LOS TOROS, LOS NIñOS Y MINUGUA

     Leí recientemente que el editoria­lista del Miami He­rald con­fe­só que su fuente de información para escribir (mal) sobre Gua­te­mala eran los titulares de la misma prensa de Guatemala. A mí también me sirven, aunque procuro tener más juicio críti­co.

     Ahora me sorprendió la cantidad de gente que opina sobre los toros. Casi todos en contra. Sin juzgar el tema en sí, con­fieso que me parece positivo el que la gente se lance a escribir y dar su opinión. Pero hay algo de fondo que me hizo pensar.

     Se puede abomi­nar de las corridas de toros; pero me pare­ce por lo menos poco serio compararlas con los lincha­mientos. Aquí hablamos de personas humanas y son, aparte de un asesina­to, una verdadera vergüenza nacional. Sin excusas. No se puede compa­rar.

     Y también pensé -insisto que no entro al famoso tema de los toros- en que, contrasta con la insensibilidad de la opi­nión pública ante cosas intolerables. Esta pasividad hace mu­cho daño.

     Aunque algunos sí protestan. En una carta a Siglo 21, José Manuel Prado de­nuncia algo que luce horroroso: unas re­for­mas al Código Penal guatemalteco, según indica, propuestas por Minu­gua. Pretenden penalizar a los padres matan a un hijo me­nor de 10 días -los de 11 días parece que si tie­nen más de­re­chos huma­nos- a un máximo de cinco año de pri­sión. No se seña­la el míni­mo, es decir, la pena puede ser de cero años. Como co­men­ta, es una inci­tación a despenalizar en la prác­tica. Es quitar importancia a un asesi­nato de un niño... siempre que tenga menos de 11 días.

     Se lee cada titular... Clinton inicia una batalla de "pro­porciones colosales" contra el tabaco. El mismo que defien­de el aborto. Un absurdo, una ex­traña moral de hip­pies, que lle­varía a penalizar a una embarazada por fu­mar, pero no por abor­tar.

     Son contrasentidos, ante los que no hay reac­ción pública, al menos percibida. Hace poco me refería a como se tiran por el desagüe fetos -óvulos fecundados en laborato­rio, in vitro- porque ya se les pasó la fecha. Y se ignora -se quiere igno­rar- que son seres humanos. Uno de los muchos que me comenta­ron de este tema, me decía que la Human Fertilisation and Em­brio­logy Autho­rity (HFEA) de Inglaterra, pidió al go­bierno ampliar, de 5 a 10 años, el plazo en que se pueden conservar fetos huma­nos, antes de destruirlos. Es mejor dejar vivir a esos fetos cinco años más... pero es horrible esa mani­pulación y muerte de seres huma­nos.

     Hay maravillas de la ciencia moderna; pero cosas terri­bles cuando se abandona la moral natural. Como el diagnóstico prenatal en Francia. El Profesor Mattei, Diputado y Pro­fesor de Pedia­tría y Genética, recomienda que la seguridad social pague los exámenes prenatales. Objeto: determinar niños con el síndrome de Down. La cues­tión es qué harán los padres si las prue­bas dan resultado positi­vo. Puede servir para faci­litar la especial atención que requieren -tie­nen dere­cho- estos enfer­mos. Pero puede servir tam­bién -está sir­viendo- para indu­cir al aborto. El mismo Mattei hace la pre­gunta clave: "¿Es posi­ble hoy implantar este diagnós­tico sin comprometer a nuestra sociedad en una polí­tica de salud pública basada en la eugene­sia?". Es la misma doc­trina -la euge­nesia, la limpieza de la raza, eliminando a los defectuosos- que llevó a los nazis -legalmente- a los extremos ya conocidos.

     Falta sensibilidad en determina­dos temas. Porque hay paí­ses civilizados -Holan­da- donde en un año mataron -eutana­sia, matar a gente an­ciana o minusválida, por pie­dad- 3.120 perso­nas, de las cuales 1000 lo fueron sin consen­timiento explí­ci­to. Y a 400 más se les ayudó a suici­darse. Una sociedad que va al desastre.

     Se suele decir que "la moralidad no se puede legis­lar". Pero la verdad es que la moralidad es lo único sobre lo que se puede legislar. Prohibi­mos el asesinato o el robo, que son categorías mora­les. Cuando una so­ciedad pres­cinde de valores universales morales, como vemos en algunos de los ejem­plos seña­lados, está creando un mundo falso, está ha­cién­dose una sociedad frá­gil, que acabará por colapsar. Debemos de­fender nues­tra socie­dad, hacer conciencia, opinión, capa­ci­dad de pro­tes­ta también en esto.  

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