DONACIONES CON PESEBRE Y TODO

   Llaman así a los "regalos" que llevan consigo condiciones tan onerosas, que hay que ser burro para aceptarlos. Por eso dicen que traen, además un pesebre. Un caso usual es el de ciertas "ayu­das" interna­cionales con­dicionadas.

   Recientemente visitaron nuestra Corte Suprema de Justicia miem­bros de la poderosa Unión Europea y de la omnipre­sente Minu­gua. Para presentar una se­gunda edición de la Ley para Prevenir, Sancionar y Erradi­car la Vio­lencia Intrafami­liar, todo "para consolidar la paz en nuestro país". Muy agrade­ci­do, muy agrade­cido, como decía el inolvida­ble Pedro Vargas. Pero, hay que mati­zar, hay que vigilar no sea que quieran impo­nernos contrava­lores enemigos de la familia. Ya estos organis­mos hi­cie­ron incur­siones legales a propósito de reformas al Códi­go Penal, que sus­citaron bastantes protestas, hace justo un año. Re­cuerdo una muy documen­tada de Codedena, en que rechaza­ba varios ar­tícu­los propuestos por Minugua porque reñían totalmente con el res­peto a los dere­chos humanos, en especial el más elemental, el derecho a la vida.    Hablando de incursiones ajenas en nuestros fueros, a veces las protestas vienen de lejos. Se trata de un extenso ar­tículo de la Conferen­cia Epis­copal de los Estados Unidos, muy crítico hacia las políticas de pobla­ción de su país, de las Na­ciones Unidas y del Banco Mun­dial. En él, destaca que muy pocas mujeres norte­americanas se someten a algunos métodos de control de nata­lidad, que se exportan e imponen en el exterior, a través de la AID e indirectamente a través de esas otras organi­za­ciones internacio­nales (Life Insight, NCCB, Vol 9, n. 2, marzo 1998).

   Dice el artículo, "muy pocas mujeres y médicos norteamericanos se asumen los riesgos de usar o implantar el DIU, (dis­po­sitivo intrauterino), el Norplant y usar inyecciones de Depo‑­Pro­vera, para el control de la fertilidad. Las tasas de uso de estos pro­ductos es bajísimo entre las mujeres norteamericanas entre los 15 y los 44 años, según Family Planning Perspectives, Febrero 1998".

   Sin embargo, sigue diciendo el citado boletín, parecería que en el mundo en desa­rrollo (en los países subdesarrollados), la salud de las muje­res ha sido puesta en segundo lugar y se da prioridad a con­se­guir a cualquier precio unas metas concretas para detener el aumento de la población, que incluyen la esteri­lización coactiva como en China, India, Pakistán, Perú y Africa.

   Reproduce una carta de Stephen K. Karanja, ginecólogo de Ke­nia, que describe los progra­mas de control de población: "La USAID y las Organizaciones No‑Gubernamentales, sostenidas por el go­bierno de los Estados Unidos tienen como blanco a nuestra gen­te. Nuestro sector de salud está colapsado. Millares de kenia­tas van a morir de malaria, cuyo tratamiento cuesta pocos centa­vos; sin embargo, sólo tenemos facilidades para repartir medios anti­conceptivos: DIU's, Norplant, Depo‑Provera, muchos de los cuales nos los proveen con dinero norteamericano. Y algunos contracepti­vos cau­san terribles efectos secunda­rios a esta pobre gente de Kenya, que no tienen posibilidad de revisio­nes médicas antes de aplicarse esas inyecciones".

   Me contaron de embajadores de países nórdicos europeos que visitan al Congreso para instar a que "se agilice la legislación para protección de la niñez", posiblemente en velado y fuerte apoyo al fallido Código de la Niñez. Volvemos a lo mismo: no hipoteque­mos por un puñado de dóla­res el porvenir de nuestro país. Agradecemos las ayudas extranjeras, pero no permitamos que interfieran en nuestros valores. Concretamente, en la familia, que eso es lo que dañaría ese mentado código.

 

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