LEYES
VAN, LEYES VIENEN, Y EN EL AIRE SE DETIENEN
En una reciente conferencia, para
ilustrar como incluso en una pura democracia debe haber presupuestos mínimos
para cualquier entendimiento, contaban el caso sucedido en Apelzen, un pequeño
cantón suizo. Allí los problemas comunes se resuelven reuniéndose los varones
en la típica plaza del pueblo. Pero hubo un momento en que las mujeres
decidieron asistir también a esas asambleas. Se les contestó que no cabrían en
la plaza. Demostrado que el cupo era posible, no hubo más remedio que aceptar
la petición. Uno de los varones entonces propuso que, en tal caso, la votación
fuera secreta, temeroso, tal vez, de que su esposa manifestase abiertamente su
disidencia familiar. Las mujeres contestaron que la votación tendría que ser pública, como siempre. Había
pues que votar, para saber si la votación se haría pública o secreta, pero,
esto ¿se decidiría, por votación pública o secreta?
No se como acaba la historia
anterior, pero si se que no todo puede resolverse por votos. Hay reglas de
juego de como debe ser una sociedad -sus valores- que ni incluso en una pulcra
votación democrática pueden ignorarse sin hacer grave daño a la entera sociedad.
No faltan ejemplos de ese negociar, aún democráticamente, lo innegociable. Es
el caso trágico, por ejemplo, de la permisión del aborto.
Tampoco todo se arregla con leyes.
Al contrario, la complejidad legal y administrativa, que es nuestro caso,
supera las posibilidades reales de control de los mismos gobiernos, que no son
capaces de dominar bien los resortes y gobernarlos con eficacia. Entre otras
cosas, porque las dificultades de control inherentes a las organizaciones
complejas, facilitan la corrupción. Por eso corren vientos tan fuertes en favor
de la reducción del papel del Estado.
Así resultó tan razonable la
propuesta anulación del Código de la
Niñez, que ignoraba que el problema de fondo que tenemos es el de
fortalecer los valores de la sociedad. Esto evidentemente no se consigue con
más leyes; mucho menos, cuando la
legislación propuesta iba precisamente en perjuicio de la familia. En adición,
proponía un costosísimo y complejo control que, además de fomentar la sospecha
dentro de las familias, hubiera sido un gigantesco organismo burocrático,
difícil de manejar, fácil para la politización partidista y buen bocado para
la corrupción.
A veces hacemos como los malos
estudiantes: planean el estudio de la semana siguiente, para poder parrandear a
gusto este fin de semana. Se evita así enfrentar el problema real, el hoy y
ahora, que nos ata_e a cada uno. El problema del niño -en lo que
tenga de problema, porque exageraron mucho para forzar la aprobación de esa
legislación-, se arregla haciendo una buena revisión para mejorar la
legislación ya existente en Guatemala sobre el niño y sobre la familia. Pero
sobre todo, como tantos otros problemas, el tema es reconstruir hoy y ahora
los valores de la sociedad. Y esto es tarea de todos, no sólo del Estado
con más leyes o códigos.