que para llegar ah� ha tenido que sortear el doble de dificultades que las que se le habr�an planteado a un hombre. En Chile queda mucho camino por recorrer al respecto. Por lo pronto, hay una dimensi�n del ser nacional �que es la man�a de elegir reinas de belleza y misses� que me parece irrecuperable y que, adem�s, compartimos con todos los pa�ses de nuestro entorno. La bober�a medi�tica que los rodea y la exaltaci�n de la mujer como objeto y propiedad consiguen desquiciar estos concursos que est�n muy bien para las fiestas de las escuelas y liceos, pero no para convertirlos en una instituci�n nacional. Son conocidas las historias de algunas misses dotadas de gran talento que han tenido que batallar incansablemente para que alguien descubriera que detr�s de un magn�fico cuerpo exist�an otras cualidades. Pero si el problema fuera s�lo ese, todav�a podr�amos ser optimistas y arrinconar las dificultades de las mujeres en el cap�tulo del mundo del espect�culo. Pero la verdad es que las mujeres cobran menos por los mismos trabajos y siguen teniendo, de facto, vetado el acceso a algunos grupos profesionales. En Chile, el salario medio femenino es apenas un 68,2% del ingreso medio masculino. Por lo dem�s, existen campos como la salud o la igualdad de derechos, donde pese a que se han realizado algunas reformas legislativas, las mujeres siguen sin ser respetadas plenamente. Un mundo s�rdido y oculto, por ejemplo, es el de la violencia intrafamiliar, la f�sica y la sicol�gica, hip�critamente consentida por la sociedad con el viejo refr�n de que "en todas partes cuecen habas". La �nica forma de medir cu�nto avanza nuestra sociedad en la igualdad de trato, sin discriminaci�n del g�nero sexual, es tener siempre presente que �sta s�lo ser� una realidad cuando la m�s tonta de las mujeres pueda cobrar lo mismo y alcanzar los mismos altos cargos que alcanza el m�s tonto de los hombres. Calculen ustedes. |
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