MUSULMANES, CRISTIANOS Y ALGUN TALIBAN-CHAPIN
Publicado Siglo 21, 17 noviembre 2001
Es interesante quitar la idea de que los atentados de Osama Bin Laden contra Estados Unidos han provocado una guerra moderna entre religiones o entre civilizaciones.
La verdadera guerra entre imperios y naciones comenzó con la conquista musulmana de la Jerusalén romana en el año 638. Y el imperio árabe siguió ganando esa guerra, con diversos avatares que ahora no viene al caso, hasta finales de la Edad Media. La civilización musulmana llegó a ser igual o superior a la de Europa occidental en prácticamente todos los ámbitos: militar, político, económico o estético. Aun cuando los musulmanes fueron finalmente expulsados de España y parte de su imperio norteafricano pasaron a ser naciones autónomas, gobernaron los Balcanes, o gran parte de la zona, hasta 1914. Sólo después de la derrota del Imperio Otomano en la I Guerra Mundial, los árabes fueron dominados por los europeos, en una serie de nuevos países establecidos como mandatos de la Liga de Naciones. Pero la sociedad árabe-musulmana no consiguió despegar económicamente y cayó bajo el control comercial de las empresas petroleras, los bancos y las multinacionales occidentales. Sigue estando tecnológicamente atrasada, bajo el dominio intelectual de las ideas y la ciencia occidentales, por una parte, y enfrentada a un fundamentalismo reaccionario y utópico por la otra.
¿Qué les salió les mal?
Recojo ideas de William Pfaff, analista político estadounidense en El País, que aquí da respuesta coherente con la realidad histórica de la Iglesia. En contraste con la superficialidad de algún comentarista nativo, que con tal de atacar a la Iglesia tergiversa la realidad: ¿cómo puede nadie dudar sensatamente, hoy en día, del aporte que ha significado la difusión de los valores cristianos para el progreso de la sociedad? Pero volvamos al tema.
La sociedad islámica se mostró incapaz de formular una concepción moderna de la política y el gobierno, y esto parece deberse a dos razones, ambas de origen religioso. La primera fue que, contrariamente al Occidente cristiano, donde la autoridad religiosa y estatal estaban separadas desde el comienzo, en la sociedad islámica nunca han estado plenamente separadas. Nunca ha emergido una sociedad civil independiente. Occidente sí tenía una base para la independencia de la autoridad política seglar en la distinción hecha por Jesús entre lo que es del César y lo que es de Dios. El gobierno civil se reconocía como el gobernante de un orden político y social autónomo.
La segunda razón básica por la que Occidente consiguió crear una sociedad moderna fue que desde la Edad Media en adelante la filosofía se distinguió de la teología. Al adoptar la filosofía del razonamiento natural de Aristóteles, santo Tomás de Aquino sostuvo que la razón es una fuente de verdad independiente del razonamiento teológico, y auténtica en sus propios
términos. Dijo que la razón y la fe religiosa son dos ámbitos intelectuales armónicos pero diferentes. Ésta fue la base histórica de la vida especulativa independiente en Occidente, que nos dio el mundo moderno.
Los trágicos acontecimientos recientes, nos han hecho a todos conscientes de la fragilidad de la paz y de la necesidad de construir una cultura de diálogo, esencial para superar conflictos heredados del pasado. Pero debe quedar bien claro que los acontecimientos que se han desencadenado tras el 11 de septiembre no son un «choque entre religiones», pues supondría una contradicción total con la esencia misma de toda religión, y tampoco son un choque de culturas. Son la negación de ambas: negación de Dios y negación de la cultura.