LA POBREZA EN GUATEMALA
“La situación de la mayoría de nuestros
conciudadanos, en su miseria, es una afrenta a su dignidad como personas, y una
lacerante realidad para los que la vemos. ¡No es posible seguir esperando! Hay
que actuar. Pero hay que hacerlo con inteligencia, a conciencia, pacíficamente
y dentro del Estado de Derecho, sin perder de vista que lo que produce la
riqueza no debe destruirse, sino al contrario, lo que debe buscarse es cómo
producir más riqueza, pero de una manera tal, que permita que todos se
beneficien de esa riqueza creciente”.
La frase anterior está
tomada de una invitación a una conferencia de Roberto Gutiérrez, empresario
quezalteco, en el IPRES (Instituto para la Productividad con Responsabilidad
Social). Iba apropiármela, quitándole las comillas, pero pensé que no sería
honrado. Y eso quería comentar precisamente. De la moral de los directivos de
las sociedad, empresarios o quienes quiera que fueran.
Este fue el tema en un reciente simposium organizado en
Barcelona por el Instituto de Estudios Superiores de la Empresa (IESE). La
conclusión venía a ser que la rectitud moral era necesaria en el directivo, en
el empresario, no sólo para ser una persona buena (para no ser un
sinvergüenza…), sino para ser un buen directivo. La ética del directivo, va más
allá de la utilidad. Hablando claro: ¿Quién es un buen líder empresarial? ¿El
que logra hacer subir a toda costa el valor de las acciones de su compañía? ¿El
que se recompensa a sí mismo y a su equipo con retribuciones espectaculares?
¿El que busca que los empleados crezcan con la empresa o el que los considera
como instrumentos de usar y despedir? Mandar es servir. Lo dicen
actualmente especialistas en management. Aunque no todos los gurús del ramo lo
señalan en sus libros, la rectitud moral es cualidad imprescindible para el
directivo. En eso coincidieron los ponentes empresarios, directivos y
profesores universitarios que acudieron al Simposium antes citado del IESE.
Parece ser claro hoy
en día, que para promover la auténtica dignidad humana, hay que luchar contra
toda forma de Estado totalitario: impedir que el Estado se convierta en el
único empresario, el único educador, el único agente sanitario, el único
comunicador, etcétera. Todo esto está en relación con el tema inicial de estas
líneas. Porque es igualmente claro que para no caer en un estado de bienestar,
que pretende hacerlo todo, es preciso que los ciudadanos –y por supuesto los
empresarios- asuman su responsabilidad
de hacer una sociedad más justa, y, por supuesto, erradicar la pobreza. La
conciencia del principio de subsidiaridad es uno de los principales logros de
la sociedad civil en estos últimos años del siglo XX: que el Estado no debe
sustituir a los ciudadanos en lo que, de modo individual o asociados, pueden
hacer por si mismo, sino que debe ayudarles. Pero es evidente que ello trae
como contrapartida imprescindible, que la sociedad civil asuma plenamente su
responsabilidad.
La sociedad
actualmente está amenazada por el egoísmo. Precisamente contra esto, el ensayo
de Robert K. Greenleaf, The Servant as Leader, acuñaba el término de
"lider servidor". A la pregunta "¿quién es un verdadero
líder?", Greenleaf contestaba: "Comienza con el sentimiento
espontáneo de querer servir. Después viene una opción consciente que hace
aspirar a liderar. La mejor prueba del liderazgo servidor consiste en
preguntarse: ¿crecen como personas aquellos a quienes sirvo?; mientras les
sirvo, ¿se hacen más sanos, más sabios, más autónomos, más aptos para
convertirse ellos mismos en servidores?".
Se trata de un enfoque transformador de la vida y del
trabajo a largo plazo. Pienso que vale la pena intentarlo seriamente…