Una serie de hechos recientes ha puesto de manifiesto que aunque Chile figure en los r�nkings como uno de los pa�ses con un menor �ndice de corrupci�n en los asuntos p�blicos, hay fuertes indicios de que las cosas est�n cambiando. El nepotismo, por ejemplo, se ha instalado en el centro de los males nacionales.

Primero se supo que altos magistrados promov�an a sus hijos como secretarios privados, creando as� unas castas familiares en la administraci�n de la Justicia donde unos pocos apellidos dominan el sector. Despu�s, un senador fue sorprendido contratando a su propia esposa y, en voz muy baja, algunos reconocieron que en las c�maras esto es pr�ctica com�n.

Hay que reconocer que el problema viene de lo m�s alto. Desde el principio de su gesti�n, el presidente Ricardo Lagos no mostr� ning�n pudor a la hora de designar a sus familiares o parientes de su esposa en empleos p�blicos. No existieron cr�ticas al respecto y el ejemplo, se ve, se ha ido extendiendo por los dem�s poderes del Estado.

En italiano, nepote significa sobrino y pronto pas� al castellano, donde nepote es un familiar del Papa que trabaja a su servicio. Muy probablemente la casta valenciana de los papas Borgia, con todos sus excesos, contribuy� a la incorporaci�n del t�rmino a nuestro lenguaje.  De all� vino nepotismo, esa preferencia desmedida que algunos dan a sus familiares para obtener concesiones o para ocupar empleos p�blicos.

Est� claro que las cr�ticas a la Concertaci�n de que no protege a la instituci�n familiar son falsas. La prueba es que la familia es lo primero, incluso a la hora de repartir los salarios del Estado. El �nico indicio positivo contra el nepotismo es el acuerdo de la Corte Suprema del 3 de julio que impide la contrataci�n de hijos de magistrados como secretarios privados. Pero fue esta sana medida de autorregulaci�n la que permiti� que los chilenos descubrieran que muchos ministros se llevaban los �rboles geneal�gicos al trabajo.

Me cuentan que el saliente contralor general de la Rep�blica, Arturo Aylwin Az�car, ha defendido que la contrataci�n de familiares no siempre es indicio de corrupci�n. Seg�n Aylwin, los familiares son los que mejor conocen a quienes desempe�an funciones p�blicas y en muchos casos est�n perfectamente cualificados para el cargo. Adem�s, tradicionalmente los oficios se pasaban de generaci�n en generaci�n.

No cuenta don Arturo que se pasaban de generaci�n en generaci�n especialmente en la Edad Media y que desde el siglo XIX, cuando la igualdad de oportunidades se convierte en derecho ciudadano, se ha considerado el nepotismo una lacra para la sociedad. Curiosamente -y el inciso vale la pena-, Arturo Aylwin ha sido una figura que nunca fue cuestionada desde la perspectiva del nepotismo. Pese a que su hermano Patricio ocup� la m�s alta magistratura del pa�s, nunca nadie desconoci� la elevada cualificaci�n profesional y personal de Arturo para ocupar los puestos p�blicos que ostent�. Y hay muchos m�s casos parecidos en nuestra historia, pero resultan tan claros que la opini�n p�blica no necesita muchas explicaciones para percibir cuando hay nepotismo y cuando no lo hay.

El nepotismo exagerado es el que lleva a un gobernante a nombrar a su caballo favorito como miembro del gabinete. Afortunadamente aqu� no hemos llegado a estos excesos, pero si se revisa con cuidado descubriremos a muchos equinos emboscados en la administraci�n y cobrando de los impuestos.

Un caso que tambi�n tiene que ver con la familia es el que se ha vivido en la Contralor�a General de la Rep�blica, donde los lazos del subcontralor Jorge Reyes (cuyo hijo es militante de la UDI) fueron, seg�n versiones period�sticas, un elemento importante para que no se le nombrara como sucesor de Aylwin, como estipulaba la tradici�n. La decisi�n de nombrar al "n�mero tres" es perfectamente legal, pero desat� una batalla de dimes y diretes en Santiago. Sobre todo cuando Reyes apenas ocupar�a el cargo por un a�o, ya que en 2003 cumple la edad m�xima legal para ejercer como contralor.

De toda la bronca, lo que m�s me llam� la atenci�n fue leer en un medio electr�nico del gobierno (www.primeralinea.cl) un art�culo donde se buscaba justificar la ruptura de la tradici�n por parte del presidente Lagos. En �l se le recordaba a la UDI que en 1978 el senador Sergio Fern�ndez ocup� fantasmalmente la contralor�a porque el titular del cargo renunci� al no querer tomar raz�n del decreto que organizaba la consulta popular de ese a�o. Y se utilizaba este hecho para argumentar que no siempre en la Contralor�a se hab�a respetado la tradici�n de nombrar al "n�mero dos" en el puesto titular.

Bueno, no es de recibo comparar per�odos tan dispares ni aludir soterradamente a la pol�tica del ojo por ojo. Entonces ten�amos una dictadura, un r�gimen de excepcionalidad, y ahora una democracia constitucional y es indigno de cualquiera que se diga dem�crata -aunque sea un converso- utilizar sus mismos argumentos.
Cuestiones de familia
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