Estrategias digitales: desmitificando el mundo de internet
Por Jorge Maturana
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La florida retórica de los llamados nuevos paradigmas de la red
global, pretendían llamar la atención sobre el novedoso atractivo de las
nuevas formas de comunicar y hacer negocios, pero no hicieron más que
mitificar una imagen de internet creando un revuelo
donde muchas puntocom, dejando de lado reglas
elementales del juego de negocios, tomaron parte en una esperanzadora carrera
competitiva que terminó por desvirtuar lo atractivo del sector. Las
decepcionantes consecuencias de un rumbo equivocado no se hicieron esperar,
como ahora lo sabemos. Al hablar desde el lenguaje retórico de la nueva economía
digital, de los amplios espacios virtuales, de las nuevas formas de hacer
negocios, en contraposición con la economía de cosas, el espacio real y el
negocio tradicional, se pensó que la nueva era del cambio dejaba por tierra
las antiguas estrategias. Sin embargo, la praxis demostró que por muy
galopante que sea el cambio, siempre debe permanecer invariable algún
sustrato esencial donde prender las determinaciones del cambio. Buena parte de la confusión se debió a una visión de sentido
estrecho que identificó a internet persistentemente
con algún concepto en particular, siendo que en un sentido más amplio y
realista, internet no es ninguna cosa en especial
sino un conjunto de conceptos estrechamente vinculados e interdependientes.
Internet es tanto un fenómeno socio-cultural como un conglomerado de
poderosas tecnologías de información; asimismo constituye tanto un nuevo
espacio de comunicaciones como una nueva plataforma de negocios; finalmente, internet es virtual y real a la vez. La visión estrecha de internet tuvo
drásticas consecuencias en las puntocom y ahora
podemos enumerar algunos de los errores más frecuentes en que incurrieron:
Hoy, después de la experiencia pasada y a la luz del significado
amplio de internet, es pertinente resarcir las
preguntas de los comienzos que fueron erróneamente contestadas: ¿Qué es
realmente internet?, ¿Qué tienen en común y cuales
son sus diferencias con otras TI?, ¿Se necesita de una estrategia internet especial?, ¿Dónde radica su fuente de ventajas
competitivas sostenibles?, ¿Cómo se relaciona y cual es su impacto en los
canales preexistentes?, entre otras. La respuesta plausible a estos interrogantes sólo puede provenir
de analizar el significado e implicancias de todos y cada uno de los
conceptos que constituyen el sentido amplio de internet,
como veremos a continuación. Internet como conjunto de herramientas tecnológicas Ahora que sabemos que una parte del corazón de internet está conformado por una batería de tecnologías
de información, también sabemos que este núcleo no podría estar divorciado de
algunos de los rasgos que son comunes a todas las TI. En primer lugar, las tecnologías internet
si bien constituyen poderosas herramientas, no por eso dejan de ser
tecnologías de información tanto como cualquier otra y por ende susceptibles
de ser utilizadas, a favor o en contra, en casi cualquier aspecto del mundo
de los negocios. Ya no es nada nuevo hablar de intranet, extranet,
interfaces web de administración de sistemas; y
también, la mayoría de los sistemas CRM, ERP, etc., se están construyendo con
asiento en estas tecnologías. En segundo lugar, es importante considerar que un rasgo típico
de las tecnologías de información es que en la práctica rara vez constituyen
por sí mismas ventajas competitivas, puesto que el posicionamiento que pueda
esperar obtener de ellas depende de una serie de condiciones que deben
verificarse en el interior de las organizaciones y su entorno, siendo una
parte importante de éstas extrínsecas a las tecnologías en sí. En tercer lugar, es frecuente en el cambiante mundo tecnológico,
que todo aquello que inicialmente se adopta con fines tácticos y
estratégicos, rápidamente se constituye en un componente operativo crucial
para el funcionamiento del negocio, transformándose muy luego en parte
integrante de las reglas del juego del negocio, es decir, de la dimensión
operativa. Las TI y sus buenos métodos son fácilmente replicables, por lo que
su introducción en el mercado tiende a producir un efecto de nivelación en
las prácticas de negocio asociadas, disminuyendo con esto la posibilidad de
crear ventajas operativas sostenibles. Por esto, al contemplar internet desde
su perspectiva tecnológica, todo apunta a que el provecho que pueda obtenerse
de ella depende, no de la tecnología en sí, sino de como la usemos en
relación a la estructura de la industria. El valor económico no lo crean las
tecnologías sino sus usos. Adquirir e implementar tecnologías, por muy
potentes que estas sean, no equivale en absoluto a implementar un negocio ni
que espontáneamente logremos avances y mejoras sustanciales en la
productividad de la empresa. Una tecnología no es táctica ni estratégica por
sí misma, sino por el uso que de ella se haga. Internet como fenómeno sociocultural Dentro del concepto amplio de internet,
también encontrábamos que más allá de lo intrínsecamente tecnológico
constituye un nuevo paradigma cultural en evolución, aunque fuertemente
apalancado por el desarrollo de las tecnologías de información y
comunicación. Este nuevo paradigma consiste en la irrupción de un nuevo
espacio comunicacional, interactivo, de amplio
alcance y universal, que ha cimentado una importante infraestructura social
para las comunicaciones y transacciones humanas, posibilitando a la vez,
desde una perspectiva empresarial, una nueva modalidad de intercambio
mercantil, como asimismo la creación y diseminación de nuevas relaciones
productoras de valor propio para las organizaciones, clientes y proveedores. En consecuencia, las proyecciones del negocio electrónico no son
indiferentes a su territorialidad, puesto que están directamente vinculadas a
la evolución de los patrones de comportamiento del consumidor, la idiosincracia, la creación de hábitos, la educación
divulgativa y profesional, la penetración de la tecnología en los hogares,
como asimismo, a la capacidad de adopción tecnológica manifestada por las
empresas de la localidad. Por ejemplo, dentro del comercio electrónico latinoamericano,
que se ha caracterizado por su asimetría tecnológica-cultural, cada país
ofrece escenarios diferentes en cuanto a infraestructura logística, sistemas
de pago, hábitos de consumo, políticas estatales, legislación gubernamental,
nivel de integración entre tecnología y costumbres, etcétera. Este rasgo de internet, que la conecta
con la peculiaridad cultural presente en cada región, hace necesario generar
y ejecutar estrategias localizadas que respondan coherentemente al estado en
que se encuentran dichas variables en el medio respectivo, y desechar de
frente el denominado "comportamiento de manada" que persigue
reproducir las prácticas y modelos exitosos en otros países, pero con un
nivel diferente de desarrollo. Los modelos de negocio que fructificaron en un
determinado medio no tienen por qué dar los mismos resultados en otro entorno
cultural diferente y la inyección de capital debe ser dosificada
armónicamente con la curva de evolución cultural de cada región. Internet tiene una parte virtual y otra real Los ebusiness puramente digitales no
existen en la realidad. El negocio electrónico siempre tiene dos caras,
aunque es común preocuparse por sólo una de ellas: el front-end digital o circuito web
olvidando en esto el trasfondo de ladrillos y cemento que finalmente permite
cumplir la promesa de servicio al cliente. Un proyecto de comercio electrónico
siempre engloba ambos aspectos y todo lo que pudiere haber de electrónico,
digital o virtual, es solamente una parte del problema. Desde esta otra cara de internet, un
proyecto de comercio electrónico tendrá que habérselas, en primer lugar, con
el problema de procurarse una sólida infraestructura operativa que a lo menos
cuente con un call center,
un centro de facturación, mecanismos de resolución de medios de pago, un
centro de almacenaje y una adecuada logística de despacho focalizada en el
servicio al cliente, y en último término, deberá contar con todos los
procedimientos administrativos, de control y sistemas de información para
apoyar la gestión administrativa, financiera y contable de un negocio
tradicional. Obviamente, el obtener esta infraestructura, ya sea por vía
directa o indirecta, significa considerar dentro del presupuesto un capital
no menos relevante que lo requerido para implementar el circuito virtual.
Pareciera que el movimiento de objetos sigue siendo tanto o más caro que el
movimiento de bits, razón suficiente por la que no debe desestimarse el
impacto de la inversión de capital en la parte del proyecto que toca con la
economía de cosas. Por esta misma razón, las puntocom que
provienen de un "brick and
mortar" parecieran tener una ventaja adicional
respecto a las que no, pero solamente en la medida que sepan sacar partido de
su experiencia, de su marca y logren integrar convenientemente su
infraestructura operativa legada con el nuevo negocio electrónico.
La nueva plataforma de comunicaciones de la red global ha
posibilitado el sustento para realizar toda clase de conversaciones,
transacciones e intercambios mercantiles, pero de ahí a decir que depredará a
los otros medios tradicionales es una conjetura ya desvirtuada por los
hechos. Sin embargo, tampoco constituye un mero complemento a los canales
preexistentes. Las personas siempre elegirán su conveniencia en orden a las
circunstancias que acompañan sus decisiones a la luz de las alternativas de
servicios, precio, comodidad, diversidad de canales y formatos
transaccionales puestos a su disposición. El negocio a través de internet a
probado que lejos de canibalizar o estrictamente
complementar las formas de negocio preexistentes, les ha conferido nuevas
oportunidades: (i) al exigir el desarrollo y fortalecimiento de actividades
físicas de otras partes de la cadena de valor del negocio tradicional, y (ii) al permitir la creación de nuevas formatos de
transacciones mediante la pegamentación de partes
del circuito de negocios tomados de un canal con el de otro. Por ejemplo, en muchos casos se ha demostrado que el aumento de
la producción de catálogos impresos ha sido un buen incentivo para la compra
online; que la promesa de servicio tras la rapidez del click
ha impuesto exigencias logísticas que han requerido una mayor demanda de
actividades físicas de almacenaje y despacho; del mismo modo, la
intangibilidad de la compra ha requerido de un desarrollo importante de la
logística inversa; asimismo, los servicios de call center han debido reestructurarse y fortalecerse para
atender una mayor demanda de servicios por parte del cliente online. Por otra parte, muchos clientes han manifestado que les
acomodaría la navegación y elección de sus productos a través del circuito
online, pero que preferirían efectuar el pago o retirar sus productos en la
tienda física, y finalmente realizar el tracking de
su compra por internet. El mismo concepto de kiosco
virtual cobijado en una tienda física sugiere que el cliente pueda comenzar
su compra en el flujo online pero terminarla en el circuito físico.
Análogamente, la combinación de una cómoda navegación web
con la finalización de la transacción vía una central de fonocompras
puede dar excelentes resultados. La irrupción del comercio en internet,
si bien ha significado reclutar para sí una masa creciente de clientes
sustraída del comercio preexistente, por el otro lado, las actividades
tradicionales muchas veces se han visto incrementadas o forzadas a
desarrollar otros mecanismos coadyuvantes, y el activo crítico, tal como el
personal especializado, los sistemas logísticos, el inventario, los medios de
pagos propietarios, etc., han permanecido intactos o han debido fortalecerse
como fuente de ventaja competitiva.
En realidad, todo el camino recorrido hasta aquí, como se habrá
percatado el lector, no perseguía otra finalidad que acicalar el punto
central de por qué la administración estratégica sigue siendo una herramienta
tan vital para la gestión empresarial en Internet. Pero entonces, ¿por qué
darse tantas vueltas, siendo que lo esencial que hay que saber del tema
estratégico puede decirse sin rodeos en unas cuantas líneas?.
La razón de tal digresión es por el hecho de que estimamos que lo
verdaderamente importante es, primero comprender y después convencernos de
por qué esto es así. Y para ello ya contamos con alguna evidencia. En la medida que el entorno experimenta transformaciones que lo
hacen tan drásticamente cambiante, la tensión se desplaza a la zona de
interacción donde se sitúan los puntos de acoplamiento entorno-empresa.
Entonces comprendemos que lo que verdaderamente necesitamos es una
herramienta que nos permita manejar apropiadamente dicha interacción; y la
respuesta se llama administración estratégica. Administrar estratégicamente significa precisamente manejar la
interacción simultánea del sistema entorno y el sistema empresa. Mirando
hacia el entorno nos dirigimos a aprovechar sus oportunidades y neutralizar
sus amenazas, y desde la empresa, a incrementar sus fortalezas y disminuir
sus debilidades. ¿Y cómo funciona esto?. Básicamente,
mediante el diseño y ejecución de una estrategia competitiva. Para ello se
requiere focalizarse en sólo dos factores determinantes de una rentabilidad
sostenida: el conocimiento de la estructura del sector industrial y el
posicionamiento mediante ventajas competitivas sostenibles. El atractivo estructural del sector industrial lo conocemos
mediante la elucidación de un modelo basado en cinco fuerzas competitivas: el
juego de los competidores actuales, las barreras de ingreso de potenciales
contendores, las amenazas de productos o servicios sustitutos, el poder de
negociación de los proveedores y el poder de negociación de los adquirentes. Para alcanzar un posicionamiento vía ventajas competitivas
sostenibles que nos permita superar el desempeño del competidor medio, hay
dos estrategias posibles: vía reducción de costos, lo que significa aumentar
la eficacia operativa haciendo mejor las mismas cosas que hacen todos, o ser
exclusivo, lo que implica distinguirse del resto haciendo cosas diferentes. Internet influye a favor o en contra de la mayoría de estos
aspectos. Por ejemplo, la estructura del sector se ve fuertemente afectada
por la expansión del alcance del mercado, donde aumenta el numero de
competidores y los mercados locales se ven invadidos por competencia exógena; al carecer de regulaciones explícitas, las
barreras de entrada son prácticamente inexistentes; internet
incrementa sustancialmente el poder de negociación de los compradores al
proporcionarles mayor información junto con disminuir los costos del cambio
(la rapidez del click permite fácilmente cambiar de
proveedor sin moverse de la casa o del puesto de trabajo); en la medida que
los fabricantes se integran a la red y desarrollan capacidades de llegada
directa al cliente final, la intermediación puede operar importantes
transformaciones. Por otro lado, el uso de las tecnologías internet
aparece como un facilitador de la eficacia
operativa al proveer una plataforma abierta y estandarizada para el
intercambio online de información que promueve mejoras en toda la cadena de
valor. Es cierto, pero como señalábamos, este mismo rasgo al estar disponible
gracias a la misma plataforma a un número mayor de empresas, favorece su
rápida adopción por la competencia dejando de constituir una ventaja
competitiva. Debido a esta fuerte tendencia niveladora de la eficacia
operativa, pareciera que la real fuente de ventaja competitiva de Internet
está por el lado de lograr un posicionamiento vía una estrategia de
diferenciación. Y para esto se requiere mas que nunca de una orientación
estratégica creativa en un terreno donde no hay algoritmos ni formulaciones
que nos arrojen una solución matemática exacta: se trata de crear o inventar
algo tan especial que la competencia no pueda imitar; se trata de incorporar
grandes innovaciones en la cadena de valor que permitan generar productos o
servicios puestos con un valor único. Pero hasta aquí, todo vale para cualquier negocio. Sin embargo,
si lo que buscamos es el eje del cambio, entonces debemos primero colegir
cual es la diferencia medular entre el antiguo y el nuevo negocio. En realidad, la esencia básica del negocio no ha cambiado. Las
actividades de valor que permiten el diseño de productos y servicios para ser
transados con rentabilidad sostenida en un determinado sector, constituye la
esencia y finalidad de un negocio; y todavía no se ha inventado algo nuevo,
por lo menos desde este punto de vista. Pero otra cosa diferente son las oportunidades que nos brinda internet para crear nuevos productos y servicios, nuevas
actividades de valor y nuevos formatos transaccionales operando sobre nuevos
y antiguos canales o combinaciones plausibles de estos. Esto si está
cambiando drásticamente gracias a internet y es
aquí donde reside tanto el núcleo del cambio como la fuente de ventaja
competitiva. Por ejemplo, las puntocom coadyuvadas
por un negocio tradicional, ya sea por hiper-integración
vertical cuando se trata de un mismo holding, o por asociación horizontal si
son diferentes, pueden unir partes de los eslabones de la cadena de valor de
distintos circuitos o canales configurando nuevos formatos transaccionales,
productos o servicios que rescaten lo mejor de ambas partes.
Las actividades y acciones que giran en torno a las métricas del
click, si no están encaminadas y comprometidas con
una estrategia coherentemente dirigida a producir valor propio para la
organización, están desposeídas de la esencia del sentido empresarial. Y el
posicionamiento que podemos esperar lograr en los negocios a través de internet, se obtiene al escrutar las ventajas
competitivas sostenibles que surgen del cruce simultáneo de las variables
implícitas en cada uno de los conceptos que conforman el sentido amplio de internet, centradas en los procesos de creación de:
nuevos productos, nuevos servicios, nuevos formatos transaccionales y nuevas
actividades de valor, todo esto circulando a través de los nuevos y antiguos
canales o asociaciones adecuadas de estos. Internet constituye en sí un sistema global y globalizante, por lo cual, el verdadero potencial
económico que pueda generar solamente se maximiza al considerar las
contribuciones de sus partes respecto al todo y no asidas individualmente. Por ejemplo, el B2B y
el B2C que regularmente se
distinguen como aspectos de negocio diferentes, corresponden a abstracciones
arbitrarias y parciales de un todo B2B2C,
que al divorciarse del lugar que ocupan en el sistema global, menoscaban el
potencial de valor y las economías de escala del conjunto. Las estrategias
basadas en el enfoque "B2B
versus B2C" son ingenuamente
estrechas y limitadas. El genuino valor que pueda esperarse lograr sólo llega
cuando se integra B2C con B2B (ya que además, es sumamente
riesgoso que cada uno vaya por su lado). Los ebusiness que obtendrán el mayor
provecho y subsistirán, son aquellos que logren comprender la simbiosis de
estos componentes en la cadena de valor total del sistema y se propongan
seriamente alinear sus objetivos en torno a una estrategia común que
considere el compartimiento del conocimiento y los activos tecnológicos por
ahora caros, junto con encaminar coherentemente su desarrollo hacia aquellos
aspectos donde poseen expertise, o hacia aquellas
especialidades que plausiblemente puedan desarrollar a futuro. |