SOBRE QUIEN CONTROLA LA TELEVISIÓN
Tuvo eco en la prensa nacional el caso de
niños japoneses afectados por un programa de caricaturas en TV: Pokemon. En resumen,
se trata de más de 700 niños y adolescentes afectados de espasmos, convulsiones
y nauseas, ante escenas que muestran vívidas explosiones de colores, mezclada
con un foco de luz que lanza estallidos brillantes de azul, rojo y blanco, cada
uno de un trigésimo de segundo de duración. Consecuencia: la retirada de esos
programas de la programación de TV.
No tan aparatosa es la observación de José
Luis García Garrido, Director del Instituto Nacional de Calidad y Evaluación
de España, quien aseguraba que cinco horas de clases pueden destrozarse con
15 minutos de mala TV. Terminaba apelando a la responsabilidad de los comunicadores
sociales, que, "quieran o no, educan". Podríamos completar la frase
mejor: educan o deseducan, deshacen. Semejante conclusión hacen en
Estados Unidos: al menos dos de cada tres programas de la televisión de máxima
audiencia contienen imágenes agresivas. Los niños son expuestos a continuos
actos de violencia en sus dibujos animados favoritos, lo que representa un gran
problema porque los más pequeños no pueden comprender la diferencia entre la
fantasía y la realidad.
Pero no es problema sólo de niños. En España
asociaciones de telespectadores, de consumidores y sindicatos han publicado
un "Manifiesto contra la telebasura" en que piden un código ético que
regule los contenidos televisivos. Definen telebasura a programas que
se caracterizan por explotar la morbosidad, el sensacionalismo y el
escándalo para atraer a la audiencia.
Cada vez más grupos preocupados por la salud
de la sociedad están denunciando este problema. El grupo del manifiesto a que
nos estamos refiriendo, concluyen dando líneas de solución. Ser centra en la
responsabilidad: de los poderes públicos, de las cadenas, de los anunciantes.
Y responsabilidad también del espectador. Centremos este último punto.
No hablo aquí de censura estatal, sino de que
los espectadores -y concretamente los padres de familia- pueden y deben organizarse
para que los derechos de la familia sean respetados. Los conceptos que están
en juego son muy importantes.
* Interesa a la sociedad que la TV se base
en unos parámetros para permitirle que funcione. No basta que ésta diga
"si no lo quiere, no lo use". Con los productos en que está en juego
la salud pública, no vale decir esto. Este punto de partida es básico para una
adecuada ordenación y defensa de la sociedad. La TV es un servicio
público, aunque sea privada.
* Los padres son los primeros educadores de
su hijos. Nadie les "concede" ni "da" la facultad de
educarlos. Ellos mandan en qué se da a sus hijos. Y no hay duda que la
TV da mucho a los niños. Los padres tienen derecho a exigir una TV limpia.
* Cuando se adopta el relativismo ético como
base de la democracia ésta se debilita al debilitarse la misma sociedad. Al
abordar problemas tan reales como son, por ejemplo, la relación entre la
violencia en la pantalla y la criminalidad, es obligado replantearse el vínculo
que existe entre democracia y valores.
* Existe una ética básica de la sociedad
edificada en unos auténticos valores comunes arraigados en la verdad del
hombre. Y en nuestro caso, estos principios morales están vivos en la tradición
histórica de nuestros pueblos.
Pero es urgente tomar conciencia de que esto -el
limpiar la televisión es sólo un ejemplo- ha de conseguirse mediante el
compromiso libre y responsable de los individuos, de cada uno de nosotros.
Hay que despertar a todos, porque todos hacen falta... Todos hacemos falta...