544 Juan
Pablo II pide una movilización: construir una nueva cultura de la vida
Sin duda,
una de las características de Juan
Pablo II es que a ninguno deja indiferente: es tal su coherencia de vida
y de planteamientos que la gente le sigue entusiasmada...o le rechaza
violentamente o por el sutil sistema del silencio.
En el caso
concreto de la encíclica Evangelium Vitae (El evangelio de la vida) uno se siente invitado a ayudar, si se es creyente o simplemente si se está de
acuerdo con él en unos planteamientos elementales de lo que podría llamarse el
'sentido común moral'.
Un punto
quizá inicial a comentar es que la Encíclica se caracteriza por ser, en primer
lugar, una defensa de los más débiles, llena de fuerza y de misericordia.
Recuerda el Papa como en tiempos de la Encíclica Rerum Novarum era la clase
obrera la clase más indefensa e injustamente explotada. Igual que entonces,
ahora el Papa sale en defensa de una categoría de personas inermes, que no
pueden defenderse a los atentados contra su vida: el niño no nacido, el anciano
enfermo, el minusválido.
En esta
lucha de tintes dramáticos, Juan Pablo II toma partido. Es en el tercer
capítulo donde precisa el significado del quinto mandamiento (¡No matarsas!) en
el conjunto del mensaje de la fe. Y hace ver sus imperativos éticos concretos
en la sociedad actual, donde en algunas naciones "desarrolladas"
están siendo lamentablemente conculcados derechos inalienables de los más
débiles (los aún no nacidos, los ancianos, los minusválidos), corrompiendo
así sin darse cuenta -entre otras
muchas cosas- el verdadero sentido de la convivencioa y de la democracia.
En el caso
del aborto, aduce un dato reconocido por la ciencia biológica moderna: Desde
el momento en que el óvulo es fecundado, se inaugura una nueva vida que no es
la del padre ni la de la madre. Y
ahora, el Papa supera el juego de raciocinos sobre la vida del embrión, con una
observación indiscutible: "Bastaría la sola probabilidad de
encontrarse ante una persona humana para justificar la mas rotunda prohibición
de cualquier intervención destinada a eliminar el embrión humano".
En el caso
de la eutanasia (eliminación de enfremos ancianos o terminales), dando por
supuesto que renunciar a medios desproporcionados de mantenimiento de la vida
es lícito, afirma contundentemente: Algo totalmente distinto a la renuncia
a intervenciones médicas extremas y sin sentido es la autodeterminación del
momento de la muerte, lo cual es o suicido -hoy a menudo en forma de suicidio
asistido- o simplemente homicidio. Cuando el hombre decide por sí mismo qué
vida es digna de ser vivida, se sobrepasa el límite marcado por el quinto
mandanmmiento, que constituye exactamente la demarcación entre la humanidad y
la barbarie"
Afirmaciones
como la última pueden parecer advertencias para un futuro hipotético que nunca
se dará. Sin embargo, no olvidemos que en algunos paises
"desarrollados" ya han legalizado la eutanasia, y hay ancianos que no
quieren que les internen en un hospital por que no saben si allí, legalmente,
'les aplicarán la eutanasia', es decir, los asesinarán.
Y se
termina, como siempre después de leer al Papa, con un gran deseo de ayudarle en esta hermosa batalla -pacífica
aclara el Papa- por los derechos de los más débiles.
José Joaquín
Camacho