DESARROLLO, PERSONAS Y EMPRESAS INTELIGENTES

            El titular era realmente alarmante: Guatemala ocupa el 111 lugar en desarrollo humano, de un total de 174 naciones tabuladas. Realizó el estudio el Programa de Naciones Unidas par el Desarrollo. Aunque como siempre que se manejan datos hay muchos posibles enfoques, todos coinciden en que tenemos mucho camino por delante. Señalan los analistas que hemos progresado (del lugar 117 al 111), pero se mantienen igualmente bajos los índices en el aspecto educativo: tenemos un 35% de analfabetismo y muy bajo el porcentaje de la población que termina sus estudios diversificados.

            Este dato es clave: nuestro problema es educativo. En Guatemala hay muchos millones de personas que viven en nivel de pobreza. Todos coinciden que una de las causas de este alto nivel del pobreza no se debe a falta de voluntad de trabajo o de inteligencia natural, sino a falta de educación y capacitación para el trabajo.

En Guatemala, la mayor parte de los trabajadores han aprendido empíricamente su oficio. La misma situación económica precaria les obliga a iniciar con muy poca escolaridad la vida de trabajo y hace que tengan baja productividad. Esto repercute directamente en su calidad de vida y las posibilidades de sacar su familia adelante. Es un dato conocido que al menos un millón de trabajadores guatemaltecos no tienen instrucción alguna. Y la realidad muestra estadísticamente como es similar el número de familias que viven en la pobreza y el número de familias que dependen de trabajadores analfabetos y sin calificar laboralmente.

Por otra parte  el avance tecnológico abre cada día una mayor brecha entre la técnica y el obrero. Mejorar la preparación para un trabajo en el que cada día se requieren más conocimientos técnicos es un reto.

Hace un tiempo The Wall Street Journal realizó una encuesta entre 320 economistas de Estados Unidos, en que les planteaba la pregunta: cómo lograr que la economía crezca más rápidamente, como cerrar la brecha entre ricos y pobres. Dan respuestas que son indudablemente válidas para todos los países del mundo. La mayoría coincidió en que una mayor inversión del gobierno en educación, sería la opción que tendría un impacto más considerable. Una de las pocas cosas en que los economistas coinciden es que el crecimiento del país depende básicamente de nuestras habilidades. Uno de ellos afirmaba: si se proporcionan incentivos para que los individuos mejoren sus capacidades, esto tendrá un impacto decisivo. Como me decía un buen empresario, la salvación de Guatemala está en la capacitación de los trabajadores. Invertir en las personas, para que así pueda darse un desarrollo sostenido y sostenible. Es decir, tecnificar a los millones de trabajadores. 

            Nuestro caso podrá parece a los eternos pesimistas como insoluble. Pero no es, si se suman esfuerzos. No sólo del gobierno en sí. Ya está pasando la época en que la salvación se esperaba del gobierno y de sus leyes. Un punto clave es mejorar el apoyo de toda la sociedad a las entidades educativas privadas, sobre todos las que contribuyen a la calificación técnico laboral de los trabajadores. Y, además,  estimular,  convencer a las empresas a que aumenten su inversión en capacitar a su personal: darles capacitación técnica y en valores humanos, es decir, enseñarles trabajar bien y a ser mejores personas. Esta es la inversión que hacen las empresas inteligentes en favor de la sociedad, para no convertirse en empresas parásitas, que no contribuyen a la mejora de la misma sociedad en la que viven.     

           

 

 

 

 

 

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