LOS VERDADERAMENTE POBRES SEGÚN LA MADRE
TERESA
Estuvimos muy bien informados del entierro de
la Madre Teresa, verdaderamente impresionante. Se resaltó su dedicación a los
pobres de la India, a todos los enfermos y necesitados del mundo entero.
Recuerdo ahora un acontecimiento de su vida, que refleja su pensamiento en un
punto de interés en Guatemala cuando se habla tanto de la paz, de los derechos
del niño, de promoción de la mujer. Fue hace tres años, en un desayuno en la
Casa Blanca. Asistían 3,000 personas, incluyendo al Presidente Clinton, Al
Gore y sus esposas, dirigentes del Congreso y personalidades de las ciencias,
artes, banca, la industria. A todos cautivó.
Con voz pausada, esta mujer frágil, fustigó
con las enfermedades sociales que afligen a ese país. "Estados Unidos
tenía el prestigio de ser un país conocido por su generosidad hacia el
mundo. Hoy, esta gran nación se ha vuelto egoísta. Y la prueba, nos la da sus
leyes que permiten el aborto".
Conectando la violencia y criminalidad con
el aborto, sus palabras fueron: "Si
aceptamos que una madre mate hasta a su propio hijo, ¿cómo podremos moral y
legalmente señalar, criticar y castigar a la gente porque se maten los unos a
los otros?... Cualquier país que acepte el aborto, no enseña a su pueblo a
amar, sino a usar cualquier medio de violencia para lograr lo que ellos
quieren". La mayoría de los asistentes estalló en una sentida
ovación, poniéndose de pie, cosa que raramente ocurre en eventos tan calmados
y protocolares como este. Entonces, el Presidente alcanzó un vaso de agua con
rapidez, mientras la señora Clinton, Al Gore y su esposa miraban -inexpresivamente- a la Madre Teresa. Los
cuatro se encontraban muy incómodos.
"Mucha gente aquí, prosiguió Madre
Teresa, está preocupada por los niños de la India, por los niños del Africa,
por los niños de América Latina, donde sin duda muchos de ellos mueren de hambre. Otros, por enfermedades que
pudieron ser prevenidas. Es verdad y se agradece esa preocupación. Pero esas
muertes no están causadas por maldad humana, sino por la pobreza". Aquí,
ante la atención de todos -y tensión de algunos- pasó al tema candente.
"Hay mucha gente preocupada por la
violencia en este gran país. Y esa preocupación tiene razón de ser. Pero esa
misma gente no está preocupada por los
millones de niños que son asesinados por la deliberada decisión de sus propias
madres. Y esa multiplicidad de abortos es el gran destructor de la paz hoy en
día, des-de el momento en que el aborto lleva a la gente a ser ciega y no ver
la magnitud de su crimen... ¿Cómo es posible, se preguntarán ustedes, que el
aborto destroce la paz y cause la ceguera hacia el enfermo, el hambriento, la
gente desnuda? ¿Cómo es posible que el aborto llegue a provocar la guerra
entre las naciones?"
"¡Claro que sí!. Si la vida es tomada
tan a la ligera y se dispone de ella en forma tan trivial, tan cínica y tan
fácil,
¿como las
naciones y los pueblos pueden estimar la nobleza y dignidad de la vida humana
mientras permiten que florezca el aborto? ¿Como se va a sufrir por la muerte de
niños en la guerra de Bosnia, si tantísimos niños son asesinados más
eficientemente en clínicas, aunque estos crímenes no aparezcan en la televisión?"
Fue una plática desprovista de
retórica. En ningún momento elevó la voz ni golpeó el atril. Ni sus palabras
fueron para condenar a las madres que abortan. Si fustigó el crimen de darle
legalidad a este crimen.
Verdades que debemos tener bien presentes
para preservar la paz sólidamente. Si no, será arar sobre el mar. Como dijo la
Madre Teresa que está pasando en otros países industrialmente desarrollados y
humanamente empobrecidos.