| En el siglo XVI hubo un holocausto horrible en nuestra Isla de Pascua. Los polinesios que llegaron a ella en el siglo III llevaron all� todos los elementos de su civilizaci�n: una agricultura b�sica, la pesca y la caza de aves. Hacia el a�o 1000 se implant� una teocracia que impuso la construcci�n de los famosos moais. En el siglo XVI, en la fase culminante de su desarrollo, hasta hab�an inventado una forma de escritura. Pero algo sucedi�. De pronto, esa sociedad teocr�tica y feliz se encontr� en una isla sobrepoblada (se calculan unas 10.000 almas) y deforestada. La falta de �rboles que eran utilizados para construir canoas y levantar los moais redujo las lluvias que a su vez disminuyeron las cosechas. Los pascuenses pensaron que hab�an perdido el favor de sus dioses. La sociedad comenz� a embrutecerse. Las reglas, que antes eran respetadas, comenzaron a ser pasadas por alto, los l�deres se sintieron sobrepasados y los clanes se dividieron y libraron una guerra de exterminio de una punta a otra de la isla. La sociedad degener� y comenz� a autodestruirse. Se abandon� la teocracia y surgi� el gobierno de los "hombres-p�jaro" (tambi�n conocidos como "los hombres con las manos ensangrentadas") que a�o tras a�o nadaban hasta los pe�ascos que hay frente a la isla para recoger el primer huevo de las gaviotas y designar as� qui�n mandaba. Pero el favor divino no volvi�. En su desesperaci�n por defenderse de los otros clanes, que hab�an llegado al canibalismo, algunos pascuenses cavaron una trinchera para separar una peque�a pen�nsula de la isla. En esa fase fueron descubiertos por el holand�s Roggeven en 1722. Los traficantes de esclavos, a�os despu�s, terminar�an por extinguir la cultura rapa-nui. La Isla de Pascua no est� cerca de Chile, pero nos pertenece. Por eso es extra�o que no aprendamos de su tr�gica experiencia. Hay un concepto que se ha hecho popular en Osorno en el curso de las �ltimas semanas: la globalizaci�n. La globalizaci�n es el nuevo diablo con cachos y cola puntiaguda al que se le pueden atribuir todos nuestros males. Es, por decirlo en t�rminos pascuenses, lo que nos ha hecho perder el favor de los dioses. El problema es que la globalizaci�n es un dato, un hecho de la realidad, no una ideolog�a maligna. La palabreja siempre existi� como adjetivo y no como sustantivo. La globalizaci�n es bisnieta de la imprenta y tataranieta de la rueda. Tiene que ver con las distancias y con el conocimiento. La abolici�n de las primeras, permite hoy que el conocimiento sea casi masivo y casi instant�neo. Tambi�n hay que considerar que se trata de un fen�meno que se acelera a medida que se acumulan nuevos conocimientos. Pasaron siglos para que los productos de la imprenta se popularizaran masivamente. Pero s�lo 50 a�os para que lo hiciera la radio. Cuarenta a�os para el avi�n comercial. Unos 30 para la televisi�n. Poco m�s de tres lustros para el computador personal. Y apenas cinco a�os para el tel�fono m�vil. Por primera vez en la historia de la Humanidad, millones de seres humanos que antes no hubieran tenido noticia de su coexistencia, pueden relacionarse, hacer negocios y tener noticias de lo que les pasa a los dem�s. Esta conciencia de que existimos en un mismo momento es lo que Marshall MacLuhan llam� "la aldea global". El conocimiento de los dem�s es, tambi�n, un gatillo de la solidaridad y por eso hoy se habla de un Tribunal Penal Internacional y la mayor�a de los presuntos criminales acaban tarde o temprano ante una corte, como le ha ocurrido recientemente al otrora todopoderoso Slobodan Milosevic. En esta aldea, ya es muy dif�cil pegarle a la mujer y a los ni�os en la casa sin que el vecindario reaccione. Como pocas naciones, Chile se dio de bruces con la globalizaci�n en octubre de 1998. El tratamiento fue de choque y se produjo con la detenci�n del general Pinochet en Londres. El pa�s se dividi� y una buena parte de �l se percat� de que transmit�a en una longitud de onda muy diferente al resto del mundo, pese a que dese�bamos tanto parecernos a esas personas. De hecho, hasta ese momento, �ramos los ingleses de Am�rica del Sur. De las muchas formas de reaccionar ante aquella crisis, una fue la de tapiar las ventanas de la casa para no ver lo que pasaba afuera y, de ser posible, no dejar entrar a nadie, permaneciendo enfurru�ados y humillados en el interior. Se trataba de cavar la trinchera para ver si la pen�nsula de Chile se separaba del resto del mundo y evit�bamos a los can�bales. Que la primera toma de conciencia real de hallarnos en un mundo globalizado no haya sido del agrado de todos, no significa que este fen�meno vaya a desaparecer ni debe marcar un patr�n de conducta. La autarqu�a hoy es imposible sin sumir a los ciudadanos en la inopia. Siempre se pone el ejemplo del salm�n como un sector de �xito. La verdad es que los chilenos no podr�amos comernos tantos salmones. Si los industriales del salm�n no tuvieran claro que su mercado es el mundo, las empresas del sector habr�an quebrado hace mucho tiempo. Es la misma forma de pensar que tienen los peque�os industriales del calzado milan�s o alicantino que venden sus zapatos en Nueva York porque invierten en factores tan intangibles como el dise�o que despu�s se demuestran decisivos. O de fabricantes que ahora ponen el acento en el servicio de postventa que antes era mirado como una cosa menor. Y el salm�n ofrece un magn�fico ejemplo de una tendencia que MacLuhan no advirti�: la fuerza de lo "glocal". Este t�rmino, tambi�n anglosaj�n, viene de la fusi�n de global con local y hace referencia a que dentro de un mundo globalizado, convertido en aldea, lo local ha adquirido una renovada importancia en muchas materias. El fen�meno "glocal" se detect� primero en el periodismo, dado el inter�s que despertaban los acontecimientos mundiales, pero tambi�n la informaci�n local. Poco a poco se ha ido advirtiendo esta tendencia en la econom�a. Lo "glocal" nos habla de personas que tienen un creciente acceso a la sociedad del conocimiento, que ejercen la soberan�a del consumidor, pero aprecian el valor de vivir en espacios con dimensiones humanas, valoran los productos que generan sus vecinos y aprecian su comunidad. Es la simple constataci�n de que lo global est� constituido por una pluralidad de localidades interrelacionadas. El salm�n es un producto "global", pero tiene un efecto de generaci�n de riqueza "local", por decirlo en t�rminos muy simplistas. Y eso despierta nuestra sana (y a veces no tan sana) envidia. �Sectores que se benefician de lo "glocal"?: productos primarios que se esfuerzan por incorporar m�s calidad y se muestran respetuosos y diligentes ante sus consumidores; servicios, como el turismo, que tienen un dinamismo notable en una zona sin sol y sin playas paradis�acas; comercios que buscan nichos superespecializados tras detectar una demanda insatisfecha... en definitiva, cualquier sector que muestre mentalidad innovadora. D�a a d�a, en estas mismas p�ginas, aparecen iniciativas �en casi todos los sectores� que merecen que la comunidad las tome como referencia, las apoye y hable bien de ellas. Parece que los fr�os y lluviosos meses de agosto predisponen a la poblaci�n a la depresi�n y la amargura. Leyendo el diario este mes, da la impresi�n de que la especie humana est� a punto de desaparecer en Osorno bajo sucesivas crisis, tan graves como las que vivieron los pascuenses hace siglos. Si los l�deres de la comunidad son capaces de identificar y documentar las razones de la crisis (como han hecho los productores lecheros ante la Fiscal�a Nacional Econ�mica) y evitan echar las culpas a la magia, si no nos burlamos de las reglas com�nmente aceptadas, si se muestra confianza en la creatividad de la sociedad, la comunidad descubrir� el poder de lo "glocal" y le sacar� partido. Dec�a Hegel que "el b�ho de Minerva sale a volar al atardecer". O sea, que en momentos de crisis, el ingenio humano se supera a s� mismo. Los pascuenses no fueron capaces de hacerlo porque atribuyeron equivocadamente sus males a los dioses. Aprendamos de su tr�gica historia. |
| De lo global a lo "glocal" |