| Leo sobre el reconocimiento que le ha brindado el C�rculo de Braunau a Germ�n Hoffmann por sus trabajos de investigaci�n sobre la colonizaci�n alemana en el sur de Chile. El Diario Austral lo reconoce, adem�s, como uno de los m�s firmes continuadores de los trabajos de Emilio Held Winkler, sin cuya clarividente obra no habr�a quedado ni rastro de los datos esenciales de la inmigraci�n. Hace ya a�os visit� a Emilio Held en la finca donde viv�a con la intenci�n de hacerme con sus libros que conservo con especial cuidado. All� lo encontr� en un sal�n muy amplio, rodeado de documentos, apuntes y mapas. Held hab�a desarrollado una tarea de investigaci�n en parroquias, escuelas y cementerios recogiendo abundantes datos. Yo necesitaba esos documentos para completar una investigaci�n propia que pensaba realizar en Europa Central para localizar los pueblos de mis antepasados. La obra de Held me fue de gran ayuda y me parece tit�nica, pero ech� de menos un relato m�s comprensivo de las circunstancias pol�ticas, sociales y econ�micas de la inmigraci�n. Era necesario poner rostro a los nombres que �l hab�a reunido con precisi�n de entom�logo. En el fondo yo deseaba que todos esos datos recopilados cient�ficamente por Held me hablaran de sus historias, sus dificultades, sus sue�os y sus ilusiones. Muchas de estas historias particulares eran conocidas por Emilio Held, pero �l se empe�aba en expresarse en sus libros de manera positivista, sin caer en la novela, en el reportaje o en el texto hist�rico, mucho m�s subjetivos. Nos leg� as� una monta�a de datos fundamentales, ampliamente aceptados, que no son v�ctima de pol�micas ni discusiones. Y nos dej� de regalo la posibilidad de ir elaborando, con el s�lido cimiento de su base cient�fica, esa obra m�s comprensiva. La historia, en definitiva, es una piedra que se pulimenta lentamente entre varias generaciones. Pienso que Germ�n Hoffmann va en esa l�nea de trabajo y me congratulo doblemente por la distinci�n que se le ha concedido: en primer lugar porque son escasos los gestos de reconocimiento a los historiadores y genealogistas de nuestra zona y, en segundo, porque Hoffmann es mi paisano, sus antepasados vienen de la misma comarca que los m�os. Sin embargo, la historia de la inmigraci�n alemana en el sur de Chile no est� fijada y menos popularizada. Baste como ejemplo que, hablando hace unos d�as con un amigo osornino, �ste cay� en un error muy com�n: confundir el origen de nuestra Nueva Braunau con la Braunau�am�Inn, el famoso y estigmatizado pueblito austriaco fronterizo con Alemania donde naci� Adolfo Hitler. Esta confusi�n, que a veces es deliberada para enriquecer alguna an�cdota sobre la implantaci�n nazi en nuestra regi�n, se arrastra de los tiempos en que Hitler se convirti� en un personaje famoso. Los porfiados hechos, sin embargo, la niegan. En 1990 fui v�ctima del anecdotario popular y llegu� a Braunau�am�Inn buscando las ra�ces de mis parientes Hitschfel. En pocos segundos, el p�rroco de la localidad me aclar� que deb�a ir a m�s de 300 kil�metros al este de all�, a otra Braunau, �sta sobre el r�o Oder. Esa otra Braunau, que ahora se conoce como Broumov, sali� de los confines del imperio austroh�ngaro despu�s de la I Guerra Mundial y qued� en la parte de Bohemia que dio origen a la que hoy es la Rep�blica Checa. Forma parte de los Sudetes y su triste historia de odios �tnicos alentados por el fanatismo nazi por un lado y por la dictadura sovi�tica es bien conocida. Hasta hoy es un punto de fricci�n en el coraz�n de Europa, ya que algunas organizaciones afiliadas a las asociaciones de alemanes que fueron expulsados de los Sudetes por los ej�rcitos sovi�ticos no dudan en recurrir al chantaje y a la violencia sobre simples ciudadanos checos para reclamar la devoluci�n de unos bienes que se perdieron en un cataclismo de la Historia. Hace 11 a�os, el aspecto de Braunau�am�Oder (Broumov) parec�a fijado en el tiempo debido a 50 a�os de r�gimen comunista que conclu�an en ese momento. La zona es un complejo de peque�os pueblitos (Barzdorf, Weckersdorf, etc.) de no m�s de una calle de largo, dispersos en un radio de 25 � 30 kil�metros en torno a Braunau, que es el centro administrativo y de negocio. En la plaza hay una columna erigida en memoria de la �ltima epidemia de peste negra que asol� la zona en 1838. La comarca se halla en un punto estrat�gico, ya que hacia el noreste de esa cornisa de la rep�blica checa se abre la regi�n de Silesia (ahora en Polonia), rica por sus yacimientos carbon�feros. Cuando la Primavera de Praga de Alexander Dubcek fue aplastada en 1968, Braunau fue uno de los primeros pueblos checos que recibi� la visita de los tanques del Pacto de Varsovia. En concreto, una divisi�n polaca entr� al pa�s por esa regi�n. Fue otra acci�n armada, cien a�os antes, la que muy posiblemente empuj� a nuestros antepasados a emigrar a Am�rica. En 1866, Bismarck lanz� por esta zona a los ej�rcitos de Prusia con la intenci�n de dirimir con el Imperio Austro�H�ngaro si la unidad alemana se realizar�a en torno a Berl�n o Viena. Los prusianos entraron y tomaron Braunau en pocos d�as. Se llevaron los caballos, las vacas y vaciaron los graneros. El ej�rcito prusiano era tan numeroso que arras� con la regi�n. La batalla decisiva se libr� a unos 80 kil�metros de Braunau, en K�niggratz (hoy Hr�dec Kralov�) y los prusianos vencieron. Aquella batalla, tambi�n conocida como Sadowa, fue extremadamente sangrienta y destruy� al ej�rcito austroh�ngaro. Viena tuvo que capitular. La retirada prusiana de vuelta a sus territorios fue lenta. Los ej�rcitos en campa�a son como una plaga de langostas y van robando todo lo que encuentran a su paso. Braunau qued� destrozada tras la guerra. Se perdieron cosechas fundamentales y muchos trabajadores perecieron o quedaron mutilados. Muy posiblemente, nuestros tatarabuelos se vieron implicados en esa guerra en el bando de los perdedores. En 1870, la econom�a local no se hab�a recuperado. El heredero del imperio austroh�ngaro, el pr�ncipe Friedrich, pas� por el pueblo y dej� un donativo econ�mico para construir un orfanato y ayudar a los habitantes. Esa visita da una idea de la miseria que se apoder� de la regi�n. Entre 1871 y 1874, cada a�o se fueron de la comarca unas 300 personas. Todos partieron a Am�rica. Fue esa guerra fratricida entre prusianos y austriacos la que provey� de gente a la inmigraci�n alemana tard�a, la que coloniz� el lago Llanquihue, tan diferente de la de Valdivia, y que dio origen a Nueva Braunau. Mientras los que llegaron a Valdivia eran liberales, muchos de ellos profesionales o intelectuales, que hu�an desmotivados por el fracaso de la revoluci�n de 1848 (la llamada "primavera de los pueblos"), los segundos eran cat�licos, monta�eses, fundamentalmente artesanos, que hu�an de la miseria de una guerra perdida. Toda esta historia, que es tan nuestra como la que se ha construido posteriormente en la Regi�n de Los Lagos, est� recogida en un gigantesco tabl�n de madera escrito en alem�n g�tico que se halla en uno de los laterales de la iglesia de madera que se yergue en el cementerio de Braunau�Broumov. En el se recoge la historia medieval de Braunau y, especialmente, las del siglo XIX. Se destacan en �l las migraciones que enviaron a sus paisanos a Am�rica. Cuando yo lo encontr� estaba muy deteriorado porque se hallaba a la intemperie. Era dif�cil leerlo. Pero con un buen trabajo de restauraci�n seguro que ser�a una pieza digna de un museo. En 1993, en una segunda visita a Braunau, comprob� que el tabl�n exist�a y segu�a en su lugar. Despu�s de esa visita, habl� con varios empresarios descendientes de aquellos colonos para darles la idea de que financiaran la realizaci�n de una r�plica de ese tabl�n con la historia de Braunau que podr�a permanecer en nuestra Nueva Braunau. Ser�a un hermoso signo de hermanamiento. No s� si alguien se molest� por materializar la idea. Si no se ha hecho, quiz�s sea tiempo de acabar esas gestiones y hacer justicia a una historia que tambi�n es nuestra Historia. Premio a Santib��ez.- El resultado de aquella investigaci�n en Braunau�am�Oder se convirti� en un art�culo que public� el diario La Naci�n en 1990 bajo el t�tulo "Retorno a Braunau". Aquella pieza hoy se puede leer en los archivos de ese diario o en la p�gina web www.cartademadrid.com. Dirig�a La Naci�n, entonces, mi profesor y amigo Abraham Santib��ez Mart�nez. El viernes recib� la grata noticia de que Santib��ez ha obtenido el premio de Periodismo Embotelladora Andina�Coca Cola 2001. Vaya desde aqu� mi enhorabuena al profesor, al colega y al amigo. Es un m�s que justo reconocimiento a su trayectoria como profesional y como formador de generaciones de periodistas. |
| El tabl�n de Braunau |