TRABAJO VRS. FAMILIA Y VRS. SOCIEDAD


   Hace algún tiempo Elizabeth Fox-Genovese, Profesora de Histo­ria de la Universidad de Amory, USA, opinaba en Le Monde que las reivindicaciones del feminismo norteamericano oficial no son hoy representativas de las preocupaciones de la mujer norteamericana media. Se refiere a orga­niza­ciones como NOW (National Organiza­tion of Women) que privilegia la imagen de una mujer blanca, profesional fuera del hogar, aborto, libertad sexual, sin mayor referencia a la familia (matrimonio, hijos), etc., etc.

   Según este artículo de Le Monde la empleada americana media es madre que, además, trabaja. Para ella el empleo fuera del hogar es más una necesidad econó­mica  que una realización de su iden­tidad. Al no poner a este tipo de mujer en el centro del drama de la mujer americana, el movimiento feminista -del estilo al que se está re­firiendo- "ha perdido sus tropas, su lealtad y su alma".

   La realidad lo confirma. Es el caso de Michelle Pfeiffer, considerada por algunos como el rostro más bello del cine actual. Dice que  "en­cantan hacer películas de aventu­ras". Pero la verdad es que esto no importa tanto. Todos saben en Ho­llywood que lo único que de­terminará su presencia en las panta­llas será el lugar del rodaje de la película: que sea en un radio que le permita regresar a casa por las noches para estar con sus hijos. Sin entrar en mayo­res valoraciones de su persona, es inte­resan­te destacar que según ella "la moderna defini­ción de heroís­mo se reduce al simple hecho de sobrevivir un día en el pellejo de una madre trabajadora". Al nacer su hijo John afirmó: "Después de 35 años de existencia narcisista, donde todo daba vueltas en torno a mí misma, me sentí furiosa por haber espe­rado tanto tiem­po". Fue capaz -y debe estar convencida de que valió la pena- de re­nun­ciar, por cuidar a sus hijos, al papel estelar en "Evita".

   No es caso único. Es conocida también la dedicación de Merly Streep por su familia. Por años ha arreglado sus pelí­culas compa­tibilizando su tiempo hogareño en Berkshire, donde vive desde hace 18 años con su marido, el escultor Don Gum­mer, y sus cuatro hijos. Bueno es recordar que Streep es la actriz nor­te­americana con más honores (reci­bió dos Oscares sobre 10 nomina­ciones); también todos la tienen un gran respecto. Ella declaró al New York Times: "Cada decisión que hago la tomo con mi fami­lia. Donde voy. Donde fil­mo. Si hay un buen proyecto pero es en Ucra­nia, no lo hago porque es mucho tiempo fuera de casa. Mis hijos son mi prioridad número uno". Declara­ciones que nos sitúan bien lejos de viejos algunos apoli­llados esquemas femi­nistas.

   El tema de que esté bien atendida la familia nos importa a todos. Es primordial para la misma so­cie­dad. Pero esta aten­ción se ha vuelto muy complicada, porque en mu­chos hogares traba­jan fuera de la casa el padre y la madre, a veces por verdadera nece­sidad. El problema de fondo es que las empresas, los lugares de trabajo, a veces son tan miopes que no captan este problema.

   Las modernas empresas -si son inteligentes- saben que no pue­den edifi­car a espaldas de la familia de sus empleados. Y no deben hacerlo no sólo por un sentido altruista -de ayudar a las personas-, sino porque se dañan a la larga a si mismas y a la sociedad entera. Por ello se habla cada vez más en las empresas de fórmulas para permitir a los padres -en especial a las madres- hacer carrera sin descuidar la atención de los hijos. Se está empezando a pensar que es preciso corregir la actual manera de concebir el trabajo.

   En la realización profesional es preciso superar la equivocada mentalidad de las empresas quemagentes (las que ofrecen empleos "sin compromiso de horario"), que catalogan -torpemente- el tiem­po del hogar, de la familia, dentro del simple campo del "ocio".

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