En la sede de Sacyr en Madrid no saben d�nde est� Pilauco Norte y nunca han o�do las protestas de Tom�s Gehlen o de Frank Nauber. Lo curioso es que el intendente Iv�n Navarro, que vive en Puerto Montt, tampoco conoc�a los problemas de Pilauco hasta esta semana y nunca se habr�a enterado si no fuera por el Diario Austral, como �l mismo reconoci� en este peri�dico el mi�rcoles pasado.

Chile quiere abrazar la modernidad a cualquier precio y eso est� pasando facturas como la de Pilauco. El problema est� en que se ha acometido esta obra con un criterio que es inaceptable en otras latitudes. La filosof�a en pa�ses como Alemania, Francia o Espa�a siempre ha sido que las autopistas de peaje s�lo pueden existir donde haya una v�a alternativa de uso libre, aunque sea de peor calidad. Se hace as� para garantizar la libertad de movimiento de  los ciudadanos y evitar la discriminaci�n econ�mica.

Debatir sobre cu�l sistema es mejor y m�s respetuoso con los ciudadanos nos llevar�a tiempo. La soluci�n adoptada en Chile con las autopistas, al construirlas sobre antiguas v�as p�blicas, concuerda perfectamente con la idea de que el pa�s est� formado por meros consumidores o usuarios y no por ciudadanos.

Llevando esta filosof�a oficial a un extremo, cabe considerar que si se adjudica una autopista de pago sobre el trazado de una antigua carretera p�blica, el Estado est� subvencionando tambi�n al concesionario con las costosas inversiones realizadas en el pasado para expropiar los terrenos y mantener la v�a abierta. Lo anterior deber�a incidir en el plazo de la concesi�n (una autopista con un mercado cautivo se amortiza antes que otra donde existen alternativas gratuitas) y hasta cabr�a estudiar una reducci�n del impuesto de circulaci�n puesto que algunas v�as p�blicas han pasado a ser privadas y ya se paga por usarlas. 

En fin, llegamos tarde a un debate que, lamentablemente, nunca existi�.

Pero incluso asumiendo est� realidad impuesta y aceptando que nadie habr�a hecho una autopista en Osorno si no es con el aliciente de obtener un camino viejo de regalo y unos jugosos ingresos en el futuro, el caso de Pilauco contraviene cualquier l�gica urban�stica, amputando parte de la ciudad a sus habitantes.

Sacyr es la constructora que no cotiza en bolsa m�s rentable de Espa�a. Se form� en 1986 por antiguos empleados de otras constructoras y se ha desarrollado con gran criterio. Su margen neto en el a�o 2000 rond� los 14.000 millones de pesetas (unos 43.000 millones de pesos). En 1996 lleg� a Chile y ha construido mucho. Termin� con m�s de un a�o de antelaci�n la autopista Los Vilos-La Serena y tiene en marcha varias obras m�s. Un repaso por los archivos arroja, adem�s, una conclusi�n notable: hasta ahora Sacyr no aparece salpicada por ningun  esc�ndalo de financiaci�n ilegal de partidos pol�ticos que han ensuciado el curriculum de otras constructoras espa�olas.

Ante esta situaci�n tan saneada, resultar�a extra�o que Sacyr no deseara resolver el problema que est� provocando en Pilauco. Lo que ocurre es que �ste no es un problema entre los usuarios y una empresa. Sacyr tiene un mandato para construir una autov�a bajo c�nones fijados en un contrato con el Estado. Los responsables de garantizar una soluci�n  a �ste y otros problemas similares eran los planificadores del Ministerio de Obras P�blicas que dise�aron el convenio de concesi�n y que, por lo que se ve, no se coordinaron con las autoridades locales que propiciaron el surgimiento de ese parque empresarial.

Estamos realmente ante un problema de los osorninos con la autoridad reguladora. Pero como el criterio oficial es que Chile es un pa�s de usuarios, las autoridades -que son escogidas por ciudadanos y no por consumidores que suelen elegir productos- abandonan continuamente sus responsabilidades, sobre todo en aquellos terrenos donde creen que deben �arregl�rselas� los privados.

Lo cierto es que el conflicto de Pilauco dio origen a la �nica noticia sobre Osorno aparecida en la prensa espa�ola en la �ltima d�cada y ten�a que ver con el ataque a tiros contra una caseta de Sacyr en la �poca en que Augusto Pinochet estaba detenido en Londres, hace m�s de un a�o atr�s. Esa es una forma inaceptable de abordar el conflicto, pero es una demostraci�n de hasta d�nde puede llegar un conflicto �entre privados� cuando las autoridades se inhiben de su funci�n reguladora.

Es f�cil satanizar y culpabilizar a Sacyr,  pero no puede soslayarse la responsabilidad que cabe a las autoridades regionales y locales en este asunto. No puede ser que la Municipalidad y la Gobernaci�n no hayan puesto el grito en el cielo hace mucho tiempo al ver que una parte de la ciudad quedar�a segregada del resto por muy pocos que sean los vecinos afectados. Tampoco es de recibo el desconocimiento del asunto que ha exhibido hasta esta semana el intendente.

Sacyr, en este caso, no es el problema, sino que por ella pasa la soluci�n. Esta deber� salir de una negociaci�n con la compa��a encabezada por las autoridades. Las empresas espa�olas son muy permeables a las presiones de la opini�n p�blica y son capaces de rectificar ante un problema como �ste.  Pero como dice un viejo refr�n castellano, "ante el vicio de pedir est� la virtud de no dar" y Sacyr cuenta con el poderoso argumento de que aqu� se ha producido un grave error de coordinaci�n entre Obras P�blicas y las autoridades de la ciudad.

Iv�n Navarro se ha enterado muy tarde, pero al menos parece decidido a resolver el asunto. Quz�s tenga que hacer una autocr�tica y llamarle la atenci�n a alguno de sus subordinados por no alertarlo de manera precisa y puntual.  Le recomiendo que si hay alg�n penitente, lo mande a ba�arse en el r�o Pichi-Damas o a buscar la �cueva del indio� para que conozca con detalle d�nde est� Pilauco.

Correo.- Aparte de perseverar en unas gestiones que parecen bien encaminadas, s�lo puedo sugerir a los afectados que inunden con cartas y postales de Osorno con sus quejas a don Jos� Manuel Loureda, presidente de Sacyr, domiciliado en la calle Padilla 17 de Madrid. El c�digo postal es el 28006 de Espa�a. Si lo desean pueden recortar este art�culo y mand�rselo. Parece ingenuo, pero a veces funciona.
Pilauco, el problema
de un pa�s de usuarios
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