DENVER: LLEGAR TARDE… ¿O ES TIEMPO?

            Hay temas impactantes, como fue el caso de las muertes en la escuela de Denver. Un amigo me comentaba mi anterior artículo, impaciente: -de acuerdo, pero tienes que ser más claro: el problema está en los abortos, en los divorcios. Otro comentario venía de un joven de Las Vegas, latino por supuesto: -aquí los padres les tienen miedo a los hijos y no al revés. Uno nunca oye a nadie decir: ‘no hago eso porque si mis papás se enteran, me matan…’ Aquí los papás dicen: ‘no les digo nada no vaya a ser que se vayan de la casa o que les dañe la autoestima…’ En la prensa se multiplican referencias a la familia: un ejecutivo adicto al trabajo que afirma: ‘Me resigné a no ver a mis hijos durante 15 años. Ahora me dicen: nunca viniste al recital, nunca estuviste conmigo; y es cierto. Uno de mis hijos renunció a un empleo de alta tecnología porque -dice- me había visto convertirme en una persona mala y egoísta’ Quizá esta última observación va más al núcleo de problema.

            La prensa nos traía recientemente un sondeo de France Press, que revela que la mayoría de los padres norteamericanos piensa que sus hijos están faltos de valores; no han aprendido honestidad, ni respeto no sentido de responsabilidad. Aunque reconocen que los culpables son ellos: están estresados, distraídos y no pasan el tiempo suficiente con sus hijos. Todos estos planteamientos son de gran interés, pues llegan a una opinión pública sensibilizada y que se interpela a sí misma por la matanza de la escuela secundaria Columbine de Littleton, cerca de Denver (Colorado).

            Esta preocupación, aunque con planteamientos más superficiales, lo muestra el que varias de las más grandes empresas de Estados Unidos, han decidido aunar esfuerzos para que las cadenas emitan más programas aptos para la familia. Pretenden anunciarse sin patrocinar sexo, violencia o diálogos soeces. La iniciativa surgió hace un año, cuando diez empresas formaron una coalición. Entre ellas se encuentran empresas como Johnson & Johnson, Procter & Gamble, AT&T, Coca-Cola, Ford, General Motors, IBM, McDonald's, Nestlé, Pfizer, Sears o Wendy's. A principios de abril explicaron sus planes durante el Foro anual de Publicidad en Televisión. Les escucharon más de 250 ejecutivos de empresas de productos de consumo y de cadenas de televisión (New York Times, 7-IV-99).

            Estamos, dicen, en una aldea global. Estamos a tiempo de aprender de Denver. Habrá éxito o fracaso, según los objetivos de cada familia. Cuando los padres se esfuerzan por concretar y resaltar aquellos valores que consideran importantes para la vidas de sus hijos, lo normal y habitual será que éstos conozcan esos valores y que, en mayor o menor medida, los hagan propios. Pero cuando el único objetivo de una familia se refiere siempre al dinero y al placer, entonces es muy problemático como los hijos orientarán sus vidas.

            Hoy es un lugar común la crisis de autoridad. A veces se debe a que una generación de padres sumisos ignoran -o quieren ignorar- que con su falta de autoridad, por el pobre deseo de que sus hijos lo pasen hoy lo mejor posible, les están permitiendo que destrocen sus facultades e imposibilitan su felicidad futura. Por otra parte, es evidente que no funciona la autoridad que se ejerce en la familia basada simplemente en el poder: cuando el padre manda al hijo porque “puede”, físicamente al principio; más tarde limitando su autonomía por otros medios (dinero, horario…).

            Lo que hay que lograr, lo que siempre han intentado lograr familias normales, es una autoridad fundada en hijos que obedecen no por temor, sino porque confían en sus padres. Que se basa en la percepción de que sus padres son sinceros o justos, o, al menos, se esfuerzan en serlo. Cuando los padres no gritan, no repiten inconsistentemente las órdenes; cuando no amenazan sin sentido, ni imponen castigos sin avisar; cuando las órdenes son pocas, pero siempre se hacen cumplir; cuando se motivan los mandatos, evitando las arbitrariedades impulsivas; cuando se alaba y agradece a los hijos la obediencia, entonces no hay crisis de autoridad. Estaríamos lejos de Denver…

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