| El comandante del regimiento �Coraceros� ha informado que este a�o el contingente de conscriptos se ha completado totalmente con voluntarios, sin necesidad de incorporar a filas a nadie de manera obligatoria. Esa parece haber sido la t�nica general en las unidades militares del pa�s. Esta situaci�n contrasta profundamente con la que se vive en Espa�a, donde ya no existe el servicio militar obligatorio y las Fuerzas Armadas han iniciado un plan de profesionalizaci�n total. El problema es que no hay espa�oles que deseen servir en el Ej�rcito ni siquiera a cambio de un salario y el ministro espa�ol de Defensa, Federico Trillo, tuvo que plantear hace un par de semanas que dada �la escasa vocaci�n militar que muestran los espa�oles� ser� necesario integrar en las Fuerzas Armadas a inmigrantes, preferiblemente aquellos que procedan de pa�ses latinoamericanos. Nos puede resultar chocante ver a un batall�n de ecuatorianos o salvadore�os en el Ej�rcito espa�ol, pero resulta perfectamente coherente con el cambio de doctrina que Espa�a adopt� pasando del ej�rcito de conscripci�n al profesional. Hasta hace unos a�os, el Ej�rcito espa�ol respond�a al concepto de �pueblo en armas� implantado por la Revoluci�n Francesa y que es el mismo que sigue Chile. Se trata de una visi�n que vincula estrechamente la soberan�a popular con la defensa: el ciudadano tiene la obligaci�n de servir en la defensa nacional coincidiendo con la asunci�n de sus derechos como ciudadano. Mientras existi�, el servicio militar espa�ol fue una cosa seria. Toda la poblaci�n masculina pasaba, sin excepci�n, por los cuarteles. No se escapaba nadie, a diferencia de lo que ocurre habitualmente en Chile donde las Fuerzas Armadas no tienen capacidad para admitir a todo el contingente o son v�ctimas de los subterfugios que buscan quienes desean librarse del servicio. Posteriormente, el Gobierno espa�ol acept� la objeci�n de conciencia de aquellos que sinti�ndose pacifistas prefer�an realizar una prestaci�n social sustitutoria en lugar de cargar armas. Pronto se vio que en muchos casos la prestaci�n social sustitutoria no era m�s que una excusa para eludir la obligaci�n de servir al Estado. Finalmente, el Gobierno de derecha de Jos� Mar�a Aznar ha puesto fin al servicio militar y a la prestaci�n social, y ha profesionalizado las Fuerzas Armadas. El ej�rcito profesional es heredero directo de los ej�rcitos de mercenarios que existieron mayoritariamente desde la �poca feudal hasta bien entrado el siglo XIX. El ej�rcito brit�nico, por ejemplo, siempre ha sido profesional y en sus filas sirven soldados de diversas nacionalidades. Los derechos del ciudadano en Gran Breta�a no surgen del contrato social de la Revoluci�n Francesa, sino de una relaci�n clientelar anterior: el pago de tributos al rey o al se�or feudal que a su vez se obligaba a prestar protecci�n al vasallo. La experiencia espa�ola es muy interesante porque no hay una certeza absoluta de que el ej�rcito profesional pueda caber coherentemente en un marco legal que no es anglosaj�n. La sensaci�n que desprende el asunto es que una sociedad con altos niveles de bienestar se siente inc�moda distrayendo parte de su tiempo en servir al Estado y prefiere pagar por no hacerlo. En fin, cada pa�s es libre de adoptar el criterio que mejor le acomode. Lo interesante de este debate es hay cuestiones doctrinarias de fondo en �l. Y reflexionando en torno a ella se pueden sacar conclusiones interesantes. En Chile, el servicio militar hace mucho tiempo que dej� de ser coherente con sus bases ideol�gicas revolucionarias e iluministas. Se ha transformado casi en un elemento asistencial, destinado a absorber a personas que de otro modo estar�an cesantes o que no cuentan con recursos para aspirar a una educaci�n superior. Hace mucho tiempo que ning�n hijo de familia acomodada se ha vestido de conscripto, por lo que no es una instituci�n igualitaria. La famosa �mili� espa�ola s� lo era y de hecho muchos altos cargos de poderosas empresas sirvieron en su momento a las �rdenes del que ahora es el portero de su edificio. Era, en ese sentido, un poderoso elemento de igualitarismo y cohesi�n social y no tanto de unificaci�n patri�tica. Lo que tenemos, en consecuencia, es que hay cientos de j�venes chilenos que cada a�o se presentan a servir en las Fuerzas Armadas, mientras otros no lo hacen. Por lo tanto, si nos situamos en la �ptica de la Revoluci�n Francesa, bien podr�amos entender que mientras unos han cumplido con sus obligaciones, otros las han eludido. Como el servicio militar generalizado es imposible por una simple cuesti�n de infraestructuras, lo l�gico no es universalizarlo, pero s� discriminar positivamente a aquellos que lo han realizado y que han entregado un plus de sus mejores a�os al servicio del Estado a cambio, pr�cticamente, de la ropa y la comida. En ese sentido parece perfectamente l�gico que ciertas reparticiones del Estado favorezcan el acceso a los puestos de funcionarios a quienes han cumplido con el servicio militar otorg�ndoles mayor valor a sus curr�culums en igualdad de condiciones con otra persona que no lo haya hecho. Del mismo modo, ser�a estimulante para los conscriptos (y de paso para las propias Fuerzas Armadas) que se creara un sistema formal de acceso a la educaci�n t�cnica o superior para aquellos que han realizado el servicio militar. La f�rmula para articular esta iniciativa va desde preferencias a la hora de obtener becas o cr�ditos fiscales o idear convenios y sistemas de pasarelas con instituciones educativas. Mientras Chile no cambie conscientemente de doctrina militar y permanezca en el camino de un Estado democr�tico y de derecho se est� perpetuando una situaci�n injusta puesto que hay ciudadanos de dos categor�as distintas: los que hacen el servicio y los que no. As�, el Estado est� adquiriendo una deuda con aquellos j�venes que cumplen su servicio militar (por muy voluntarios que sean) y lo l�gico ser�a compensar sus esfuerzos de alguna manera. |
| Discriminaci�n positiva para el servicio militar |