TIME Y OTRAS TONTERÍAS
Alguien llegó a mi oficina
y me tiró encima del escritorio el suplemento de la revista Time que publica
Siglo 21. Estaba bastante enfadado: “no se qué visión del próximo siglo futuro
tienen nuestros primos del norte; posiblemente será un señor gordo, frente a
una computadora o un televisor todo el día, comiendo chocolates”. Le eché un
vistazo a la revista. Quizá tenía razón…
Dedicado al año 2000, está
hecho como si el futuro estuviera lleno de interrogantes. Por supuesto que no
conocemos que vendrá, no ya el próximo siglo (en unos cincuenta días), pero ni
siquiera el mañana. No lo podemos conocer, pero si construirlo. Lo malo no son
los interrogantes, sino los planteamientos de solución que se dan en esa
revista.
El primero, sobre el sexo, es realmente una antología… de tonterías. Asi andan, con lamentables records de lacras sociales. No hablamos de moralismos trasnochados. Hace poco recordábamos los trágicos resultados de la educación sexual moderna, planeada por el Consejo de los Estados Unidos para la Educación Sexual. Precisamente en un reciente informe al Senado, Code Blue, señalaba los amargos frutos de la "revolución sexual" y de la educación sexual moderna en los Estados Unidos. Comenzó en la década de los sesenta. Desde entonces ha habido un aumento del 600% del número de embarazos entre adolescentes, un incremento del 300% del número de suicidios de adolescentes, un aumento del 232% del número de homicidios cometidos por adolescentes y 400,000 abortos quirúrgicos practicados anualmente en niñas adolescentes.
Hay en el suplemento Time otros interrogantes más, algunas cosas interesantes y otros despropósitos más que las invalidan. …Si llegaremos a los 125 años en el próximo milenio, el cáncer, la muerte, el sida, si nos manejarán los robots, etc., etc. No es que diga muchas tonterías, pero las que plantea son de bastante peso. Y, lo peor, vienen valorizadas por una ingenua admiración que todos tenemos hacia todo lo que viene del norte. El artículo de Malthus, sobre la población, es patético. Y extemporáneo, cuando el problema está comenzando a ser –basta ver los recientes informes de la ONU- no ya de explosión, sino de implosión demográfica. No hablamos de tener muchos o pocos niños –cada quien decida libre y responsablemnete-, sino de no destruir los valores sobre la que debe construirse cualquier sociedad. Eso si es daño profundo.
A este respecto es interesante el testimonio de William Raspberry, en International Herald Tribune. Confiesa la convicción, cada vez más extendida, de que las mayores carencias de Norteamérica no son políticas o económicas, sino morales. "Hemos estado buscando soluciones donde no podíamos encontrarlas -corrobora Robert Woodson, presidente del National Center for Neighborhood Enterprise-. La crisis no es de servicios recreativos o sociales, ni de poder adquisitivo. Sin duda, nuestros hijos necesitan todo eso, y también trabajo. Pero estas cosas no pueden hacer cambiar, y lo que por encima de todo necesitan nuestros jóvenes es reformarse interiormente".
Lo malo de este tipo de suplementos a que me refiero no es que contenga erores, sino que parten de una falsa idea del hombre: sin valores, sin trascendencia. Entonces el daño si es profundo, porque puede afectar a toda la sociedad.
Por supuesto,
cada quien es libre de escribir lo que quiera… y nosotros de criticarlo. Esto
pienso que es muy bueno.