Lengua y Escuela
POR CECILIO GARRIGA ESCRIBANOQuiero empezar agradeciendo al Colegio Cultural el honor que me hace al invitarme a estar en este acto. Se lo quiero agradecer al Prof. Xavier Marín, y a mis profesores, al Sr. Navarro, al Sr. Vidal, al Sr. Gregorio y, aunque no esté aquí, al Sr. Amo, porque con ellos compartí muchas horas de mi vida. Con ellos aprendí valores, conceptos, palabras... Ellos despertaron en mí la afición por la historia, por la ciencia, por la lengua y la literatura...
Yo quería hablarles un poco de esto último, de lengua. Más que nada porque me dedico a su estudio; por cierto, fue aquí, en la Cultural, donde el Sr. Gregorio se encargó de despertar en mí el gusto por la lengua, y se lo tengo que agradecer.
A veces no se entiende muy bien, qué quiere decir eso de estudiar la lengua. Hace poco tiempo, un vecino al que aprecio muchísimo, me preguntó que qué enseñaba en la Universidad. Le contesté que Lengua. Y él volvió a preguntarme que qué lengua. Al decirle que Lengua Castellana, quedó desconcertado, porque esperaba que le dijera inglesa, francesa, alemana, o incluso latina... Pero castellana? Si todos, debía pensar, sabemos hablar castellano...
Ciertamente, la lengua se aprende sola. Aunque una persona no vaya en su vida a la escuela, aprende su lengua, se comunica con ella, y expresa sus necesidades cotidianas. Simplemente porque el ser humano tiene esa facultad de poder aprender la lengua de las personas que le rodean, sin esfuerzo, al menos sin esfuerzo hasta una cierta edad; solo hay que tener buenos modelos. Pasados unos años cuesta bastante más...
Entonces -pensarán-, ¿para qué se estudia lengua? En la lengua hay que distinguir dos partes bien diferenciadas: las reglas y las palabras. En lo fundamental, un niño, cuando empieza Primaria, ya conoce las reglas de su lengua, sin haberlas estudiado.
Sabe que no puede decir: el niña sino la niña
no debe decir: endesroscar sino desenroscar
no dirá: ayer comeré sino ayer comíIncluso va aprendiendo las excepciones:
no dirá ya yo cabo sino yo quepoLas reglas sirven para combinar las palabras entre sí, y que tengan sentido, que digan lo que realmente queremos expresar.
Otra cosa son las palabras. Las palabras sí que se pueden ir aprendiendo a lo largo de toda la vida. De hecho, siempre estamos aprendiendo palabra nuevas, y olvidamos otras, sin darnos cuenta. Y es muy importante conocer con precisión su significado, para emplearlas correctamente, para entendernos y para hacernos entender, para relacionarnos, en definitiva, con las demás personas.Cada palabra esconde una parte del mundo. A veces se trata de cosas concretas, que se pueden tocar: silla, árbol, zapato. Otras veces, con las palabras nos referimos a las personas: hijo, madre, profesor, jueza.
A lo largo del tiempo, las palabras pueden cambiar o aumentar sus significados:
*La palabra armario, en el s. XVI significaba ‘lugar donde se guardan las armas’. Más tarde, cambió su significado por el actual.* la palabra ratón ha aumentado su significado, y además del animalito roedor, es ahora un aparatito que sirve para usar el ordenador.
Estas palabras nos son muy conocidas a todos, y sabríamos, sin demasiado problema, explicar qué significan. Más difícil es explicar lo que significan los adjetivos: bueno, veloz, verde. ¿Han pensado alguna vez cómo explicar la palabra verde? Bueno; siempre podemos poner un ejemplo: la hierba, es seguramente lo primero en lo que pensamos...: el verde es el color de la hierba -dice el Diccionario de la Real Academia.
Pero hay otras palabras que son un poco más complejas. Son los llamados nombres abstractos. Suelen ser difíciles de explicar, pero son muy importantes para las personas, porque expresan valores: libertad, bondad, franqueza. Entre estos nombres está el que constituye el tema de estos Jocs Florals: solidaridad.
Vamos a pensar un poco en esta palabra:
solidaridad es una palabra relativamente moderna. En el sentido en que la conocemos hoy tiene apenas 150 años (eso es muy poco comparado con la antigüedad de otras palabras). Es de la misma familia que otras como sueldo o sólido.Aunque todos conocemos la palabra, pocos podríamos explicar lo que significa con precisión. A veces ni los propios diccionarios la explican con claridad.
El Diccionario de la Real Academia dice que solidaridad significa:
‘Adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros’.
La verdad es que la definición es un poco extraña. No se entiende muy bien. A mí me gusta más una definición que he encontrado en otro diccionario, que dice:
‘Relación consciente entre personas que tienen unos mismos intereses, y que supone la obligación moral de prestar asistencia y apoyo a los demás’.
Esta definición está más de acuerdo con el uso que hacemos normalmente de esta palabra:
- Solidaridad con los afectados del Huracán Mitch.
- Solidaridad con los damnificados del terremoto de Colombia.
- Solidaridad con los refugiados del Kosovo.
Pero este no es el único sentido de solidaridad. Parece que esta palabra esté especializando su significado y que solo sea aplicable a las tragedias que ocurren lejos y que salen por televisión, con las cuales está muy bien, qué duda cabe, ser solidarios. Pero esa lejanía a veces nos deja un poco fríos, y pensando que poco podemos hacer.
También solidario puede tener otros sentidos más sencillos, y más cercanos: se puede ser solidario con la anciana a la que cedemos el asiento en el autobús, con el compañero al que explicamos un ejercicio que no ha entendido, con el amigo con el que compartimos nuestro bocadillo.
Se puede ser solidario al pagar los impuestos, al donar sangre, al no tirar los papeles al suelo, al no dejar el coche en doble fila. Con acciones realmente sencillas.
De esa manera solidaridad deja de ser una palabra lejana y rimbombante, de significado impreciso, para ser una palabra cercana y a la que podemos invocar todos los días, con actos sencillos, que sumados, dan como resultado una sociedad más solidaria, más humana, más justa.
Y con la lengua también se puede ser solidario. Muchos conflictos son el resultado de la falta de comunicación, de no entenderse, de no escuchar, de rechazar al que habla diferente. Cuando uno aprende otra lengua, aprende también otra visión del mundo, otros valores, conoce otra cultura, aprende otra manera de pensar.
Permítanme acabar leyendo un fragmento de un libro titulado El lujo del lenguaje:“Todos los hablantes tenemos a veces una cierta tendencia hacia la xenofobia lingüística, explicable por el miedo y la desconfianza que sentimos por todo lo que nos resulta desconocido. Esta tendencia xenófoba (que muy probablemente está muy extendida) sólo puede ser dominada con dos medios: uno es el aprendizaje imparcial de otras lenguas -lo que nos adiestra en un relativismo provechoso-; el otro, la buena educación en el igualitarismo. En el fondo, la estima por todas las lenguas no es sino una cuestión de urbanidad inteligente. Xenofobia y chovinismo son las dos caras de una misma moneda: de un lado, el odio a la diferencia; del otro, el engreimiento, la autocomplacencia, la sensación de que sólo nuestro mundo, pequeño y familiar, es el mundo verdadero. (...) El mito cuenta que en el Paraíso se hablaba una sola lengua y que después de Babel un sinfín de lenguas se desparramaron a lo largo y ancho del mundo. El abanico esplendoroso de las lenguas es un espejo de la humanidad, es la conciencia que se manifiesta en millares de voces diferentes que cantan una canción única: la que habla de las raíces más hondas de la dignidad humana. De ahí que el amor a la propia lengua (sin xenofobias ni chovinismos) sea el amor al lenguaje, y también la estima profunda de todo aquello que nos hace humanos y nos permite, definitivamente, vivir en la coherencia”.
J. Tusón, El lujo del lenguaje
Barcelona, Paidós, 1997 (5ª ed.)Por eso creo que enseñar bien la lengua es uno de los principales cometidos de la escuela. Iniciativas como la de estos Juegos Florales, que sirven para fomentar la expresión de las ideas y el manejo de este instrumento tan importante que es la lengua, deben ser justamente reconocidas. Por todo ello felicito a los organizadores y a los participantes. Gracias
CECILIO GARRIGA ESCRIBANO ÉS EXALUMNE DEL COL·LEGI CULTURAL. ACTUALMENT ES PROFESSOR DE FILOLOGIA HISPÀNICA A LA UNIVERSITAT ROVIRA I VIRGILI DE TARRAGONA. AQUESTA XERRADA LA VA PRONUNCIAR EN EL MARC DELS VI JOCS FLORALS DEL COL·LEGI EL MAIG DE 1999.