714 EL ROSTRO PERSONAL DE LA CRISIS
SOCIAL
Como un
pensador actual señala: "la crisis moral de la sociedad actual tiene ante
todo un rostro humano". Es decir, son -somos- los hombres, las personas
singulares, quienes sufren las crisis de la sociedad, quienes las hacen, y
somos los hombres los de las podemos solucionar, los que debemos hacerlo, y no
exclusivamente las estructuras, como cómodamente se señala a veces.
La idea
anterior ilustra el interés que ha despertado la Encíclica Evangelium Vitae (El
Evangelio de la Vida), por la notable riqueza de matices que surgen de su
lectura. Joël Benoit de la Universidad de Aix-en-Provence, comentando la
Encíclica en L'Express, señala que la ley humana no puede anular la ley divina:
"O la ley moral es superior a la ley civil, o no es ley moral. Lo
contrario significaría que la ley moral derivaría de la ley civil y tendría
entonces por autor al Estado. Si es el Estado -es decir, el partido en el
poder- quien, a merced de sus mayorías cambiantes y opiniones fluctuantes,
define el bien y el mal, lo verdadero y lo falso, acaba por convertirse en un
sustituto de la religión, y degenera en tiranía: así lo atestiguan las
atrocidades que han ensangrentado el Siglo XX. En cambio, es un honor de la
democracia permitir la libre expresión de los desacuerdos con una u otra ley,
legitimar los intentos de reforma, el derecho a la objeción de conciencia,
incluso la resistencia ante la injusticia. Porque las resistencias políticas
son en primer lugar resistencias éticas. ¿Como han legitimado su actuación los
grandes resistentes, a falta de una ley a su favor? ¿De donde sacan sus
argumentos los defensores de los derechos del hombre en su lucha contra las
leyes reprensibles de ciertos Estados, si no es de una motivación moral?"
Y concluye "Los derechos del hombre, tan invocados en nuestros días, nos
ayudan a redescubrir la noción de ley universal moral, cuya observancia
caracteriza un auténtico Estado de derecho en el que la política está
reconciliada con la ética".
Se explica
este entusiasmo, porque Juan Pablo II ha sido capaz de plasmar en este
documento aspectos decisivos para encauzar la sociedad dentro de estas leyes
morales inmutables, que son la
garantía
de un recto orden y de la felicidad de la misma sociedad.
Por
contraste, haciendo ver a donde lleva el abandono de esta ley natural, ayudan
las observaciones de James Stetson, profesor en Washington: "Si lo
desean, imaginen el patio de un colegio repleto por 500 niños, felices en sus
juegos, entre los que se encuentran sus hijos. Corren, rien...Si las estadísticas
actuales son aplicables a los próximos 20 años a este grupo de niños le
ocurrirá lo siguiente: -el 60% abandonará por completo la práctica religiosa;
no tendrá una fe que transmitir a sus hijos, los nietos de ustedes, que dé
sentido a sus vidas. -El 100% estará expuesto la la pornografía, que contará
con una amplia aceptación social, con todo lo que eso conlleva sobre el respeto
al sexo contrario y a la santidad del matrimonio. -entre el 60 y el 70% tendrán
experiencias prematrimoniales. -Del 20 al 40% vivirán en concubinato antes del
matrimonio. -El 100% será activamente inducidos alguna vez a probar la droga en
el colegio o en la Universidad. -El 50%, la mitad de los 500 niños, se
divorciarán antes de cumplir los 30 años".
Puede uno
esquivar el problema pensando que lo anterior son problemas de paises
'desarrollados'. Es cierto; pero también lo es
que la
llamada del Papa es un alerta que debemos escuchar, agradecer. Y debe
estimularnos a sacar todas las consecuencias para que nuestra sociedad mejore
-hay mucho que lograr-, pero sabiendo defender y fortalecer al mismo tiempo sus
valores humanos -cristianos- que también indudablemente tiene.
Podemos
concluir con unas palabras de la citada Encíclica: "Todo hombre abierto
sinceramente a la verdad y al bien, con la luz de la razón y no sin el influjo
secreto de la gracia de Dios, puede llegar a descubir en la ley natural escrita
en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su
término, y afirmar el derecho de cada ser humano a ver respetado totalmente
este bien primario suyo. En el reconocimiento de este derecho se fundamenta la
convivencia humana y la misma comunidad política".