HABLAR CLARO, PERO ANTES PENSAR CLARO

   Existen los mensajes cifrados, que también se llaman mensajes subliminales: algo así como ideas que nos meten por debajo de la puerta, sin que nos demos cuenta. Los medios de comunicación están llenos de ellos. Por ejemplo, cuando nos bom­bardean con la imagen de la familia feliz con "la parejita" , en contraste a la familia numerosa, que presentan como gente pobre, desgracia­da.

   Una imagen que nos recetaron antes de Semana Santa fue la de un ladrón -"malo", desnudado, golpeado- junto a unos enmasca­ra­dos, que se­rían signo defensores de la justicia y del pueblo. Me refiero a los encapuchados de la huelga de dolores aga­rrando ladrones. Se debe meter cabeza, y no tragarnos mensa­jes cifra­dos.

   Cuando se conculca una disposición legal (ley anticapuchas), el mensaje que se da a la socie­dad es que la ley no debe ser respe­tada. Y esto es muy malo para la socie­dad porque puede cre­er­selo y entonces caemos en la ley de la selva.

   Cuando un Ministro ante unos que golpean y desnudan a otro, lo más significativo que dice -eso destacó la prensa- es que sigue vi­gente la ley antica­pu­chas... está agarrando el rábano por las hojas. Esa ley podría dero­garse: es lo de menos. Pero gol­pear, jamás. Aunque sea a un la­drón. Esto hay que decirlo. Si no, no la­men­temos la violencia que nos aque­ja...

   Cuando se pone de relieve que los estu­diantes se han disculpa­do con la prensa porque se por­taron violentos con unos periodis­tas, está bien... Pero la disculpa primera que debieron dar fue por el lamentable espectáculo de golpear a un la­drón. Si a la so­cie­dad se la mueve -mensa­jes cifrados- a dar por váli­do eso, están deshaciendo sus valores. Eso es una salvaja­da.

   Cuando gentes sin cultura reciben todos estos mensajes, dados además por quienes se supone que poseen cultura -los medios de comu­ni­cación- o que la están recibiendo -los universitarios-, no nos pode­mos a­sombrar que ejerzan la violencia en los llamados lincha­mien­tos. "Si ellos lo hacen, porque no nosotros", razona­rán. "Ade­más, nosotros si tenemos problemas con los malean­tes".

   A­quí entran más mensajes cifrados. No se puede lla­mar con sospechosa complicidad "linchamientos" a verdaderas masa­cres, asesinatos. Llamar a los asesinatos con un nombre que re­cuerda a películas románticas del oeste es no pensar claro ni, mucho me­nos, hablar claro.

   La prensa no puede -puede, pero pienso que no debe- destacar los problemas que hay, casi justi­ficando esas matanzas. Por ejem­plo, cuando califican esos hecho de "jus­ti­cia primiti­va", en con­traposición a la "justicia formal". Eso no es así: la justicia o es formal, con la forma que le da la sociedad, o no es justi­cia. Es lamentable la actitud de personajes del organismo judi­cial que echan la culpa de esas matanzas a la falta de segu­ridad; y la actitud de los del área de la seguridad, que ponen como causa de esos asesinatos a las fallas del organismo judi­cial. Esas limita­ciones -de seguridad y del proceso judi­cial- son cier­tas y están ayudando a estos hechos lamen­ta­bles. Pero debe destacarse -cosa que no se hace frecuentemen­te- que la causa, lo que realmente origina estos asesinatos, es la falta de valores en una sociedad que para de­fenderse, mata sin necesidad. Y a esta desvaloriza­ción -desmo­ralización auténtica-  esta­mos con­tribuyen­do con la falta de res­ponsa­bi­lidad en las publicaciones.

   Recientemente se destacó el hecho de la muerte de unos ino­cen­te. Todos lo lamentamos. Pero no olvidemos que todos -también los bandidos- son inocentes mientras no sean vencidos en jui­cio. Lo otro, es la ley del terror, la de la Revolución francesa.      

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