EL TELEVISOR EN LA FAMILIA
La Fundación Encuentro, española, acaba de publicar un informe. Muestra que los padres españoles están preocupados por la influencia de la televisión en sus hijos, pero de hecho controlan poco qué programas ven sus hijos. Veamos el problema con datos españoles, y cada uno vaya haciendo las conversiones que pueda y se anime a hacer.
Los niños pasan dos horas y media diaria frente al televisor. En esto siguen el ejemplo de los padres que ven una media de tres horas diarias. Lógicamente, falta autoridad moral para exigir a los niños en este campo. Los resultados: el ver demasiada televisión les impide leer, jugar y cultivar aficiones, lo que les lleva a cultivar un gran espíritu de comodidad, pasividad y poca creatividad.
Otra queja de los papás es que se disgrega y reduce la comunicación en el hogar. Es problema ganado a pulso: el 31% de los niños tiene televisón en su cuarto y un 44% ve siempre televisión durante todas las comidas. El enfoque de este problema es claro: el niño de hoy día aprende en gran parte a conocer e interpretar el muno a través de la televisión. Se impone enseñarle a leer bien ese lenguaje, para que pueda interpretar correctamente el mundo. Si no lo hacemos, no podemos quejarnos.
Se puede terminar con unos sencillo
consejos, de sentido común: Televisión
guardada bajo llave donde hay niZos, igual
que se guarda bajo llave cualquier cosa peligrosa. Hay que actuar razonablemente.
Tener
s\lo una televisión en el hogar. Es la forma más sensata de evitar que un niño
tenga acceso a ella sin la compaZRa de un adulto. Ver en la casa programas en que
pueda estar toda la familia. Una consecuencia práctica es limitar
el ndmero de horas y seleccionar previamente los programas.
No se puede permitir que se comience a ver la televisi\n "a ver que dan hoy...".
Evite ver la televisi\n durante
las comidas: porque en
muchas familias son casi la única oportunidad diaria de estar juntos, compartir
experiencias, crecer en unidad.
Por supuesto que todo lo señalado aquí no es fácil. Pero nadie ha dicho que educar a los niños, y, en general, mantener un buen ambiente familiar, sea algo que pueda hacerse sin esfuerzo. Es posible convertir -con esfuerzo- la televisión en un instrumento educativo. Si no adoptamos éstas u otras medidas, no podemos quejarnos: la verdadera formadora de los hijos habrá sido esta moderna institutriz electrónica. Una televisión mal usada destruye la vida familiar de niños y de adultos.