Es conocido el dicho:
cualquier tiempo pasado fue mejor. Y también es universal su rechazo por
pesimista. La sentencia contraria es que todo lo que tenemos ahora es mejor que
todo lo pasado. Pero la vida va demostrando que en el aspecto humano, de
reconocimiento y cultivo de valores, que es lo que realmente hace mejor y más
feliz a las personas, el progreso dependerá de lo que hagamos cada uno, en cada
época histórica.
Por ejemplo, todos consideraban la jubilación era
una conquista social incontrovertida. Pero algunos dudan.
The Economist (sept. 4, 99) dedicaba un editorial a la jubilación anticipada, que considera perjudicial para el crecimiento económico. Los datos que da son interesantes. En tiempos tan recientes como los años 60, los hombres podían esperar que pasarían 50 de sus 68 años de vida trabajando. Hoy, lo más probable es que trabajen sólo 38 de los 76 años que pueden vivir. A los 55 años, más de la mitad de los hombres de Europa están jubilados.
Además, sigue anotando la revista, los gobiernos, presionan a jubilarse antes, porque habrá así más trabajo para los jóvenes. Pero la mayor jubilación anticipada afectará cada vez más al resto de los ciudadanos, pues a medida que crece la proporción de ancianos en la población, aumenta la carga de pensiones que han de pagar los jóvenes. El gran tamaño de la generación del babyboom, que empezará a jubilarse en la próxima década, supondrá un descomunal desequilibrio: demasiados pocas personas activas para pagar impuestos; demasiados jubilados viviendo de pensiones.
En esas circunstancias, o se deniegan las pensiones a los trabajadores o se aumentan los impuestos. Sería mucho mejor para la salud de la economía, que siguieran trabajando más personas. Mientras siguen trabajando, pagan impuestos y no exigen pensión, o reciben una más pequeña. Los gobiernos deberían reconocer que los trabajadores preferirían decidir por sí mismos cuándo retirarse. En Estados Unidos, donde hay mucho empleo para los trabajadores de mayor edad y el gobierno está favoreciendo fiscalmente el trabajo de los mayores, la jubilación anticipada ha comenzado a disminuir. “Da a la gente posibilidad de elegir, y puede que sorprendan”, concluye The Economist,..
Otro ejemplo de
planteamientos que van cambiando, nos viene de los países escandinavos. Suele identificarse a esos países de
Europa del norte con la vanguardia de tendencias sociales contrarias al modelo
natural de familia. Por ejemplo, el “pluralismo de los estilos de vida”, que ataca al
concepto tradicional de una familia normal con niños. Matlary, en su libro Il tempo della fioritura.
Per un nuovo feminismo, subraya que está emergiendo otro fenómeno muy
interesante y poco conocido. En contraste con aquellas tendencias disgregadoras, se
está asentando en los países escandinavos la práctica de construir familias
numerosas y sólidas. Cada vez son más las parejas que deciden tener cuatro o
cinco hijos. ¡Tener muchos hijos se está convirtiendo en un nuevo status symbol! Las mujeres que
viven esta experiencia cuentan que, al convertirse en madres, se sienten
realizadas como mujeres y que tener muchos hijos es una cosa sana y natural.
Saben pedir a los maridos que las ayuden en casa y se organizan la vida laboral
con una cierta flexibilidad, que demandan a la sociedad y a los empresarios. La
imagen Escandinava no es, pues, uniforme. Están surgiendo familias fuertes, lo
que constituye una novedad. Nuevos aires…Esperemos que sigan así, por su misma
supervivencia como sociedad.