842 El Evangelio de la Vida:
un canto a la vida
El alcance del 'no matarás' en el contexto
de hoy
Al leer
esta Encíclica, cuyo tema ya fue ampliamente divulgado por la prensa, hay quien
comienza su lectura pensando en que va a encontrarse una serie de
descripciones, por así decir, 'catastróficas' de la situación actual: con una
relación de condenas éticas del aborto voluntario, de la manipulación de
embriones, de la eutanasia...
El anuncio del valor inconmensurable de la
vida humana
Y es un
error que se constata enseguida. Esta Encíclica es ante todo un anuncio, una
'buena nueva' sobre la vida humana, sobre cada vida humana, la de cada
hombre. Incluso cuando condena, la Encíclica es enormemente positiva. Y lo
demuestra el interés y respeto con que ha sido aceptada por todos. Se acaba la
lectura con el deseo positivo de comprometerse en una hermosa batalla -pacífica
aclara el Papa- por los derechos humanos. Una batalla semejante a la que dieron
nuestros antepasados por abolir la esclavitud o por la emancipación de los
trabajadores.
Canto a la vida
Tan
positiva es, que incluso para quienes no comparten las enseñanzas morales del
Papa, estos criterios se presentan como algo muy atractivo, como una
alternativa mas creible a la vida que han recorrido hasta este momento. No es
que sea esto definitivo, pero para muchos será al menos un primer paso hacia la
verdad de la vida, hacia este evangelio de la vida.
Novedades doctrinales
Como es
habitual en este tipo de documentos, se trata siempre de un desarrollo
homogéneo, sin saltos ni contradicciones. Aunque tiene tal novedad en
planteamientos y en argumentos sobre el valor de la vida, que bien podría
decirse que hay verdaderas novedades. Esto explica el éxito que ha tenido este
Evangelio de la Vida, Evangelium Vitae en su título original, como Juan Pablo
II lo llama repetidamente. En este sentido cabe destacar dos puntos especialmente
importantes: la doctrina sobre la pena de muerte y la relativa a personalidad
del embrión, que se comentarán más adelante.
Para que la democracia no se corrompa
Quizá valga
la pena ahora centrarse en un tema, especialmente sugestivo por las
consecuencias sociales que parece llevar consigo. El Papa afirma que un
Parlamento que aprueba una ley favorable al aborto traiciona las mismas bases
de la democracia. Es decir, sale al paso de que aún siendo
"democráticamente" votada dicha ley, ese acto iría a la larga contra
la misma democracia.
Y la razón es clara, siguiendo la línea
que expone el Papa. En efecto, una característica principal de una sociedad
civilizada es el convencimiento de que el hombre, por el simple hecho de ser
hombre, posee una serie de derechos inalienables. En este sentido, el
verdadero progreso de la civilización, más que en desarrollo
técnico-científico, por muy importante que éste sea, ha consistido en el
reconocimento de esos derechos inalienables para todos los hombres: los
esclavos, las personas pertenecientes otras razas, los asalariados, las
mujeres. En reconocer esto se basa el verdadero progreso de la democracia: que
es precisamente el gobierno no sólo del pueblo, sino también para el pueblo:
para todo el pueblo, aunque muchos o incluso la mayoría se opongan.
En el caso del aborto -y esto podría
podría aplicarse a otros derechos inalienables, no sólo al de la vida- la
democracia se corrompe cuando el ciudadano no es considerado "hombre"
por el simple hecho de ser fruto de la concepción humana, sino que se exigen
otros requisitos, aunque hayan sido determinados 'democraticamente' (por un
Congreso, por ejemplo, o una Corte
Suprema de Justicia). Es decir, se establece en base a criterios
empíricos -sin base objetiva, sólo por la simple 'opinión'- que un ser humano
no tiene derecho a vivir hasta pasadas algunas semanas -y las señalan
arbitrariamente- o con cierto grado de perfección intelectual o cierto grado
de perfección física.
La ética en el ámbito político
Es evidente
que cuando una sociedad sigue este sistema, sin tener en cuenta los derechos
inalienables de la persona, se retrocede a los inicios mismo de la
civilización. Por esto el Papa advierte contra lo que llama el relativismo
ético: "Cuando una mayoría parlamentaria decreta la legitimidad de la
eliminación de la vida humana aún no nacida, inclusive en ciertas condiciones,
¿acaso no adopta una decisión 'tiránica' respecto al ser humano más débil e
indefenso? La conviencia universal reacciona justamente ante los crímenes
contra la humanidad, de los que nuestro siglo ha tenido tristes experiencias.
¿Acaso estos crímenes dejarían de serlo si, en vez de haber sido cometidos por
tiranos sin escrúpulos, hubieran estado legitimados por el consenso
popular?"
Y concluye con lo que podría ser un
resumen de esos criterios: "En la base de estos valores no pueden estar
provisionales y volubles "mayorías" de opinión, sino sólo el
reconocimiento de una ley moral objetiva que, en cuanto "ley natural"
inscrita en el corazón del hombre, es punto de referencia normativa de la misma
ley civil".
José Joaquín Camacho