VIOLENCIA EN LAS ESCUELAS Y SENTIDO
COMÚN
Cuentan de Napoléon que cuando no quería que
algo saliera, lo encargaba a un comité. Otros cuentan que un camello es un caballo
hecho por un comité. Aún con lo grave del caso, me recordaron lo anterior hace
unas semanas, unas declaraciones de Clinton por el horroso caso de un niño de
14 años que mató a 3 compañeros e hirió a varios más en una escuela de Kentuky.
Se ve que Clinton andaba desconcertado. Al
menos intentaba arreglar un gran problema, aunque sea con un comité. Para
prevenir nuevos dramas como éste, ordenó a la Fiscal general, Janet Reno, y
al Secretario de Educación, Richard Riley, "que pongan en marcha una gran
iniciativa para producir por primera vez un informe anual sobre violencia en
los colegios". Concluyó: "La violencia entre los jóvenes representa
un insistente grupo de alarma, al que debemos contestar para prevenir otras
tragedias como ésta". De todas maneras, es sincero; también dice
"quizás no sepamos nunca por qué el hijo de un respetable parroquiano
acabó con la vida de compañeros que estaban rezando".
Es digno de aplauso esta iniciativa. Pero saber de donde vienen los aires que
propagaron estos incendios, si que se sabe. Con ocasión de una tragedia
"irracional", aunque de otro tipo, declaraba el sociólogo belga
Claude Javeau: "De acuerdo con las medidas legales; pero ¿cómo podemos
extrañarnos de tales tragedias cuando vivimos en medio de una permisividad a
ultranza? Mientras fomentemos o consintamos la presente saturación de
estímulos sexuales y de violencia, estamos interpretando el papel del bombero
que es incendiario". Nos sirve
porque, aunque se refiere a otro tipo de problema, lo que señala tiene una
mucho sentido común.
En las escuelas norteamericanas, desde
principio de los años 90, hay detectores de metales para impedir que los
alumnos entren armados. Pero es evidente que la causa principal de la violencia
en las escuelas es la falta de instrucción moral y religiosa.
Comentaba
Arzú hace algún tiempo: "La falta de instrucción espiritual y moral de
los jóvenes es la causa de la violencia común que afecta al país. La raíz de
la violencia y de los males que afectan a la sociedad está en el corazón de los
jóvenes".
Otro personaje en aquellos días disintió:
"La causa son los graves problemas económicos del país". Otro:
"La ética y lo moral no tienen por qué estar ligadas a lo religioso".
Hace un par de años, causó impacto la
afirmación de William Raspberry en International Herald Tribune: "En
Estados Unidos, las iglesias están continuamente ocupadas en cosas en cosas que
otras instituciones podrían hacer igual de bien, pero descuidan la misión para la que están cualificadas mejor que nadie:
ser el punto de referencia moral. No se trata de criticar a las iglesias que
dirigen guarderías, programas educativos o promociones de viviendas, sino
más bien de advertirles que su tarea más importante es inculcar valores
morales".
A este respecto me parece importante dos
puntualizaciones.
Para arreglar males morales, puede ser necesario
poner control de metales en las escuelas, arreglar la situación económica,
etc. Pero para los males morales que afectan a la sociedad es preciso poner
remedios morales. Y la otra matización: hacer esto es problema de todos.
Por supuesto de las iglesias, como decía la revista norteamericana
citada; del Gobierno, como dicen otros; pero antes, mientras y después, es
problema y responsabilidad de todos. Todos somos dueños de este circo.