LA NIÑERA ELECTRÓNICA Y UNA GENERACIÓN DE
BORREGOS
En
diversos países se está dando el mismo
fenómeno: voces que denuncian el peligro de la televisión. En Estados Unidos
causó impacto la campaña lanzada por Wiliam Bennett, Secretario de Educación en
tiempos de Reagan, contra algunos programas de televisión (los talk shows)
donde se relatan y recrean situaciones macabras o problemas íntimos y se busca
el enfrentamiento entre los invitados.
Ahora, la noticia de mayor interés viene
también de los Estados Unidos. Una reciente ley de telecomunicaciones dispone
la aplicación de un sistema federal obligatorio para clasificar los programas
de televisión, si la industria afectada no puede aplicar un sistema
voluntario antes de febrero de 1997. En una reunión en Beberly Hills,
California, 55 productores de televisión y representantes de sindicatos y
redes televisivas acaban de llegar a un
primer acuerdo.
Y es
que el clamor ante el creciente deterioro de la programación de la televisión
es universal.
El problema básico es que la televisión
puede perjudicar la vida familiar. Frecuentemente difunde valores y modelos de
comportamientos falseados y degradantes, transmite pornografía e imágenes de
brutal violencia. Igualmente, inculca el relativismo moral (cualquier cosa es
buena) y el escepticismo religioso (no se sabe qué es verdad). Al presentar
como normales situaciones familiares escabrosas, exalta modelos de
vida ajenos a los valores éticos sobre los que se basa nuestra sociedad. A
todo esto contribuye el transmitir publicidad que explota y reclama los bajos
instintos y exalta una visión falseada de la vida; lo que obstaculiza el
mutuo respeto, la justicia y la paz (aunque algunos difundan slogans de que
"eso" es lo nuestro).
Ante esto lo lógico es buscar soluciones.
Para nada sirven las quejas. Pero es vital tener conciencia del problema para
poder dar soluciones. Porque, en efecto, sí hay soluciones...
* El punto de partida previo para cualquier
solución es el espíritu de rebeldía, el no-conformismo: huir del pesimismo
estéril. Porque todo tiene solución... si no huimos del problema y queremos
trabajar para solucionarlo. La capacidad de reacción del hombre, cuando se
apoya en valores perennes, es incalculable.
* El otro principio de solución está en no
dejar cómodamente en manos de los responsables de la cosa pública la construcción de una sociedad más justa, más pacífica. Se
ha pensado frecuentemente que el Estado -con sus leyes y normas- es el
responsable de construir la sociedad. Pero es urgente tomar conciencia de que
esto -limpiar la televisión- ha de conseguirse principalmente mediante el
compromiso libre y responsable de los individuos, de cada uno de nosotros.
Pero hay que despertar a todos, porque todos hacen falta...
* Los padres deben tener
conciencia clara de su obligación de formar los hábitos de los hijos. Cuando
hacen uso regular y prolongado de la televisión, como una especie de niñera
electrónica, renuncian a su papel de educadores de sus hijos. Y no podrán quejarse después de como les ha educado esa
niñera...
* La industria televisiva
debe tutelar los derechos de la familia. Eso no es una simpática concesión: los canales
televisivos representan actualmente un
medio público de servicio. No representan meros intereses comerciales o un son
instrumento de poder o propaganda para determinados grupos sociales, políticos
o económicos. Están trabajando en un medio (la televisión) cuya razón de ser,
actualmente, es el servicio al
bienestar de la sociedad. Y deben respetar los ´principios éticos de esa sociedad.
* El Estado debe asegurarse
de que todo esto suceda: hay muchos modos de hacerlo sin atropellar la libertad
de expresión. Y respetando también el derecho de cada uno, de las familias y
de la sociedad entera a la pública decencia y a que se protejan sus valores
éticos fundamentales.