1009    TELEVISIÓN: COMO DESHACER UNA DEMOCRACIA

 

Hace algún tiempo, la Academia Norteamericana de Pediatría, convencida de que el exceso de televisión incide fatalmente, sobre todo en los niños, decidió intervenir transmitiendo unos anuncios para ayudar a los niños a huir de la sobredosis televisiva. Era una idea muy sencilla: unos niños -en dibujos animados- miran hipnoti­zados la televisión y se convierten, poco a poco, en 'papas humanas': el niño -molesto- grita: 'déjame en paz, quiero mi tele'. Su hermanita mientras, devora unas papas fritas y grita a su mamá que le compre todo lo que anuncia la tele. No sé si se llegó a realizar la iniciativa, pero en cualquier caso parece que no tuvo mucho éxito, a juzgar por los resultados.

 

En la actualidad el problema sigue. Sólo como botón de muestra, la Fiscalía de Munich examinó recientemente  unos 'grupos de discu­sión' de Inter­net (newsgroups, secciones en que los usuarios pueden intercambiar mensajes sobre determinados temas, una forma de ver televisió­n muy actual en algunos países), y encontró que unos 200 de esos grupos infringen las leyes alemanas por hacer apología de la violencia o ser pornográficos. En Canadá, están experimentando un sistema que permite a los padres bloquear la recepción de programas dañinos en sus televisores.

 

Siempre en este orden de ideas, y yendo más a fondo, el Papa pidió mayor "responsabilidad" a los medios de comunicación. Indicó que es necesario llevar a los medios de comunicación a una conciencia renovada y a niveles elevados de decencia para construir una sociedad "más decente y justa". No se trata de una petición que pudiera calificarse 'de carácter religioso' o parcial de alguna forma, sino que se trata de defender los derechos conculcados de muchas personas. Señalaba: "Frecuentemente escuchamos que hombres y mujeres de buena voluntad de todo el mundo se lamentan que las películas, programas televisivos y publicidad, a menudo contiene escenas de violencia y sexo explícito que arruinan los valores morales y culturales, y esto sucede aún en programas para niños".  Se refería claramente a la obligación de los medios de comunicación -entre ellos, obviamente, la televisión- de evitar, decía, "las trampas de un consumismo artificial y manipulado"  y construir así "una sociedad respetuosa de los valores morales y religiosos".

 

No estamos hablando de censura, sino de respetar los derechos de los padres. Porque en todo este tema de “la televisión salvaje" y de "la telebasura"  ellos son los responsables, los auténti­cos 'dueños del circo', que debieran tener la palabra decisiva. Es claro que -como grupo organizado- son débiles, que de alguna forma son poco influyentes, pero también es claro que la misma sociedad debiera buscar que puedan influir (mecanismos pueden implementarse, y muchos, para que se les oigan) y que ellos mismos debieran ver la forma de ser más fuertes, uniéndose. En muchos países los grupos de consumidores -y que mayores consumido­res hay que las familias- son tan fuertes que influyen decisiva­mente en la limpieza de los programas de televi­sión.

 

Según comenta Sally Goll en The Wall Street Journal, ante la  noticia de que las redes de TV estadounidenses consideran crear un sistema de clasificación para sus programas, esto podrá ser útil para que los padres puedan seleccionar programas; pero también podrá convertirse en un sistema que usarían los anunciantes para decidir donde colocar su publicidad. "Ningún anunciante va admitir que coloca su publicidad en un programa no apto para menores": agrega Bill Croasdale, de Western International Media, la compañía que compra espacio de TV para Disney y Gerber Foods.

 

La familia es, no está de más recordarlo, la principal célula constitutiva de la sociedad. A la misma sociedad le interesa que la familia esté sana; y los padres lógicamente tienen derecho y obligación de intervenir en el tema de la limpieza básica de la TV. Ejemplo de una influencia inteligente es el de Family Researh Concil (FRC).  Esta asociación surgió en 1983; en 1988 se alió al grupo california­no Focus and Family, del que ha aprovechado la red de comunicación. Su Jefe, Gary L. Bauer, ex alto funcionario de la administración de Reagan, asesora ahora a numerosos políticos de prestigio. Bob Dole le consultó cuando se disponía a atacar la tribialización de la violencia propiciada por algunas producto­ras de Hollywood; el ex  Gobernador de Texas Lamar Alexander, le envió las galeradas de un libro suyo antes publicarlo para que lo asesorara en temas que afectaban a la familia; el Senador de Texas, Phil Gramm conversa regularmente con él.

 

No estamos habar de oscuros grupos de presión que coarten la libertad, sino de que los padres de familia pueden y deben organi­zarse para que los derechos de la familia sean respetados. Los conceptos que están en juego son muy importantes. Quizá podríamos agruparlos en los siguientes puntos, que en realidad son puntos de partida para una adecuada ordenación y defensa de la sociedad.

 

* Los padres son los primeros educadores de su hijos. Nadie les "concede" ni "da" la facultad de educarlos. Ellos mandan en qué se da a sus hijos. Y no hay duda que la TV les da mucho.

 

* La TV es un servicio público. Interesa a la sociedad que se base en unos parámetros para permitirle que funcione. No basta decir "si no lo quiere, no lo use". Con los productos en que está en juego la salud pública, no vale decir esto.

 

* Nadie cuestiona el sistema democrático, pero cuando se adopta el relativismo ético como base de la democracia ésta se debilita  al debilitarse la misma sociedad. Al abordar problemas tan reales como son, por ejemplo, la relación entre la violencia en la pantalla y la criminalidad, es obligado replantearse el vínculo que existe entre democracia y valores.

 

* Existe una ética básica de la sociedad que es posible y deseable. Esta ética está edificada en unos auténticos valores comunes arraigados en la verdad del hombre. Y es así, porque se basan en una ley natural que no sólo no se opone a la moral cristiana, sino que,  sin duda en nuestro caso, se expresa en principios morales vivos en la tradición histórica de nuestro pueblo.  

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