MENTIRAS, GRANDES MENTIRAS...Y VERDADES A MEDIAS

 

Hay hechos que se califican fácilmente: todo el mundo reprueba las matanzas de judios por parte del nacismo, las purgas sangrientas de Stalin...Se ven como muestra clara de intolerancia: personas o regímenes que no toleraron ideas contrarias a ellos.

Hay otros hechos más difíciles de entender, como son por ejemplo, los abusos cometidos en nombre de la libertad: basta recordar el proceso francés contra Dios, a fines del siglo XVIII, que se convirtió en el primer genocidio por motivos religiosos: 40.000 sacerdotes y religiosos fueron guillotinados o deportados. O la represión contra los católicos de La Vendée -120.000 fueron asesina­dos- que fue, además, una masacre llevada a cabo bajo la bandera de la tolerancia.

Quizá otros hechos mas cerca de nosotros suscitan mas desconcier­to; y a veces discusiones y pleitos de sobremesa. Por ejemplo, el tema que divide a los Estados Unidos: pro vida o aborto pro-choice. Un razonamiento simplista, pero engañoso, podría inclinarse a pensar que pro-choice (cada uno elige lo que quiera) es mas acorde con la tolerancia, con la libertad. Pero no es así: no sobre todo se puede elegir, eso no es tolerancia. Veamos por qué.

Quizá hay que partir del concepto de tolerancia. Para acudir a una fuente 'imparcial' podemos ver el diccionario de la Real Academia: 'permitir algo que se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamen­te'. Avanzando en los conceptos, esa actitud tolerante puede afirmarse que lleva consigo respeto a la persona y su libertad. Pero es claro que también exige tener unos conceptos básicos sobre la verdad: es evidente a todos que no puedo respetar la libertad  de una persona para robar. Es decir, se requieren unos conceptos firmes, de alguna manera no inventados por mí. Afortu­nadamente los tenemos: es la ley natural. No fuimos creados por casualidad, olvidados de Dios: igual que cualquier fabricante hace un instruc­tivo para que el usuario sepa qué es bueno para aquella máquina, igual tenemos impresa en el corazón la ley natural.

Y esto es lo que ocurre con el ejemplo confuso antes citado del aborto pro choice: nadie tiene derecho a que se le permita matar a otro. Por olvidar esto están asesinando millón y medio de criaturas al año en los Estados Unidos...Evidentemente, la tercera caracte­rísti­ca que debe tener la tolerancia es que no puede tolerarse nada en contra de los derechos de terceros.

Hay que aclarar que ese no tolerar no es violencia: no es violencia usar los medios lícitos -como en este caso sería aplicar una legislación adecuada- para reprimir el abuso (el mal uso) de un derecho (que no es tal derecho).

El peligro que ronda a la tolerancia cuando se la malentiende es caer en el escepticismo, en el relativismo moral: cualquier cosa es válida, no hay verdad objetiva. Y cuando se cae en esta enfer­medad de la inteligencia, el hombre (eventual­mente toda una sociedad) pierde el norte, el objetivo de su vida. Y se caen en aberraciones y abusos. Porque si no hay verdad objetiva, ¿porque no voy a imponer lo que a mí me parece? Y se cae en una auténtica intole­rancia, por no respetar la verdad.

Caso diverso es el fanático: él simplemente no respeta la libertad de los demás; impone por la violencia sus propias creencias. Incluso podría estar en la verdad: pero si no respeta la libertad personal aquello es injusto y no prospera a la larga. Es el caso de muchos fundamentalismos de paises asiáticos.

En el orden de la Sociedad, la fuente primera del ordenamiento jurídico de un Estado de Derecho es el respeto a los bienes y valores fundamentales de la persona humana: si la legislación no respeta bienes fundamentales como es el derecho a la vida -respeta, entiéndase bien, porque nada concede el Estado-, pierde un requisito básico que lo justifica como tál. Estos valores inscritos en el corazón del hombre, son patrimonio común del hombre y de los pueblos, valores universales que han contribuido al progreso de la humanidad.

Los dos grandes enemigos de la tolerancia son: el esceptico, que no respeta la verdad y el fanático que no respeta la libertad.

Unas palabras de Juan Pablo II el pasado 6 de octubre en la ONU puede servir de colofón a estos pensamientos: "existen realmente unos derechos humanos universales, enraizados en la naturaleza de la persona, en los cuales se reflejan las exigencias objetivas e imprescindibles de una ley moral universal. Estos derechos nos recuerdan que no vivimos en un mundo irracional o sin sentido, sino que, por el contrario, existe una lógica moral que ilumina la existencia humana y hace posible un diálogo entre los hombres y entre lo puebloa" Y la Asamblea de Naciones Unidos lo despidió con una ovacion, todos de pié.  A la misma persona que, poco tiempo antes, había escrito: Cuando una mayoría parlamentaria o social decreta la legitimidad de la vida humana aun no nacida, aunque sea en ciertas condicones, ¿acaso no es una decisión 'tiránica' respecto al ser humano más débil en indefenso?"  

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