LOS NIÑOS Y EL MATRIMONIO DE SUS PAPAS

            La foto venía en la sección Farándula Internacional, y mostraba a una linda  mujer con una encantadora chiquita. Se trataba de una conocida actriz de TV y explicaba que la niña, preciosa, era su hija de un año. Una feliz mamá. Pero había algo chocante. Era la naturalidad como hablaba de que la había tenido de su “actual” (así lo describía) novio. Otras veces habla de  su “compañero sentimental”, expresión muy confusa, pero que parece indicar que no había matrimonio. Bien es verdad que se aclaraba que su anterior matrimonio había acabado en divorcio.  En resumidas cuentas, la chiquita seguía siendo preciosa, pero daba ya un poco de pena. La mamá no: estaba en la situación que se supone deseaba, y no hay porque juzgarla como persona.

            Y es que los niños que están en la situación de ser hijos de uniones de hecho o de padres divorciados, están en alta situación de riesgo. En efecto, las estadísticas seZalan que las uniones de hecho tienen mayor probabilidad en acabar rompiéndose que los matrimonios reales. Y también, que los hijos de los divor­cia­dos tienen una mayor probabilidad de fraca­so en su vida personal y un mayor peligro de incidir, a su vez, en el divorcio. Todo conse­cuencia de las dificul­ta­des psicol\­gicas que el divorcio causa a los hijos. Sale perju­di­cada la confianza que tienen en si mis­mos. Afirman algunos que el divorcio para un niño es m<s perju­dicial que quedarse huJrfano. Segdn un estudio dirigido por el Dr. Martin Richards, del Centro de Investigacio­nes Familiares de la Universidad de Cam­bridge, los hijos de los divorciados tienen menos Jxito en sus estu­dios, presentan m<s problemas de comportamiento, obtienen peores empleos.  En una sociedad como la Estados Unidos, donde datos recientes calculan que en algunos Estados el 50 por ciento de los matrimonios aca­ban en divorcio, esto es de gran importancia. Es de sentido comdn que tal mensaje tiene resultados ne­fas­tos en toda la vida social.

       Ante todo esto es importante la actitud de que no estamos ante un deterioro irreversible de la sociedad… si queremos. Ya basta de sólo quejarse. Esta vez el ejemplo nos viene de Estados Unidos. Desde el año pasado, quienes desean casarse en Luisiana, pueden optar por un nuevo tipo de matrimonio, el matrimonio pactado (covenant marriage). Los que lo eligen, excluyen, de mutuo acuerdo, la fácil posibilidad de divorciarse que ofrece el actual sistema matrimonial, y que ha conducido claramente al fracaso de múltiples matrimonios y, consiguientemente, a muchos males sociales. La línea argumental de los legisladores del Estado de Luisiana es clara: este matrimonio pactado es “el contraído por un hombre y una mujer, que entienden y acuerdan que el matrimonio entre ellos es una relación para toda la vida”. Es clarificador el texto de la declaración matrimonial: “Declaramos solemnemente que el matrimonio es un pacto entre un hombre y una mujer, que acuerdan vivir juntos como esposos durante todo el tiempo de su vida. Nos hemos escogido el uno al otro  después de pensarlo detenidamente. Si en le futuro experimentáramos en nuestro matrimonio especiales dificultades, nos comprometemos a realizar todos los esfuerzos razonables para preservarlo, incluido el asesoramiento de expertos”. Y concluye: “Con completo conocimiento de lo que significa este compromiso, declaramos que nuestro matrimonio estará sujeto a esta ley (New Louisiana Covenant Marriage Law), y prometemos amarnos, honrarnos y cuidarnos como marido y mujer durante el resto de nuestras vidas”.

       Se trata de un fórmula de gran interés jurídico y social, muy cercana a la deseada indisolubilidad, que puede servir de modelo a otras legislaciones.

                                                                                                                                            

 

 

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