NOTICIAS QUE HACEN PENSAR

   Hay noticias que no solo informan. Tienen valora­ciones encu­bier­tas, y si no se piensa sobre ello hacen daño, bajan la moral sin darse uno cuenta.

   La noticia a que me refiero tenía impacto. En realidad fue­ron dos, en el su­plemento de The Wall Street Journal. Hablan de la quinacrina, unas píldoras esterilizantes para la mujer. Las re­parte gra­tuitamente a paí­ses del tercer mundo desde Esta­dos Uni­dos, una ONG llamada Cen­tro de Investigación sobre Pobla­ción y Seguri­dad. Se distribuye en dispensarios gratuitos a muje­res pobres en el tercer mun­do. Se implantan directamente en el úte­ro, sin anestesia, con un procedimiento doloroso -algunas muj­eres se des­mayan-, con grandes molestias a corto plazo y, además, produce muta­ciones en las células que sugiere peligro inmediato de cán­cer. Por cierto, el cáncer más frecuente en la mujer. Lo curio­so es que está prohibida en los Esta­dos Unidos y la misma Organi­zación Mun­dial de la Salud (OMS) la desa­conseja. La ong que las reparte mantie­ne terrores trasnocha­dos sobre superpo­bla­ción y sobre la segu­ridad de los Estados Unidos: sostie­ne que en pocos años la inmi­gra­ción de gente del tercer mundo en su país será tal que origi­nará el caos. Por esto esterilizan muje­res de países pobres: así tendrán menos hijos y ellos menos problemas.

   La segunda noticia, una semana después, indica que el fabri­cante suizo (Sipharm Sissein AG) va a interrumpir su produc­ción. Su única razón es de "tenemos obligación moral de no apoyar un proyecto que en estos momentos es tan polémico".

   ¿Por qué estas noticias desconciertan? ¿qué contienen que así pueden incidir en la moralidad de la gen­te? Veamos en concreto.

   Si se trata de algo prohibido para las norteame­ri­canas, ¿cómo permiten que se puedan enviar a mujeres pobres de otros países?

   Si están haciendo conciencia en  países del tercer mundo para que no les exporten drogas -que tienen una fuerte demanda en los Estados Unidos, nadie se las regala-, no se explica esta exporta­ción, de productos al menos tan malos como la droga.

   Es razonable que, si piensan que el tabaco es malo, hagan sus campañas millonarias. Pero, no se entiende como productos como estas píldoras no hayan inquietado a las autoridades por años. No olvidemos que su distribución lleva más de diez años. Y estas pastillas, hacen un daño infinitamente mayor que el tabaco. 

   Se hace hincapié en que esta esterilización se hace en ocasio­nes sin con­sen­timiento de las mujeres. Pero, aunque dieran su consenti­miento hay dos factores que parecen olvidarse. Uno, que para gente pobre estos "regalos" sue­len estar condicionados para poder obtener otra serie de ventajas. Por ejemplo, la atención de los hijos que ya tienen... Es fácil cubrir el expedientes de un consentimien­to, en esas condiciones. Y lo que es peor, es que se pasa por alto que algo malo lo es con o sin consentimiento. Re­cientemente leí la queja de una médico en Uganda, que tenía la clínica abarrotada de anticoncep­tivos -algunos caros, otros tan conflictivos como es el que nos ocupa ahora-; y no disponía -comenta­ba- de medicinas con­tra la malaria, que cuesta centavos y que realmen­te causa estragos en la población de aquella región. Desconcierta finalmente la razón para discontinuar esa pro­duc­ción: porque es "un producto polémico". La conclusión lógica es que hubieran seguido si no hubiera polémica. Y eso es mal plan­tea­miento. Apar­te de no equivo­carse -como señala la fa­brica sui­za-"desde el punto de vista de producción, téc­nico o de licen­cias", están los principios morales de la socie­dad. Y no jugar con la vida de tantas muje­res. Aunque sean del tercer mun­do.

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