La mare

 

La meva mare és preciosa i mitjana, es diu Rosa. M’agrada la seva forma de parlar i sempre està contenta amb mi. Em cuida molt bé i quan ella treballa jo li dono un massatge.

 

Marta Escobar Fernández

 



La mare

La meva mare sobretot m’estima, em cuida i es preocupa per mi. També juga amb mi, em dóna consells i m’explica coses que jo encara no entenc. Tots dos llegim contes molts bonics com: La caputxeta vermella o Els tres porquets, i després m’adormo tot pensant: Quant m’estimo a la meva mare!

Adrià Galeano Bernal



La mare

La meva mare sempre tindré

estimant-me i a la vora meva.

Quan estic a prop d’ella,

jo ja em sento estimat.

Els seus sentiments

me’ls expressa somrient.

Estic molt orgullós d’ella.

Per mi ella és la més bella.

 

Francisco Javier Aranda Cano




La madre

Mi madre es especial para mí, aunque casi nunca puede jugar conmigo y lo comprendo, porque trabaja mucho. ¡Quiero a mi madre más que a nada en el mundo!

Carlos Jesús Arjona Lucena

 




Mi madre me quiere

A mi mamá nunca olvidaré

y en mi corazón siempre la llevaré,

 

A mi mamá siempre la querré

y en todo momento a mi lado la tendré.

A mi madre le pido que me lleve a dormir

porque en los brazos de ella me siento feliz

 

A mi mamá mis cosas le contaré

y cogida de su mano, junto a ella caminaré,

Marta Salinas Castillo

 




La mare

 

La mare és com el sol que es reflexa en mi. Gràcies a ella jo estic viu i això li agrairé sempre. Quan estic trist, la veig i se’n va tota tristesa. Ella no em deixa mai estar desesperat; perquè estic segur que ella no em vol veure malament.. Quan em renya penso que no es justa, però després em paro a pensar i veig que només fa el deure d’una bona mare. Gràcies a ella he après lliçons molt importants que mai oblidaré. I el que més m’agrada d’ella és que m’estima de veritat.

 

David Sancho Vidal

 




La mare és la millor

 

A la mare ens l’estimem,

no fa falta fer un esforç

perquè encara que ens enfadem,

sempre té obert el cor.

 

La mare és molt carinyosa,

sempre ens guarda i ens cuida,

està per a qualsevol cosa,

sense ella no podríem viure.

 

Quan el dia ja s’acaba,

amb un somriure eixerit,

ella ens diu bona nit,

àngel meu, descansa.

 

Jéssica Antolín Calbo

 

 

 

Mi madre, la mejor madre

 

Mi madre es tan bonita como la luna.

Mi madre es tan hermosa como el sol

y yo le doy todo mi amor.

 

Mi madre es

como toda mi vida,

y su voz me llega

hasta el fondo del corazón.

En todo momento piensa en mí.

Cuando no estoy con ella

se preocupa, no está tranquila.

Cuando me viene a despertar,

la primera palabra que oigo

es la suya.

Como mi madre:

¡No hay ninguna!


Jordi Rovira Hernández



 

Sent Jove

 

Oh, mare meva!

de sobte he arribat

i a la teva vida

jo m’he ficat.

 

Una nit de desembre

us vau enamorar,

i jurant-vos amor,

us vau estimar.

 

Aquella nit de desembre

tots dos vau tenir por,

però vau ajuntar els vostres cossos

fins a la claror.

 

La història és trista,

comença així:

una mare enamorada

i un pare que va fugir.

 

Ella, sent jove,

va ensenyar-me a estimar,

sense cap rancor

ni cap maldat.

 

Ara que sóc gran,

feliç estic i molt ben educada,

perquè ella em va ensenyar

a estimar i a ser estimada.

 

Carolina Serrano Morillas

 

 



La madre

 

Los hijos siempre pensamos que nuestra madre es la mejor. Todos tenemos mucha razón. Todas son hermosas, bellas y a veces, tranquilas como el mar. Ella es quien nos dio la vida y el amor que nunca nadie nos podrá dar. Porque ese amor es especial, tan especial como ella.

Mi madre dice que cada vez que me mira, ve una estrella, y que cada vez que mira una estrella, me ve a mí. Me quiere mucho aunque no lo diga, y yo también la quiero. No lo decimos, aunque lo pensamos, y como las dos lo sabemos, no nos preocupamos. Seguramente hay mucha gente que dice que tengo razón, y yo lo sé. ¿Por qué? Porque los hijos de las mejores madres siempre lo pensamos.

 

Marta López Martínez

 

 

Ella

 

La que me dio la vida

la que me vio nacer.

 

La primera que me abrazó,

la primera que me besó,

la primera que susurrándome al oído una nana me cantó.

 

La que siempre está cuando la necesito,

la que llora hasta cuando me da un grito.

La que me hace llorar para un problema grande evitar.

 

A la que siempre querré y nunca olvidaré.

 

Ella, la que me dio la vida,

la que me vio nacer.

 

Ivan Fernández Zambrero

 

 

 

Gracias

 

A ti madre,

que me trajiste al mundo

para conocer la vida,

que me enseñaste todo

lo que no sabía.

 

A ti madre,

que cuando estoy triste y lloro

tú me llenas de alegría,

y siempre que te necesito

me haces compañía.

 

A ti madre,

que cada día que paso contigo

me enseñas más a valorar la vida,

que desde entonces comprendo

lo que sin ti yo sería.

 

A ti madre,

que lo has dado todo

por ver una sonrisa mía,

que nunca me has fallado:

¡Gracias! Te lo diré cada día.

 

Tamara Marín García

 

 

 

 

Recuerdos al nacer

 

            ¡Ah! De pronto mis movimientos no se limitaron a tensar mi pierna para dar una patadita o revolcarme un poco para dar una cabezadita; sino que noté como muy lentamente y a duras penas empecé a avanzar a través de esas viscosas y carnosas paredes. Me sentía como la cría de un conejo descendiendo por la madriguera. Pronto entendí el significado de ese cambio de posición, quizás había llegado el momento de abandonar esa coraza transparente que me nutria y cambiar de hogar.

 

            Había pasado ya mucho tiempo desde que abrí los ojos y contemplé el receptáculo donde estaba ubicado. Tiempo en que todo mi cuerpo se había desarrollado, aumentando todo mi volumen y mí peso de forma generalizada; pero nunca había descubierto el por qué de mi existencia, el lugar donde me encontraba y si alguna vez podría salir de él. Esta última pregunta se me empezaba a aclarar a medida que avanzaba. Predecía que mi vida daba un vuelco total.

 

                        Mi bajada por el interminable túnel no llegaba a su fin. A pesar del terrible ajetreo que sufría el pasaje, el viaje no llegaba a terminar. Sorprendentemente vislumbré la luz, algo que nunca había visto. El camino se estrechó terriblemente pero nada podía frenar mi inminente avance. Al fin en un hercúleo esfuerzo conseguí salir por el orificio que acedía a la libertad. Todo se volvió blanco ante mi limitada visión.  Un cuerpo enorme apareció ante mí después de la blancura. Me cogió por mis diminutas piernas como si de un muñeco se tratara y me puso boca abajo. Mi lloriqueo frenético se volvió en sollozos inocentes cuando contemplé esa imagen celestial. Aquel cuerpo que durante un tiempo había albergado y alimentado mi ser sin pedir nada a cambio. En esos precisos momentos me enamoré por primera vez.

 

            La situación estaba ya más estabilizada al cabo de un rato y yo empezaba a acostumbrarme al nuevo mundo que se había descubierto ante mí. Me arroparon para contrarrestar el frío que sufría y me llevaron a los brazos de mi amada, que con una cara derrochante de felicidad y alegría me pronunció estas palabras:

 

                         Hola pequeño, yo soy tu madre y cuidaré de ti.

 

            Jamás las podré olvidar, son palabras que difícilmente se repetirán a lo largo de tu vida, tan dulces, tan tiernas, tan puras. Me sentía seguro entre sus brazos, era el cobijo ideal para mi fragilidad y no lo abandonaría.

 

            De madre en el mundo hay una sola, aquella que ese mismo veintitrés de Agosto me dio a luz hace ya cuarenta y ocho años ¿Por qué me acuerdo de lo que sucedió en ese día y no de lo que pasó en los posteriores? Curiosidades de la vida, quizás el destino quiso que mi recuerdo no descansara hasta que estuviera, al fin, en reposo junto a mi madre. Espero que ella también tenga un vago recuerdo, allí donde esté, de lo que aconteció ese glorioso día.

 

Jaume Martínez Ferrer




 

El recuerdo de una imagen

 

Puedo imaginar tu rostro

mirándome al nacer,

una lágrima se desliza

por la suavidad de tu piel.

 

Tu mirada cálida y serena,

sol de mi amanecer,

tu sonrisa dulce y tierna,

que nunca olvidaré.

 

Unos acogedores brazos

me acarician y protegen,

mientras unos suaves cantares

mi tez adormecen.

 

Ese rostro permanece,

esa mirada, esa sonrisa al nacer.

Esa unión no perece,

tu calor, tu dulzura,

mi querer.

 

Laura Sancho Vidal

 




 

La llum de la vida

 

Estel que il·lumina constant

la fosca nit de la vida,

el costat més obscur i angoixant

quan el meu temor el crida.

 

Estel que il·lumina els camins

del meu anar a la vida

pels més intricats laberints

quan el meu dubte no albira sortida.

 

Estel que il·lumina de companyia

la solitud del coixí de la vida

i m’omple de força dia a dia

quan de fermesa em sento buida.

 

Llum càlida, vital i pacient,

plena de bellesa, tendresa i bon cor,

és ella, en la infinitat del firmament,

l’estel de més intensa lluentor.

 

 

Laura Sancho Vidal





 

L’opinió d’un orfe

 

 

 

Els primer anys de la meva vida els vaig passar

desconeixent la raó de la pròpia existència,

el per què de tants germans vaig ignorar

i el de tenir tantes mares sense procedència.

 

Vaig viure en una gran casa, fora de la ciutat,

amb vint-i-molts -no sé per què— “germans de cor”,

 anomenats per les mares “fills del cel desorientats”,

feliç i esperançadorament convivia sense cap por.

 

Els diumenges de missa eren els dies de l’esperança,

les mares vestides de negre, contemplava jo estranyat

com s’acomiadaven d’un germà, i la seva presència

ens deixava per anar-se’n amb una mare de veritat.

 

Passaren els anys de dolça i feliç innocència.

Per saber la cruel veritat d’aquella nombrosa família,

m’arribà el meu diumenge amb curiosa impaciència,

i em presentaren una mare anomenada biològica.

 

 

Gran llàstima m’aclaparà en saber la meva procedència,

 l’estranya mare em deixà d’infant en mans de Déu,

que m’integrà en braços de dolces mares al servei de l’excel·lència,

i ara em volen tornar a una mare sense referència.

 

No dubto que sigui la causant de la meva existència,

i agraeixo aquesta vida oferta i regalada,

però el possessiu natural no m’importa i indico la tendència

de l’amor cap a les persones que m’han estimat en conseqüència,

sigui un pare, un amic, la natura o la mare,

la meva opinió d’orfe.

 

 

Ramon Garcia




 

Records

 

 

Petitona era quan els estels et van portar cap a un indret que no podia imaginar, només sabia que era un lloc blau damunt del meu cap.

El pare deia que el cel és un lloc meravellós, on les bones ànimes gaudeixen d’una felicitat eterna, on es dorm en pau en núvols tous i es vola damunt de cavalls blancs. També deia que des d’allà dalt em vigilaries i que si plorava t’enutjaries. Per això et demano perdó mare, per totes aquelles vegades que he plorat la teva absència. Trobo a faltar els teus petons i carícies carregats de tendresa i d’amor.

 

Recordo aquell perfum que desprenies després d’abraçar-me i que durant tot el dia sentia a la meva roba “olor de mare”. Recordo les teves mans fines i suaus que m’ eixugaven les llàgrimes quan em sentia trista. Recordo els teus ulls plens de dol quan em posava malalta. Però també recordo els teus ulls  lluents quan et vaig regalar aquelles flors el dia de la mare.

 

 Trobo a faltar aquella sensació de benestar després de dir-me que m’estimaves. Recordo les teves cançonetes abans d’anar-me’n a dormir, que acompanyaves amb un profund petó i una frase que deia que dormís amb els angelets. Ara tu ets el meu angelet.

 

Et demano perdó, mare. T’he tornat a plorar.

 

 

Raquel Vazquez

 

 

 

Los días que no sale el sol

 

Sentado en este jardín,

los días que no sale el sol te escribo al cielo,

pudiendo escribirte, no te escribí,

pasaron los hombres, tu vida, mi tiempo.

 

Ahora me atrevo y te escribo,

y la sombra se torna color,

ya ves que aquí sigue vivo,

un mundo, tu adiós, mi dolor.

 

Buscaré una estrella por broche,

y cuidaré que esta vez no taladre

el frío ruido de esta noche,

el corazón de mi tiempo, mi dolor y mi madre.

 

 

Joaquín Chamorro Giraldo

 

 

 

La flor del meu jardí

 

T’observo mare,

observo com parles,

la teva mirada i el teu reposar.

 

La meva arribada al món,

una tardor de fulles perennes,

fou sota el caliu de les teves ales,

unes ales que em transportaven cap un món:

el nostre món.

 

Poc a poc, he descobert com interpretar

les paraules, les mirades i el teu repòs,

i he après també a entendre

quin és el fruit del teu dolor.

 

Tots nascuts d’un mateix ventre,

tots florits del mateix esforç,

sabem reconèixer aquelles feines

que fas pensant que no tenen valor.

 

Amagues els problemes

sense deixar que surtin més enllà

d’on les teves paraules cauen,

saps disfressar-los de colors.

 

I sovint quan et parlo a cau d’orella,

oloro la flaire d’una flor

que com cada cop que es rega,

al més mínim detall dóna valor.

 

Essent capaces de seguir endavant,

hem fet dels records amargs

una absència rica i plena,

que omple un jardí joiós i dolç,

que arreplega tot l’any primaverenques flors.

 

Perquè saps donar-me abraçades

que eixuguin les meves llàgrimes,

i perquè saps regalar-me somriures

que facin de les tristors alegries.

 

Només et demano mare:

que recullis el fruit d’aquesta flor

que floreix només per tu

i que desitja que únicament tu siguis

la més feliç d’un món

on ets tu la més bonica flor.

 

 

Verònica Guillén



¡Hola abuela!

 

            Como ves me he retrasado un poco en escribirte, os echo mucho en falta, pero sobre todo añoro nuestras charlas al pie del caño, mientras el abuelo recogía las verduras del huerto. No penséis que ya no nos gusta ir al pueblo para ayudarte con las tierras, sino que a causa del trabajo de padre y mis estudios, cada vez, la posibilidad de viajar hasta Zamora se hace más remota. Es como tu decías: ley de vida. Los años pasan y a medida que estos transcurren cada persona, cambia o las circunstancias le hacen cambiar. Cambia en ella su forma de pensar, de actuar ante las situaciones adversas, cambian las amistades, estrechándose las más fuertes y alejándose las más falsas, surgen los primeros amores y con ellos los primeros desengaños, pero sabes que, me he dado cuenta de que para lo bueno y lo malo y sin pedir nada a cambio, siempre hay alguien que está ahí. Unos la llaman mamá, otros su ángel de la guarda o su mejor amiga, pero siempre resulta siendo ella, la madre, mi madre. Aquella que cuando era pequeño me arropaba entre sus brazos, o la que dormía junto a mí cuando estaba enfermo. La misma con la que ahora discuto e intercambio duras palabras porque no me deja salir, o a la que rechazo un simple beso porque estoy delante de mis amigos. El abuelo solía decirme que somos fiel reflejo de nuestros padres, y me cuesta aceptarlo, pero al fin y al cabo, eso debería enorgullecerme. Quién si no nos ha sacado adelante a mí y a mi hermano, quién se ha preocupado por nuestra salud o por nuestros estudios. Y me culpo, egoísmo es un adjetivo al que suelo recurrir cuando deseo reprocharle algo, pero la verdad, aunque me cueste aceptarla, es que un simple beso o un detalle a destiempo, para ella será más satisfactorio de lo que sería para mí. Tal vez debería reflexionar sobre todo ello y recordarlo más adelante cuando me llegue el momento de cuidar de ella. No me gustaría pensar, y ni siquiera imaginar, que sus últimos días fueran en una residencia para jubilados o discapacitados, Dios no lo quiera, en vez de estar rodeada de su familia y de la gente que la quiere. Temo no haber sabido agradecerle lo suficiente, todo por lo que ella ha luchado para mejorar mi condición de vida, pero aún más, no haber sabido devolverle el cariño que ella me ha ofrecido. Nunca me he puesto a pensar cómo sería la vida sin ella, sin su apoyo. Pensamos que la vida a ritmo lento va y que habrá tiempo para todo, pero en cualquier momento, en el menos esperado, un ser querido puede faltar. Entonces, es cuando desearíamos echar la vista atrás y arrepentimos de todo aquello que hubiéramos querido decir o hacer y no hicimos. Pero supongo que por mucho que quiera rectificarme como bien dicen “El hombre es el único animal que cae dos veces en la misma trampa”, y aunque sepa de buenas manos que la imagen de una madre es una figura de imposible sustitución, hasta que no lo padezca en mi piel no sabré el gran vacío que dejará en mi corazón, la simple presencia de mí madre, tu hija.

 

            Pero bueno, supongo que con el tiempo iré madurando y, si no es así, sé, que al menos, tendré siempre a alguien al lado que me guiará por el buen camino.

 

Dale recuerdos a los tíos y a la panadera.

Un fuerte abrazo a los dos, con cariño:

Tu nieto.

 

 

Luis García Saludes



 

LA MARE, EL MEU ORGULL

 

Deixa’m estimar-te sempre,

deixa’m cuidar-te com un nadó,

protegir-te del món,

aquí, amagada al meu cor.

 

M’agradaria cridar tothom:

“mireu, aquí està,

la dona més bona que

pugueu trobar”.

 

No vull mai veure’t plorar

perquè les teves llàgrimes

em fan una ferida al cor,

somriu per sempre

que jo t’ompliré d’amor.

 

Mare de la meva vida,

sang de la meva sang,

no hi ha res que em faci més feliç

que poder sentir sempre el teu amor.

 

I poder dir que tu ets la meva mare,

és l’orgull més gran.

 

Saida Ruiz

 



A mi madre

 

Y vuela mi pensamiento

en un anhelo lejano,

que lleno de sentimiento

quisiera tocar tus manos.

 

Yo nací y no entendía

guiando fuiste mis pasos

a mi lado te tenía.

 

Tu morías y no entendías

viviendo fui tu agonía

a tu lado siempre estaba

de mi lado tu te ibas.

 

Madre coraje te llamo

sintiendo la mente fría.

Mi corazón desgarrado,

solo tiene un pensamiento:

quisiera tocar tus manos.

 

María del Mar Cañizares Peco

 



¡Gracias!  Mi pequeña flor.

 

            Hace ahora cinco años y en una ciudad llamada Guatemala, nacía una flor especial y bonita como bonitos son todos los niños. Aquella flor, querrá mucho y siempre a su bondadosa mamá porque buenas y bellas son todas las madres.

 

            Pertenecía a aquellas flores que en Guatemala crecen, y el viento azota, hasta que con su vaivén las hace tambalear y consigue desprenderlas del tallo al que nacieron unidas.

 

            Ocurrió que una tarde, una hermosa orquídea, pensando en la belleza de su tierra, en la crudeza de su destino y en la inmensidad del cielo, suavemente se durmió y tuvo un sueño. Un sueño, profundo y bello como bellos son todos los sueños de una madre. En su sueño, sintió la llamada maternal de una estrella que reconoció en la flor, el símbolo de toda la fuerza maya.

 

            Acariciándola dulcemente, le explicó su gran deseo:

 

"Entregar uno de sus pétalos al viento,

porque alguien,

en otro jardín, sueña, diariamente con protegerlo,

ofrecerle calma

y serenidad y así disfrutar de su lindo perfume"

 

            Al despertar, la delicada flor abrió sus ojos de espiritual belleza y consintió que uno de sus pétalos, se desprendiera, y volara libremente hasta convertirse por sí solo en otra orquídea de especial sensibilidad y color.

 

            Guiada por la estrella de su sueño y con su melodioso movimiento maya, se posó con suma delicadeza sobre unos brazos que la acariciaron tiernamente.  Así hasta quedar dormida en su regazo, iluminada, siempre, por la estrella que sonreía feliz.

 

            Aquella estrella, ahora podía volar a otra dimensión porque había conseguido su propósito:

 

"Dejar en los brazos de su querida hija,

a aquella pequeña flor,

para ser colmada de caricias y amor",

 

observadas, desde la lejanía, por su mirada cercana, organizadora y cómplice de ese gran viaje.

 

            "¡Gracias! a aquella estrella que siempre brillará en mi pensamiento"

 

            "¡Gracias! a aquella flor, que aceptó desprenderse de uno de sus pétalos, para que yo pudiese sentir el perfume deseado"

 

            "¡Gracias! mi pequeña flor por ofrecerme tu lindo aroma, por haber elegido mis brazos para apoyarte y con tu fuerza y color, hacerme gozar del sentimiento más puro y bello de todos los sentimientos:¡El de una madre!".

 

 

 

 

 

 

 

 

Isabel Ventaja Delgado

A mi madre

 

 

¡Si pudiera compartir contigo este fragmento de mi vida!

Si pudiera detener el tiempo en un instante,

éste seria el momento en el que se interponen dos de las imágenes que me atrapan sin querer.

 

 

Una, la imagen de la vejez que aprieta

y te conduce al adiós que ahora duerme en silencio.

Otra, el despertar de la niñez que brilla esperanzada

con mirada limpia al descubrimiento de la vida.

 

 

Todo ello, almacenado bajo mi piel buscando abrigo,

me obliga a mirar en un solo sentido y hacia un mismo lugar

donde, colocadas en diferentes estratos,

residen dos vidas paralelas

que convergen en mí porque son una.

 

 

Y cuando por cualquier efecto de seísmo

tiemblan y afloran a la superficie,

hacen que se fundan en una sola lágrima,

símbolo de unidad y amor que recibí de ti

y ahora yo ofrezco.

 

 

 

 

Isabel Ventaja Delgado

 

 

 

¡Estás ahí!

                                                                 

Te recuerdo paseando lentamente por la calle.

Esperando silenciosa,

sentada en un banco de la plaza.

Pasan horas vacías que adormecen el día

y llegas a la noche

Pensando entre tinieblas.

 

Me acerco a tu lado, me miras y sonríes.

¡Qué inocencia la tuya!

Bromeamos y acabas de mi brazo cogida,

Era lo que querías.

 

Pero llegó el día en que tus ojos, ya cansados,

dejan de mirar con armonía,

en que se apaga el brillo en tu mirada,

en que tu frágil sonrisa se quebranta.

 

Mas en mí sigues viviendo;

y es que fue tanto lo que me entregaste,

que aunque no late tu corazón,

yo sí lo siento.

 

Tu imagen se funde en mi recuerdo

y consigo contar con tu presencia.

¡Estás ahí!

Ahora soy yo la que te necesito,

la que deseo cobijarme entre tus brazos

para poder explicarte, tiernamente al oído,

el más maravilloso de los sueños:

 

"Apareció en mi vida una princesa.

Una niña de dulce y delicada imagen,

Que ríe, salta y dibuja con su vida,

la estela del amor que tú dejaste.

Con ella traduzco tus anhelos y caricias.

Ahora sé de tu amor y de tu entrega.

 

¡Si la vieras!

Es para mí, la vida y el triunfo de la fuerza,

frente al vacío desordenado y triste

que me dejó tu ausencia".

 

 

 

Isabel Ventaja Delgado

 

 

 

 

 

 

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