Comercio Exterior, vol. 47, núm. 4, México, abril de 1997
Colombia: mitos y realidades económicas del narcotráfico
Alfredo Castro Escudero
(redactor de la revista Comercio Exterior)
"Una droga más dañina que las mal llamadas heroicas se introdujo en la cultura nacional: el dinero fácil. Prosperó la idea de que la ley es el mayor obstáculo para la felicidad, que de nada sirve aprender a leer y escribir, que se vive mejor y más seguro como delincuente que como gente de bien. En síntesis: el estado de perversión social propio de toda guerra larvada." (GABRIEL GARCIA MARQUEZ, Noticia de un secuestro)
Nación vasta en historia y cultura,
Colombia sufre desde los años setenta el estigma de ser la principal
productora y exportadora de cocaína en el mundo. Más allá
de la multitud de ideas urdidas al respecto, sin embargo, los efectos económicos,
políticos y sociales del narcotráfico en la marcha del país
han sido tan enormes como difíciles de evaluar con certeza.
Para algunos especialistas la economía colombiana misma depende ya en cierta medida de los ingresos del narcotráfico, en especial las cuentas externas. Los carteles de la droga se han fortalecido porque han logrado infiltrarse en la estructura política del país. Una parte de los cuantiosos ingresos provenientes del narcotráfico, consideran los estudiosos, se destina a la inversión, genera empleos y contribuye a financiar el creciente déficit externo, mantener la estabilidad cambiaria y contar con altas reservas monetarias, lo cual explicaría la reciedumbre de Colombia frente a problemas financieros internacionales. El reciente "efecto tequila", por ejemplo, tuvo pocas repercusiones en el país, mientras que en otras naciones latinoamericanas obligó a severos ajustes económicos.
Otros analistas, en cambio, aseguran que se ha distorsionado la naturaleza del problema del narcotráfico en Colombia. Por el grado de desarrollo alcanzado por el país, sostienen, la economía no depende tanto de la droga y subsiste la capacidad soberana del Estado para combatirla. También desestiman las bondades económicas del fenómeno al considerar que el desmedido ingreso de narcodólares desequilibra la demanda interna, afecta la producción transable, altera los precios, genera expectativas sin bases sólidas y suscita, a largo plazo, un caos total.
En este trabajo se examina la evolución visible reciente del narcotráfico en Colombia, así como sus principales efectos en la economía. También se describen las características más importantes del flagelo en el país, en particular sus manifestaciones políticas y sociales. Por último se señalan los principales enfoques del combate contra las drogas, las diferencias estratégicas entre Colombia y Estados Unidos y el conflicto diplomático entre ambos países.
LOS DINEROS DEL NARCOTRAFICO
Uno de los primeros obstáculos en el estudio del tráfico de estupefacientes es estimar los montos respectivos y que, según la fuente, muestran grandes variaciones. La diferencia en los cálculos se explica tanto por la incertidumbre en las variables utilizadas cuanto por consideraciones políticas. La lógica carencia de datos confiables sobre la ilícita actividad ha dado paso a estimaciones de todo tipo, bajo la premisa de que todas son válidas pues ninguna es refutable. En 1995, por ejemplo, un subcomité del Senado estadounidense afirmó que el comercio mundial de drogas asciende a 500 000 millones de dólares anuales. A principios de los noventa el Grupo de Estudio de Acción Financiera de la OCDE lo estimó, con base en el gasto realizado en Europa y Estados Unidos en cocaína, heroína y marihuana, en 100 000 millones de dólares al año.1 La primera suma convertiría al narcotráfico en el segundo mayor comercio en el mundo, sólo abajo del de armamento; la segunda, si bien muy inferior, supera al PIB global de la mayoría de los países latinoamericanos, incluida Colombia, y haría del narcotráfico la empresa ilegal más exitosa del mundo. Un valor anual promedio de 300 000 millones de dólares equivaldría al de la industria petrolera mundial. En las estimaciones de los ingresos del narcotráfico en Colombia se refleja la misma heterogeneidad. Por muchos años se manejaron montos espectaculares que numerosas publicaciones reprodujeron sin recato. Se llegó a afirmar que dichos ingresos sumaban de 18 000 a 25 000 millones de dólares anuales (casi 50% del PIB).2
La revista inglesa The Economist publicó en 1991 que por lo menos 7 000 millones de dólares ingresaban a Colombia por las ventas externas de drogas. Esa cantidad se aceptó y difundió ampliamente en los estudios sobre el narcotráfico ulteriores. Es el caso del trabajo ya clásico de Whynes sobre los flujos de drogas en Asia y América del Sur, pues para el análisis del caso colombiano se toma como referencia el monto presentado en la publicación inglesa.
En 1995 la Fundación Heritage difundió el documento Colombia´s Narco-Democracy Threatens Hemispheric Security, en el que se asienta que los ingresos colombianos netos por el narcotráfico fluctúan de 3 000 a 7 000 millones de dólares.
Otros precisan que sólo la mitad de ellos regresa a Colombia y el resto se coloca en el extranjero, particularmente en Estados Unidos.3 Los estudios sobre el fenómeno de las drogas suelen omitir la metodología empleada para calcular los montos y a menudo se basan simplemente en otras estimaciones.
Uno de los primeros esfuerzos de análisis serios y sistemáticos del narcotráfico en Colombia, con una metodología rigurosa para evaluar con mayor precisión la producción, el comercio y los ingresos de la actividad y sus efectos en la economía del país, lo realizó el economista colombiano Eduardo Sarmiento Palacio.4 Previa explicación de su modelo econométrico, Sarmiento concluye que en los años ochenta la participación de Colombia en el tráfico mundial de cocaína fluctuó de 1 500 a 4 000 millones de dólares anuales, de los cuales ingresaron realmente al país de 900 a 1 300 millones.
Los análisis del especialista despertaron polémica, pero también desmitificaron la actividad, por lo menos en parte, al ofrecer datos consistentes más creíbles y una nueva perspectiva del problema. Hay desde luego, otros trabajos que han hecho importantes aportaciones al estudio del narcotráfico colombiano.5
Entre los análisis más recientes destaca el de Steiner sobre la producción y comercialización de estupefacientes. Sin duda uno de sus mayores aportes es el examen desglosado de los ingresos de la cocaína, principal exportación ilegal de Colombia. Con base en cálculos, supuestos, variables y desarrollos metodológicos propios, fruto de trabajos anteriores, Steiner determina los valores brutos y netos correspondientes a la venta de dicha droga en el primer sexenio de los noventa (véase el cuadro 1).
C U A D R O 1
COLOMBIA: INGRESOS POR VENTA DE COCAINA, 1990-1995
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
| 1990 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
| 1991 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
| 1992 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
| 1993 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
| 1994 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
| 1995 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
1. Toneladas métricas. 2. Millones de dólares por tonelada métrica. 3. Millones de dólares
Fuente: Roberto Steiner Sampedro, "Los ingresos de Colombia, producto de la exportación de drogas ilícitas", Coyuntura Económica, vol. XXVI, núm. 4, Bogotá, diciembre de 1996.
Los ingresos brutos por el tráfico de cocaína se reducen relativamente poco por concepto del costo de la materia prima y ciertos insumos (hoja de coca e importaciones de sustancias químicas para su transformación, entre otros). En cambio, los otros costos (procesamiento, transporte, distribución, infraestructura y sobornos) y el lavado de dinero merman mucho las ganancias. Al final del proceso los ingresos netos representan poco más de un tercio de los recursos originales.
El análisis de Steiner incluye el tráfico de heroína
y marihuana. Si bien desde mediados de los ochenta se detectaron plantíos
de amapola en Colombia, apenas en 1991 se consideraron relevantes (alrededor
de 20 000 hectáreas). Con apoyo en datos oficiales y cálculos
de otros autores, Steiner estima que de 1991 a 1995 las ventas externas
netas colombianas de heroína promediaron un monto anual nada despreciable
de 756 millones de dólares. Las de marihuana, por su parte, se incrementaron
en forma espectacular a partir de 1993 (véase el cuadro 2).6
C U A D R O 2
COLOMBIA: INGRESOS NETOS DE LAS VENTAS EXTERNAS DE DROGAS, 1990-1995 (MILLONES DE DOLARES)
|
|
|
|
|
|
|
|
| 1990 |
|
|
|
|
|
| 1991 |
|
|
|
|
|
| 1992 |
|
|
|
|
|
| 1993 |
|
|
|
|
|
| 1994 |
|
|
|
|
|
| 1995 |
|
|
|
|
|
Fuente: Roberto Steiner Sampedro, "Los ingresos de Colombia, producto de la exportación de drogas ilícitas", Coyuntura Económica, vol. XXVII, núm. 4, Bogotá, diciembre de 1996.
Así, en el período 1990-1995 los ingresos netos totales del narcotráfico en Colombia fluctuarían de 2 239 millones a 2 667 millones de dólares. En tal caso se habría reducido la ponderación del narcotráfico respecto al PIB global, lo que permite concluir que algunas ramas económicas mostraron un mayor dinamismo.
Aun cuando la información y las estimaciones de Steiner están
sujetas a revisión y correcciones, sin duda representan un buen
punto de arranque para tener una perspectiva más realista del problema
y comenzar a separar el mito de la realidad.
¿Cómo se introducen los narcodólares?
Los medios que utilizan los barones de la droga para llevar sus ganancias al país son difíciles de detectar por su origen ilícito, aunque se reconocen tres vías fundamentales: i) las remesas laborales, empleadas por los narcotraficantes desde los años setenta para convertir dólares en moneda nacional; ii) el comercio exterior, mediante las importaciones colombianas, y iii) la inversión, directa o mediante la colocación de recursos en el sistema financiero.
El lavado de dinero entraña numerosas operaciones que se pueden resumir en las siguientes fases: i) el dinero se coloca en bancos o se invierte en instrumentos monetarios o títulos de valores que pueden convertirse en efectivo en cualquier parte; ii) el dinero se fracciona y envía al país por medio de múltiples transferencias electrónicas o de otra índole, y iii) la fuente original de los recursos desaparece al invertirse éstos en cuentas y empresas en apariencia legítimas. 7
Más aún, se sospecha que los carteles de la droga cuentan
en Colombia con bancos e intermediarios financieros para facilitar el lavado
de dinero. Otra forma tradicional y eficaz de "limpiar" los narcodólares
es por medio del contrabando, prácticamente incontrolable en el
país.8
EFECTOS ECONOMICOS DEL NARCOTRAFICO
No pocos analistas consideran que la evolución, en general, aceptable de la economía colombiana en los últimos tiempos, el equilibrio de sus cuentas externas, la estabilidad cambiaria y la fortaleza de sus reservas internacionales se deben, fundamentalmente, a los ingresos del narcotráfico. Desde esta perspectiva, la eliminación de tales recursos originaría un verdadero caos económico. ¿Mito o realidad?
En los años ochenta casi todas las economías latinoamericanas perdieron dinamismo y algunas experimentaron una franca recesión, así como hondas dificultades de liquidez y financiamiento externo que abrieron paso a severos programas de ajuste y devaluaciones. Colombia sorteó con éxito esa crisis regional. De 1981 a 1990 el crecimiento acumulado de su PIB fue de 43.6%, frente a 12.4% del conjunto de la región.9 En ese lapso el país no tuvo problemas serios de liquidez y mantuvo una aceptable captación de recursos del exterior, lo que le permitió contar con reservas suficientes, mantener firme su moneda y no aceptar condiciones duras en el financiamiento externo.
Sin duda, el narcotráfico explica en gran
medida la afluencia de divisas a Colombia. En los años noventa estos
flujos han contribuido al importante superávit en la cuenta de capitales
de la balanza de pagos, vía inversión y endeudamiento de
largo plazo; ello ha hecho posible financiar el creciente déficit
en cuenta corriente (sobre todo por el saldo comercial desfavorable) sin
alterar el nivel de las reservas internacionales (véase el cuadro
3).
C U A D R O 3
COLOMBIA: BALANZA DE PAGOS, 1990-1996 (MILLONES DE DOLARES)
|
|
|
|
|
|
|
|
| Cuenta corriente |
|
|
|
|
|
|
|
| Balanza comercial |
|
|
|
|
|
|
|
| Servicios y transferencia |
|
|
|
|
|
|
|
| Cuenta de capital |
|
|
|
|
|
|
|
| Capital de largo plazo |
|
|
|
|
|
|
|
| Capital de corto plazo |
|
|
|
|
|
|
|
| Errores y omisiones |
|
|
|
|
|
|
|
| Saldo de las reservas brutas |
|
|
|
|
|
|
|
a. Estimaciones preliminares.
Fuente: Para 1990-1993, Banco de la República y Fedesarrollo; para 1994-1996, Departamento Nacional de Planeación.
El déficit en cuenta corriente es más o menos reciente.
De 1986 a 1990 se obtuvo un saldo superavitario equivalente a 1.8% del
PIB, en promedio anual. En 1991 llegó a casi 8% del producto global,
pero a partir de 1992 la situación empezó a cambiar. En 1993
y 1994 se registró un déficit en cuenta corriente equivalente
a 5% del PIB. "Ninguna otra de las principales economías de la región
sufrió un deterioro tan severo en tan corto tiempo."10
En 1995 y 1996 el déficit creció 32 y 13 por ciento, respectivamente,
en lo cual pesó mucho el fuerte incremento de las importaciones.
El efecto monetario
Los crecientes flujos de capitales asociados al narcotráfico y el consecuente aumento de las reservas internacionales incidieron de diversas maneras en la política monetaria y la evolución del tipo de cambio, al punto de obligar a las autoridades colombianas a instrumentar medidas para controlar el ingreso de divisas.
En 1990, en el marco de una política antiinflacionaria, con base en la apertura económica y la liberalización de los mercados, se estableció un mecanismo de devaluación periódica de la moneda a fin de impulsar las exportaciones. 11 Empero, la creciente entrada de divisas y el incremento de las reservas internacionales presionaron al alza los precios por vía del aumento de la emisión primaria. Ante ello las autoridades tuvieron que reorientar su política a favor de la apreciación de la moneda, al tiempo que se buscó controlar los flujos de capital.
En 1991 el Banco Central adoptó una política de esterilización por medio de operaciones de mercado abierto. Los certificados de cambio -bonos en dólares y redimibles en ppesos- fueron los instrumentos más utilizados.12 Además, el Ministerio de Hacienda congeló créditos obtenidos por 682 millones de dólares y aplicó impuestos adicionales de 3% a todas las operaciones cambiarias.13
La estrategia esterilizadora no logró frenar los ingresos externos, ya que las tasas de interés se mantuvieron elevadas y siguieron atrayendo recursos del exterior. En diciembre de 1991, por ejemplo, dichas tasas ascendieron a 38.5%, casi nueve puntos porcentuales más que en el primer trimestre del mismo año. "Se llegó a un círculo vicioso: los diferenciales de las tasas de interés fueron superiores a 30 puntos porcentuales (a favor de los activos internos), lo que reforzó los flujos de capital."14
Por lo demás, la estrategia de esterilización resultó financieramente onerosa porque la institución rectora pagaba una tasa de interés sobre sus pasivos mayor que la percibida por la inversión de las reservas. "La pérdida del banco central fue de 0.8% del PIB en 1991 y alcanzó su má-ximo nivel (1.2%) en 1993, cuando gran parte de la deuda maduró."15
En 1993 las autoridades decidieron sustituir la esterilización por otras medidas. El Banco Central instituyó un encaje de 47% (no remunerado), con un plazo inferior a 18 meses. Como esta medida se consideró insuficiente, en marzo de 1994 el requisito se extendió a créditos con vencimientos inferiores a 36 meses. El requisito de encaje, empero, tenía un gran número de exenciones que le restaron eficacia.
En ese mismo año la institución central instauró un sistema de banda cambiaria de 14%, aunque se reservó la prerrogativa de intervenir en ella. Hasta la fecha la tasa de cambio ha tendido a permanecer en el piso de la banda, salvo en ocasión de la incertidumbre inicial del "efecto tequila" y del escándalo político por el supuesto financiamiento del narcotráfico de la campaña presidencial de Ernesto Samper (en agosto del mismo año), que presionaron momentáneamente el tipo de cambio al alza. La intervención oportuna del Banco Central y el continuo flujo de capitales externos, vía transferencias, inversión y endeudamiento, evitaron la devaluación de la moneda y la merma de las reservas internacionales.
Si bien los controles instrumentados en los años noventa para
disminuir el ingreso de capitales no cumplieron su objetivo, se logró
inducir una recomposición de las obligaciones externas en favor
de los vencimientos a largo plazo que resguarda al país en caso
de una reversión brusca de los flujos de capitales.
El narcotráfico y el empleo
El complejo proceso de producción y distribución de drogas encierra muchas fases que requieren el trabajo de un número indefinido de personas: el cultivo de la hoja de coca y de la amapola en miles de hectáreas de Bolivia, Perú y Colombia; el traslado de la materia prima a cientos de laboratorios en el país y en el extranjero para su transformación; el envío de la droga por todos los medios y rutas imaginables hasta los mercados de consumo, principalmente los de Estados Unidos y Europa; la distribución al mayoreo y al menudeo en dichos mercados, etc. Si además se considera a los participantes en las tareas de lavado del dinero y a quienes laboran en los negocios legales de los carteles, sobre todo en el sector servicios, resulta obvio que el narcotráfico es un importante generador de empleos tanto en Colombia cuanto en el extranjero. Según algunas estimaciones, de 500 000 a un millón de personas intervienen de una u otra manera en el negocio del narcotráfico en el mundo.16
Para quienes sostienen que el tráfico de drogas beneficia a la economía colombiana, la cuestión del empleo es una clara evidencia, pues aunque se desconoce el número exacto de participantes no hay duda de que se trata de miles de colombianos de diversos estratos sociales. La actividad ilícita, así, impide que la tasa de desempleo aumente en demasía y representa una válvula de escape de las tensiones sociales, en particular en el campo.
Otro efecto socioeconómico del narcotráfico concierne
a las inversiones en la infraestructura en diversas zonas del país,
sobre todo en las de mayor atraso relativo. Ya sea por conveniencia propia
o por "generosidad", los carteles colombianos han financiado proyectos
de vialidades, escuelas, sistemas de drenaje, viviendas, etc. Con esto
también han conseguido el respaldo de comunidades beneficiarias
e, incluso, cierta "legitimidad social".
EL OTRO LADO DE LA MONEDA
Los especialistas que desestiman las su-puestas bondades del narcotráfico en Colombia plantean la necesidad de analizar sus efectos económicos de largo plazo. Para ellos es fundamental justipreciar el fenómeno y atisbar más allá de las repercusiones actuales, con base en un examen de causas, límites y perspectivas más importantes.
La inversión y el consumo
Un indicador del efecto económico de los narcodólares es, desde luego, su destino final. Gran parte de los ingresos de la droga se utiliza para cubrir gastos de operación, materia prima, transporte, salarios, sobornos, lavado del dinero, etc. Se estima que en Colombia más de 60% de los ingresos brutos de la cocaína, por ejemplo, se reinvierten en el propio negocio (véase el cuadro 1). Es decir, este dinero beneficia ante todo a los carteles de la droga y sus socios, e indirecta y marginalmente a la economía del país.
Para cubrir sus actividades irregulares, los carteles invierten en negocios legítimos, que entrañarían una aportación efectiva a la economía colombiana. Empero, un examen más detallado muestra que las repercusiones reales en la producción son muy relativas. Según un estudio del economista Mario Arango, a finales de los ochenta 75% de los narcotraficantes prefería colocar su dinero en bienes raíces (departamentos, casas, ranchos, etc.), mientras que pocos (si acaso algunos) se interesan por sectores productivos tradicionales, como minería, textiles o manufacturas. 17
Las inversiones legales del narcotráfico incluyen actividades de uso dual (dual-use): empresas con un giro comercial común (laboratorios farmacéuticos, electrónicos, etc.), pero con áreas productoras de productos químicos y accesorios para obtener la droga. En los sectores agropecuario y pesquero operan empresas exportadoras de camarón, pulpa de fruta, flores cortadas y otros cultivos, entre cuyos contenedores se esconde el producto ilícito. Otra parte de los ingresos netos del narcotráfico se destina a la compra de propiedades y bienes suntuarios (joyas, oro, autos, yates, etc.), por lo que su efecto como inversión también se diluye.
De hecho, el gran flujo de capitales externos hacia Colombia en los últimos años, engrosado por los provenientes del narcotráfico, coincide con el debilitamiento del ahorro interno y el magro crecimiento de la inversión. Más que fortalecer la estructura productiva y alentar un proceso vigoroso de capitalización, los dineros del narcotráfico repercuten en el consumo, muchas veces con efectos inflacionarios.
Además, el narcotráfico exige destinar crecientes partidas del gasto gubernamental para combatirlo, en detrimento de la inversión pública en actividades productivas. En 1995 dichas erogaciones sumaron más de 1 000 millones de dólares, alrededor de 2% del PIB.18
El Instituto Colombiano de la Reforma Agraria19 estima que en 1994 los carteles de la droga controlaban directa o indirectamente de 8 a 11 por ciento de las tierras cultivables del país.20 A lo largo de la costa norte, en las planicies orientales y en la zona amazónica, la actividad del narcotráfico desplaza cada vez más a las ocupaciones tradicionales de labranza, pastoreo, minería y pesca. "La introducción de la economía comercial de la droga ha removido al campesino de la agricultura de subsistencia y lo ha transformado en jornalero rural."21
Los carteles de la droga reclutan en el campo con gran facilidad la fuerza de trabajo necesaria para atender los plantíos de coca, amapola y marihuana, en razón de los atractivos pagos que ofrecen. Por ejemplo, "un agricultor que cultiva algo más de una hectárea de hoja de coca puede ganar el equivalente a varios miles de dólares al año, en un rango de diez a cien veces más de lo que podría ganar con cual- quier cultivo legal".22
El remplazo de los cultivos tradicionales y el desvío de la fuerza
de trabajo hacia las redes del narcotráfico socavan la economía
agropecuaria de Colombia, como lo sugiere el fuerte incremento de las importaciones
de alimentos y la reducción de tierras de cultivos transitorios
(arroz, maíz, trigo, frijol y soya, entre otros). De persistir la
conversión de las tierras de labranza en campos de hoja de coca,
amapola y marihuana, así como el reclutamiento de campesinos para
la siembra ilegal, las repercusiones para la agricultura de Colombia en
el largo plazo pueden ser desastrosas e irreversibles.
La enfermedad holandesa
A primera vista parece axiomático que la bonanza exportadora de un producto primario contribuye al crecimiento económico de una nación, pero no siempre es así e, incluso, puede retardar dicho crecimiento.
El ingreso desmesurado de recursos por las ventas externas de un producto primario suele producir fenómenos que en la literatura económica se conocen como enfermedad holandesa (Dutch disease): el ingreso extraordinario se vierte sobre una demanda de bienes y servicios no transables (transporte, servicios públicos, bienes inmuebles), en detrimento de los productos transables. "Los precios elevados de los servicios no comerciales y las ganancias del fuerte intercambio extranjero fuerzan a incrementar las tasas de intercambio, la que a su vez reduce los incentivos para producir bienes exportables e importables."23 La revaluación del tipo de cambio, fruto del intenso flujo de capitales, desestimula la producción exportable, alienta las importaciones y presiona los precios internos al alza.
Colombia no es un caso típico de dependencia de los ingresos de un producto, como los casos clásicos de la "enfermedad holandesa", pero los ingresos extraordinarios por el comercio ilegal de drogas han propiciado algunas de las condiciones de ese fenómeno económico, lo cual se manifiesta en los siguientes aspectos:
Los ingresos de la droga en Colombia se han reflejado en una mayor demanda de bienes transables y, principalmente, no transables. Si bien la de los primeros se puede cubrir en general con importaciones, la de los segundos requiere una mayor producción interna a costa de la de mercancías comercializables. Así, "el ingreso de la droga configura un sesgo en contra de las actividades transables, en particular de las legales transables. A la larga conduce a una especialización creciente en la droga y en actividades ilegales. De hecho, constituye una limitación para la industrialización, la modernización y la inserción internacional."24
Con la concentración de las inversiones de los carteles de la droga en las ramas de bienes de consumo, inmuebles y la construcción, "se induce una restricción para el desarrollo de actividades exportadoras y de sustitución de importaciones".25
Por un largo tiempo los flujos constantes de narcodólares han presionado el tipo de cambio a la baja, lo que ha desalentado la producción de bienes exportables, abaratado las importaciones y propiciado el contrabando. La "enfermedad holandesa" afecta la evolución de las actividades económicas más dinámicas y estables, principalmente la producción de bienes transables, y a largo plazo tiende a estimular la dependencia de la economía colombiana de las exportaciones ilegales.
Los flujos de capital en Colombia han limitado la política monetaria y generado fuertes presiones inflacionarias. La creciente demanda de bienes no transables se ha manifestado en una burda inflación en el valor de la tierra, propiedades, algunas mercancías y diversos servicios. Ello es más evidente en los lugares donde los barones de la droga han sentado sus reales: Medellín, Cali, Barranquilla y Bogotá.
Sin duda, los principios de la enfermedad holandesa están presentes en la economía colombiana por los cuantiosos ingresos del narcotráfico. De ahí que las autoridades deben mantener e incrementar sus esfuerzos para controlar el creciente flujo de narcodólares al país, así como instrumentar medidas que promuevan la inversión productiva.
De no cambiar las circunstancias que han permitido el desarrollo de este fenómeno, la estructura productiva y exportadora de Colombia se debilitará cada vez más en perjuicio de las posibilidades de desarrollo integral del país.
Tras este breve examen de los efectos generales del narcotráfico
en la economía colombiana, se puede concluir que los aparentes beneficios
(financiamiento de las cuentas externas, fortaleza de la moneda, elevadas
reservas internacionales, generación de empleos, etc.) pueden desembocar
en una crisis de magnitud imprevisible. Los costos del tráfico de
drogas, en el mediano y largo plazos, pueden anular por completo los efectos
"positivos" actuales.
EL ROSTRO DEL NARCOTRAFICO COLOMBIANO
Uno de los mitos más difundidos es la supuesta ventaja comparativa de Co-lombia en la producción de hoja de coca. Lo cierto es que Bolivia y Perú, por su clima y altitud, tienen los índices más elevados de productividad y aportan alrededor de 90% de la oferta andina.
Las verdaderas "ventajas" de Colombia en el narcotráfico son de dos tipos:
Tecnológica. Las condiciones de infraestructura favorables para las operaciones de producción y comercialización de la droga, manifiestas "en la movilización de los excedentes, las instalaciones de laboratorios, aeropuertos y, lo que es más grave, los mecanismos para sobornar y atemorizar a todos aquellos que interfieren en el financiamiento de la actividad."26
Geográfica. Su ubicación entre el gran mercado
estadounidense y los principales productores de coca, que le dan una importante
ventaja logística, mientras que sus vastas zonas de selvas y montañas
ofrecen una protección natural al narcotráfico.
"Plata o plomo"
Al tiempo que generó excedentes colosales, la organización del narcotráfico colombiano se tornó cada vez más poderosa y compleja. También crecieron los riesgos de la actividad ilegal y la persecución de las autoridades, lo que obligó a los carteles a buscar la inmunidad judicial y política.
El narcotráfico irrumpió en el ámbito político desde los años setenta por medio del soborno y la violencia: "plata o plomo" ofrecieron los narcotraficantes y lo cumplieron cabalmente.
En los ochenta el cartel de Medellín, encabezado por Pablo Escobar Gaviria, logró controlar la comercialización de cocaína del país y someter al resto de las organizaciones de narcotraficantes. En cierto momento, se ha afirmado, la mayoría de los servicios de inteligencia y las fuerzas policiacas quedaron bajo el control del poderoso cartel que, mediante el financiamiento de campañas electorales de legisladores y gobernadores, ganó influencia política en ciertas zonas de Colombia.
La organización creó un grupo terrorista, los tristemente célebres "Extraditables", con el fin de presionar para que el gobierno no eliminara la prohibición de extraditar nacionales a Estados Unidos. Con el lema de "mejor una tumba en Colombia que una celda en Estados Unidos", los Extraditables desataron una de las más graves olas de violencia en la historia colombiana reciente, al menos en tres frentes: en la propia organización y contra otros carteles de la droga; contra funcionarios y personajes independientes con opiniones desfavorables a los barones de la droga, y contra dirigentes y organizaciones políticas.
Con ello nació un nuevo vocablo: "narcoterrorismo". Quienes no recibieron "la plata", pocas veces escaparon del plomo. La multiplicación de los asesinatos (incluidos los de tres candidatos presidenciales, un procurador general, un ministro de justicia y numerosos jueces y funcionarios del poder judicial), así como la oleada de secuestros y atentados, impulsaron al Estado a combatir sin cuartel al temible cartel. Finalmente, éste se desarticuló a principios del actual decenio al morir Escobar a manos de fuerzas públicas paramilitares.
Derrotado el terrorismo extremo del cartel de Medellín, otra organización más compleja ocupó el liderazgo del negocio de las drogas: el cartel de Cali. El origen de éste data de los años setenta, cuando líderes de pequeños grupos de Cali se unieron para coordinar el contrabando de cocaína de Perú a Estados Unidos. A finales de ese decenio el cartel funcionaba ya como una gran corporación, con un sistema de franquicias similar al de muchas empresas legítimas. "Además de las grandes organizaciones de producción, transporte y distribución de cocaína, también cuentan con grandes y sofisticadas organizaciones de acción política, de seguridad y de protección, así como de administración financiera [...] Dentro de cada sistema la división del trabajo es altamente compleja y organizada."27 Cabe subrayar que la estructura del cartel se basa en células, lo cual evita que la caída de una de ellas afecte sin remedio al resto.
A diferencia de los líderes de Medellín, los de Calí cultivaron una imagen de respetables hombres de negocios, con importantes inversiones en diversas actividades económicas, desde la industria de la construcción, cadenas comerciales, bancos y estaciones de radio hasta equipos de fútbol. Los barones de las drogas de Cali no son partidarios de la violencia, aunque no dudan en ejercerla si es necesario. Las siguientes palabras de los hermanos Rodríguez Orejuela, principales líderes, encierran la filosofía del cartel: "Nosotros no matamos jueces... los compramos".28
Por lo demás, el complejo sistema de inteligencia de la organización,
considerado en Estados Unidos como el más eficiente de su tipo en
América Latina, le permite saber con antelación operaciones
encubiertas, movimientos del gobierno, políticos sobornables, etcétera.
La ideología del narcotraficante
Los líderes del cartel de Cali abonaron una "ideología del narcotraficante", cuyos orígenes datan de tiempo atrás, pero que ellos desarrollaron al máximo. Lejos de negar o tratar de encubrir su actividad ilícita, la aceptan, asumen y justifican plenamente. Se autodefinen como defensores de los valores nacionales y luchadores por el progreso. Sostienen que su industria, aun cuando ilegal, beneficia a Colombia pues atrae enormes cantidades de dinero, promueve el desarrollo y reduce el desempleo. Como el negocio se orienta hacia el exterior, arguyen, no se fomenta el consumo de drogas en el país. La persecución gubernamental en su contra, consideran, la promueve la oligarquía tradicional por estar ajena al negocio de las drogas. Los narcotraficantes representarían entonces una capa social de trabajadores que tuvieron la capacidad y el empuje necesarios para desarrollar, con enorme éxito, una nueva empresa.29
El cultivo de esta ideología ha dado a los narcotraficantes una relativa aceptación social e, incluso, cierta identidad con algunas élites tradicionales. A ello ha contribuido que la segunda generación del cartel cuenta con "hombres de clase", educados en prestigiosas universidades del país y el extranjero, quienes administran los negocios legales de la organización.
El ascenso económico y social de los barones de la droga también
ha favorecido a otros grupos comerciales y financieros que han hecho verdaderas
fortunas de la mano del cartel.
LA GUERRA CONTRA EL NARCOTRAFICO
Desde el inicio del auge del narcotráfico en los años setenta y el consecuente aumento del consumo de drogas en los países industrializados, se inició una batalla frontal contra la actividad que a la fecha ha sido impotente no sólo para derrotarla, sino por lo menos controlarla.
Las estrategias para enfrentar el problema parten de dos percepciones y diagnósticos generales prácticamente antagónicos. Por un lado, los países consumidores de estupefacientes, encabezados por Estados Unidos, que consideran la oferta del producto como la principal causa del mal; por el otro, las naciones productoras que argumentan que es la demanda la que mantiene y fomenta el fenómeno.
Estos planteamientos encontrados del problema han condicionado la relación entre Colombia y Estados Unidos en los últimos 30 años. Una de las principales diferencias radica en los efectos concretos del narcotráfico en esos dos países: "Mientras que para Estados Unidos el problema es el narcotráfico, para Colombia lo es la narcoviolencia o narcoterrorismo, es decir, la capacidad de los narcotraficantes de imponer por las armas sus puntos de vista tanto en sus relaciones internas como frente al Estado y a los movimientos populares."30
En consecuencia, la guerra en contra de las drogas no es una sino dos, con múltiples niveles, escenarios, prioridades y objetivos. De ahí su enorme dificultad para coordinarla al gusto de todas las partes.
En Estados Unidos el narcotráfico representa un grave problema, pues implica una profunda desorganización social y cultural, merced a los millones de jóvenes expuestos a las drogas y las mafias que crecen y luchan por el control interno del negocio. Asimismo, representa un gasto brutal de la sociedad en el consumo de estos productos. En febrero último, el responsable en Estados Unidos de la lucha contra las drogas, Barry Mc Caffrey, informó que en 1996 sus compatriotas gastaron 49 000 millones de dólares en drogas, de los cuales 31 000 millones correspondieron a la cocaína.31
Para el gobierno de Washington, el narcotráfico representa un asunto de seguridad nacional; el presidente George Bush lo calificó como "el principal enemigo de Estados Unidos". Sus esfuerzos están encaminados a combatir la oferta donde ésta se genera, por medio de la destrucción de los carteles de la droga. Sin embargo, este empeño no ha fructificado e incluso algunas de las estrategias han resultado contraproducentes. Un ejemplo claro de ello fue la asistencia al gobierno de Bolivia en 1987 de 48 millones de dólares, para erradicar 26 000 hectáreas de plantíos de hoja de coca en los próximos seis años. En ese lapso los campesinos bolivianos habilitaron en otras zonas del país más de 35 000 hectáreas para la coca, con lo que afectaron la siembra de otros productos legales.32
Diversos analistas sostienen que el enfoque estadounidense en torno de la oferta está no sólo destinado al fracaso, sino que beneficia la actividad misma que ataca. En la práctica, la represión de la oferta detiene la caída natural del precio de la droga, considerando que éste, al igual que el de los productos primarios, es altamente elástico y su demanda inelástica, lo que implica que el precio tenderá a bajar a menos que suceda un aumento intempestivo del consumo o una seria represión de la oferta. Es decir, a menor oferta, mayores niveles de excedente para los narcotraficantes. Por otra parte, las medidas aplicadas hasta ahora para encarecer los costos de la ilegalidad (confiscación de algunos recursos bancarios, destrucción esporádica de plantíos y laboratorios, etc.) y combatir a los mecanismos financieros para el lavado de dinero han sido muy limitados.
El objetivo fundamental de Colombia en su lucha contra las drogas es combatir el narcoterrorismo. A principios de los ochenta, y en pleno auge del cartel de Medellín, las autoridades colombianas emprendieron una política de guerra frontal en contra de los narcotraficantes. A finales de ese decenio los resultados de esta estrategia eran desoladores. El narcotráfico nunca dejó de crecer, ni tampoco su capacidad de violencia.
En los noventa las autoridades colombianas optaron por la negociación directa con los carteles, pues la situación era ya insostenible. "La prioridad era contra el narcoterrorismo, pues con las primeras bombas la opinión pública pedía la cárcel para los narcoterroristas, con las siguientes pedía la extradición, pero a partir de la cuarta bomba empezaba a pedir que los indultaran."33
A los narcotraficantes que se entregaran y colaboraran, las autoridades ofrecieron no extraditarlos a Estados Unidos, sentencias reducidas y otras concesiones. La estrategia dio frutos. La violencia de las drogas se redujo en forma notable y se logró el encarcelamiento de varios barones de la droga. La contraparte, empero, fueron las sentencias ridículas que se dictaron y las excesivas comodidades carcelarias que se otorgaron, lo que permitió a los narcotraficantes seguir manejando sus negocios desde sus celdas. En este sentido, el caso más extremo fue sin duda el "encarcelamiento" de Pablo Escobar en la prisión La Catedral en 1991. El capo invirtió alrededor de dos millones de dólares para acondicionar la cárcel y transformarla en una hacienda de cinco estrellas, con todo el equipo e infraestructura para seguir dirigiendo desde ahí sus asuntos. Al sentir amenazada su seguridad, Escobar "escapó" trece meses después: salió caminando tranquilamente y rodeado de su cuerpo de seguridad.34
El gobierno colombiano ha emprendido en los últimos años una gran ofensiva diplomática en la que insiste en el carácter internacional del problema. Ratifica que la demanda es la base del negocio y que el país no ha recibido reciprocidad por sus acciones en contra del narcotráfico, como podría ser la reducción permanente, generalizada y sin condiciones de aranceles de Estados Unidos y los países europeos, para impulsar las exportaciones legales del país.
A la fecha, la estrategia colombiana ha sido exitosa en el logro de
su principal objetivo: la reducción considerable del narcoterrorismo.
En cambio, ha sido poco eficaz al combatir la producción y comercialización
de las drogas. En realidad la represión de la actividad es un tanto
desorganizada, orientada más a satisfacer a Estados Unidos que a
lograr resultados concretos. Los esfuerzos últimos se han concentrado
en la destrucción de la hoja de coca y en la confiscación
del producto final, pero con resultados muy limitados.
¿Se puede derrotar al narcotráfico?
Al margen de la discusión en torno al origen del problema, las estrategias utilizadas para combatir el narcotráfico, tanto en los países consumidores como en los productores, han sido un fracaso y sólo han logrado controlar por períodos cortos esa actividad ilegal.
Además de contar con un número de abastecedores casi infinito, el narcotráfico ha desarrollado un alto nivel de complejidad que prácticamente lo torna en un enemigo invencible. Esto se manifiesta en los cientos de laboratorios en los que se procesa la droga, los cuales son cada vez más pequeños, flexibles y eficientes, lo que permite desmontarlos y trasladarlos con gran facilidad; la enorme flotilla de aviones para el transporte aéreo del producto, que incluye desde pequeños Cesnas hasta poderosos Boings 727, así como diversos barcos cisterna y una compleja infraestructura en varios países de tránsito, como pistas clandestinas, almacenes, etcétera.
Los carteles colombianos han diversificado los puntos de origen del traslado de la droga al mercado de Estados Unidos. A los países tradicionales de tránsito (México, Panamá y en general los centroamericanos) se han unido Japón, Hong-Kong, China, Rusia e Italia.
Las formas de introducir la droga también han evolucionado en forma increíble. Por ejemplo, la cocaína se infunde con una resina plástica, con base en clorhidrato, y se forma un compuesto que luego se inyecta en moldes de productos de plástico, como maletas, bañeras, partes de automóvil, etc. Una vez en el mercado de consumo se somete al producto a un proceso de reversión química para recuperar el estado original de la cocaína.35
Asimismo, los avances tecnológicos en los últimos años en el sector financiero, con base en las telecomunicaciones, aunado a las deficiencias de las autoridades colombianas para regular el flujo de capitales al país, permiten a los barones de la droga mover y blanquear con facilidad sus excedentes. "Mientras exista una ventanilla abierta para reintegrar las remesas laborales, facilidad para subfacturar importaciones y falta de regulación del sistema financiero, las posibilidades de movilizar los excedentes son enormes."36 Por ejemplo, el 7 de marzo pasado The New York Times publicó que en 1996 la policía detectó que 12 empresas estadounidenses de servicios transfirieron de Nueva York a Cali, Medellín y Bogotá más de 1 200 millones de dólares, por medio de la empresa Western Union, especializada en transferencias de remesas. En la operación participaban alrededor de 1 600 personas que giraban diariamente cada una, más de 1 500 dólares.
Entonces, ¿cómo derrotar al narcotráfico? Al parecer
hay una salida al conflicto. "La única forma de alterar la actividad
sería operando sobre el excedente. Sin embargo, este resultado sólo
se lograría mediante una legislación que redujera el precio
a cerca de cero o a una acción de las diferentes áreas para
evitar la movilización de recursos"37 En efecto, la legalización
del consumo de las drogas es, técnicamente, la solución más
rápida y contundente del conflicto. Personalidades tan antagónicas
como el economista estadounidense Milton Friedman y el escritor colombiano
García Márquez así lo entienden y recomiendan esta
opción como única respuesta eficaz al problema del narcotráfico.
Empero, la legislación de la actividad se enfrenta a un sólido
grupo de opinión en contra, con base en consideraciones políticas,
sociales, de salud e, incluso, éticas y morales, por lo que su aplicación
es poco factible en los próximos años.
El affair Samper
Las tradicionalmente tensas y difíciles relaciones diplomáticas entre Colombia y Estados Unidos se deterioraron en forma alarmante a partir de una nueva intromisión del narcotráfico en la estructura política colombiana.
En agosto de 1995 el ministro de Defensa y excoordinador general de la campaña presidencial de Ernesto Samper, Fernando Botero Zea, fue arrestado por la Fiscalía General de la Nación acusado de aceptar seis millones de dólares del cartel de Cali para apoyar el arribo de Samper a la Presidencia. Botero aceptó haber recibido el dinero, pero por órdenes expresas de Samper, al que responsabilizó de toda la operación.
Las reacciones dentro y fuera del país fueron inmediatas. En medio de grandes manifestaciones públicas pidiendo la salida de Samper del gobierno, varios ministros, embajadores y funcionarios presentaron su renuncia en protesta contra el Presidente.
La reacción de Washington fue severa. En marzo de 1996 no certificó los esfuerzos de Colombia en la lucha en contra del narcotráfico, lo que afectó la entrega de financiamientos aprobados anteriormente por el BID y el Eximbank de ese país, y en julio le retiró de por vida la visa a Samper para ingresar a Estados Unidos. En febrero último, y a pesar de los esfuerzos del gobierno colombiano por asumir medidas más severas en contra del narcotráfico, Estados Unidos volvió a "descertificar" a Colombia, con lo que se incrementaron las sanciones al país.
Desde el inicio del conflicto y tras negar las acusaciones, Samper se puso a disposición de las máximas autoridades judiciales del país, las cuales no encontraron pruebas de que el Presidente supiera del ingreso de recursos del cartel de Cali a su campaña política. Ello permitió a Samper sortear con éxito el vendaval político, lograr consensos internos y permanecer en el poder. Cabe destacar que la más reciente descertificación estadounidense provocó un profundo sentimiento antiestadounidense en el país y un mayor apoyo de la población al presidente Samper. Éste, por su parte, rechazó la autoridad moral de Estados Unidos para aprobar las políticas de otros países, acusó a la Casa Blanca de pretender aprovechar la crisis de Colombia para imponer unilateralmente su estrategia contra las drogas y anunció una profunda revisión de la política antinarcóticos para establecer una nueva estrategia, lo apruebe o no Washington. El gran beneficiado de este conflicto diplomático es justamente el enemigo a vencer: el narcotráfico, que ante la falta de coordinación para su combate se fortalece aún más.
El narcotráfico, esa "máscara del diablo, con ojos sangrientos y tufo de azufre de los infiernos" que describe García Márquez, amenaza con perpetuarse en el país y comprometer su desarrollo futuro. Los beneficios económicos y sociales, míticos y reales, de la actividad se desvanecen cuando el problema se proyecta en el tiempo.
Sin duda, Colombia debe redoblar esfuerzos para combatir con eficacia los efectos nocivos del narcotráfico y aspirar a un encuentro con el futuro libre de estigmas y mitos, pero también de una realidad que hoy la condena a la incertidumbre y al subdesarrollo.
Notas
1. Stephen E. Flynn, "Erosión de la soberanía y la incipiente globalización del narcotráfico", en Colin M. Mac Lachlan (ed.), El narcotráfico, Instituto de Investigaciones Culturales Latinoamericanas, Tijuana, México, 1995, pp.49-84, y Roberto Steiner Sampedro, "Los ingresos de Colombia, producto de la exportación de drogas ilíctas", Coyuntura Económica, vol. XXVI, núm. 4, Bogotá, diciembre de 1996.
2. D.K. Whynes, "Illicit Drug Production and Supply Side Drugs Policy in Asia y South America", Development and Change, vol. 22, núm. 3, 1991.
3. Robert Filippone, "El cartel de Cali y el futuro de la lucha antidrogas", en Colin M. Mc. Lachlan (ed.), El narcotráfico, op. cit., pp. 25-48.
4. Eduardo Sarmiento Palacio, "Economía del narcotráfico", Desarrollo y Sociedad, Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico, Bogotá, septiembre de 1990, pp.13-40, y "Precisiones a la economía del narcotráfico", Desarrollo y Sociedad, Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico, Bogotá, marzo de 1991, pp.10-16
5. Entre ellos destacan los de H.J. Gómez, "La economía ilegal en Colombia: tamaño, evolución e impacto económico", Coyuntura Económica, Bogotá, septiembre de 1988; S. Kalmanovitz, "La economía del narcotráfico en Colombia", Economía Colombiana, febrero-marzo de 1990; J. Fernández, "La huella económica del narcotráfico", Carta Financiera, Bogotá, febrero de 1993, pp. 67-73. H.J. Gómez y M. Santa María, "La economía subterránea en Colombia", en Gran Enciclopedia Temática de Colombia, vol. 8, 1994, y A. O'Byrne y M. Reina, "Flujos de capital y diferencial de interés en Colombia: ¿Cuál es el problema?", en M. Cárdenas y L. Garay (comps.), Macroeconomía de los flujos de capital en Colombia y América Latina, T.M. Editores, Fedesarrollo, Bogotá, 1993. Una bibliografía más amplia puede verse en Roberto Steiner Sampedro, op. cit.
6. Los montos del tráfico de heroína son aproximados por las grandes dificultades para medirlos. La marihuana, en cambio, permite estimaciones más precisas por ser una droga que no requiere transformación.
7. Stephen E. Flynn, op.cit
8. "¿Por qué subió el contrabando después de la apertura?, Carta Financiera, Asociación Nacional de Instituciones Financieras, Bogotá, diciembre de 1996-enero de 1997, pp. 4 y 5.
9. CEPAL, Balance preliminar de la economía de América Latina y el Caribe, Santiago, Chile, 1993.
10. Roberto Steiner, "La reciente afluencia de capital extranjero a Colombia", Coyuntura Económica, junio de 1996.
11. Para un análisis más detallado sobre la política económica y sus principales instrumentos y objetivos, véase Alfredo Castro Escudero, "Colombia: luz y sombra de la apertura económica", Comercio Exterior, vol. 44, núm. 5, México, mayo de 1994, pp. 424-431
12. Mauricio Cárdenas y Felipe Barrera, "Sobre la efectividad de los controles de los flujos de capital en Colombia", Coyuntura Económica, Bogotá, junio de 1996, pp. 101-125.
13. Alfredo Castro Escudero, op. cit.
14. Mauricio Cárdenas y Felipe Barrera, op. cit.
15. Roberto Steiner, "La reciente...", op. cit., p. 93.
16. Richard B. Craig, "El narcotráfico ilícito de drogas: implicaciones para los países sudamericanos donde se origina", en Colin M. Mac Lachlan (ed.), El narcotráfico, op. cit., y Robert Filippone, "El cartel de Cali...", op. cit.
17. Rensselaer W. Lee, The Economies of Cocaine Capitalism, <http://www.his.com:80/ncosmos/lee.htm>.
18. Ibid. Cabe destacar que el gasto estadounidense en este rubro es de sólo 0.3% de su producto.
19. Rensselaer W. Lee, "Global Reach: the Threat of International Drug Trafficking", Current History, mayo de 1995.
20. Algunos autores estiman en menos de 5% las tierras de cultivo en poder de los narcos. Véase Álvaro Camacho Guizado, "Narcotráfico y sociedad en Colombia", Boletín Socioeconómico, núms. 24 y 25, Centro de Investigaciones y Documentación (Cidse), Colombia, diciembre de 1992, pp. 77-96.
21. Richard B. Craig, op. cit., p. 151.
22. Robert Filippone, op. cit., p. 32.
23. Michael Roemer, "La enfermedad holandesa y el crecimiento económico: el legado de Indonesia", Planeación y Desarrollo, edición especial, Bogotá, mayo de 1994, pp. 67-79.
24. Eduardo Sarmiento Palacio, "Precisiones a la...", op. cit., p.15.
25. Ibid. Así, se puede afirmar, sin más, que a mayor exportación de droga, menores ventas externas de otros productos.
26. Eduardo Sarmiento Palacio, "Economía del narcotráfico", op. cit., p. 35.
27. Robert Filippone, op. cit., p. 28.
28. Rensselaer W. Lee, "Global Reach...", op. cit.
29. Esta particular visión sociológica de "guerra de clases" y crítica al gobierno están contenidas en un libro que causó enormes repercusiones y polémica en Colombia, Un narco se confiesa y acusa: carta abierta al pueblo colombiano, Colombia Nuestra, Bogotá, 1989. Citado por Camacho Guizado, op.cit.
30. Ibid., pp. 80 y 81.
31. Excélsior, 27 de febrero de 1997.
32. Rensselaer W. Lee, The Economies..., op. cit.
33. Gabriel García Márquez, Noticia de un secuestro, Diana, México, mayo de 1996, p. 87.
34. Pablo Escobar intuyó que el gobierno de César Gaviria cedía a las presiones estadounidenses para extraditarlo a ese país. Escobar llevó a cabo entonces, como escribió García Márquez, "la más grande ofensiva de terrorismo dinamitero de la historia del país". Las autoridades no cedieron y se lanzaron a la caza del narcotraficante más buscado y famoso del mundo. El 2 de diciembre de 1993, a los 44 años, Escobar fue abatido en el barrio Los Olivos de Medellín por fuerzas especiales del gobierno.
35. Robert Filippone, op. cit.
36. Eduardo Sarmiento, "Economía del narcotráfico", op. cit.
37. Ibid., p. 35.