KOSOVO A LAS PUERTAS DE LA CASA DE ARZU
Comentaba uno de los jefes militares de la OTAN los horrores que se encontraron al entrar en Kosovo. No entendía como se podían haber dado tales atrocidades. Y pensé que si es posible, que cualquiera puede hacerlas. Es bueno considerarlo: cualquiera de nosotros puede hacer cualquier barbaridad. Con tal que dejemos que coincidan dos detalles.
Uno es dejar que crezca la mentalidad relativista: no hay valores objetivos, cualquier cosa es buena. Es pensar que aceptar verdades morales en una sociedad es aceptar un control autoritario. Cuando ocurre precisamente todo lo contrario: cuando desaparecen las verdades objetivas, los valores; ya sólo existen mi opinión, tu opinión, e impera la ley de la selva. Una buena sociedad debe ser moral, lo que requiere gente con ciertos hábitos morales, o acaba no siendo sociedad de ningún modo.
Otro
gran engaño que conduce a la destrucción de la sociedad es no razonar. Va unido a
lo anterior: se refuerzan necesariamente. Porque para mantener una sociedad
libre hay que mantener un batalla constante por razonar públicamente, con civismo y con seriedad moral, sobre los
valores que deben informarnos: respeto a la persona, fomentar las familias
robustas, los buenos hábitos, el valiente respeto de un ser humano por
cualquier otro. Cuando no se piensa, se cae fácilmente en la dictadura, sea del
signo de fuera: lo que Mussolini llamaba la feroce volontà. Es la voluntad de poder,
sin respeto a la verdad.
Confieso que me trajeron estos
pensamientos la portada de Siglo 21 del pasado sábado: un personaje bien
presentado, erguido orgullosamente, parecía saludar después de una hazaña. El
problema es que en la mano derecha tenía un martillo y mientras la izquierda
alzaba el `puño. La escena se completaba con el fondo de una puerta incendiada.
Prescindiendo de las lamentables circunstancias de que la puerta era la casa
presidencial y de que su camiseta tenía el logo de la casa de estudios rectora
de la cultura nacional, el cuadro era la muestra de lo que señalaba al comenzó
de este artículo: todos `podemos caer en cualquier salvajada, como las de
Kosovo, si consideramos que un acto vandálico puede ser admisible y cuando no
se quiere razonar.
Son aires que corren… también fuera. Esto es importante para un país como el nuestro, que recibe o puede recibir mucho dinero -a veces condicionado ideológicamente- del exterior,. Tenemos por ejemplo, el concepto de ciudadanía. El nuevo concepto de ciudadanía, como aparece en los documentos de la ONU (Boletín 20 enero 99), es el resultado de una elaboración conjunta entre el relativismo ético y el ecologismo. Esta elaboración da como resultado que el perfecto ciudadano del nuevo orden mundial es aquel que no tiene ninguna convicción ética permanente. Sus convicciones varían en la medida en que varía el consenso social. Por eso para ejercitar "el derecho al bienestar" personal, y asegurar ese derecho a los otros individuos humanos y al resto de las criaturas, existe la obligación de "usar modelos de desarrollo sostenible". En el orden de los seres humanos, la carga -mayor o menor- que represente para los demás y para la naturaleza, indicará si una vida merece ser vivida o no merece serlo. Así, tiene sentido y se explica la eliminación de los enfermos y, en general, de los más débiles. Son una carga y conseguirles un mínimo bienestar sería demasiado costoso, no sería sostenible. Por eso se esteriliza o se envenena a poblaciones enteras con anticonceptivos. Este concepto de ciudadanía es fruto de la alianza entre democracia y relativismo.
La
legalización de la droga, es otro ejemplo de jugar con valores de la sociedad.
La presión para legalizar el uso de la droga blanda proviene de la campaña que
desde hace tiempo está teniendo lugar en muchos países de Europa y en Estados Unidos.
A pesar de los argumentos y datos científicos contra la liberalización de la
droga.
Volvemos a lo mismo: es posible construir una sociedad más humana, si mantenemos sus valores -procuramos encarnarlos-, y si razonamos.