LAS GUERRAS RELIGIOSAS,LA PAZ Y LOS
VALORES
Aterrorizan las noticias que llegan de
Argelia con matanzas hechas en nombre de una concepción fundamentalista
religiosa o los relatos de los musulmanes entrando en Kabul y obligando a la
población a rezar en horas determinadas.
Tal parece que es el temor que abrigan
algunas personas ante algunas polémicas en que entra lo religioso y lo civil.
Confunden el fundamentalismo religioso con los valores fundamentales.
Lo primero es Argelia, Irán, los antiguos
imperios asiáticos, el mismo imperio romano, cuando en época de crisis imponía
el culto al emperador y condenaba a muerte a quien no lo adorara. Cosas
deplorables, que sólo ha producido daño: porque cuando falta la libertad, el
hombre y la sociedad mueren.
Valores fundamentales es otra cosa: si una sociedad
no los tiene, acaba fracasando. El imperio soviético es un ejemplo reciente.
O sociedades europeas en decadencia, países -algunos- que mueren de viejos
(por no valorar la vida humana no nacida), o de egoístas (por no saber
respetar a los ancianos y legalizar que los maten) o de gentes tristes y sin
hogar (por no defender la familia, base de la sociedad). Y un etcétera tristemente
largo.
¿Cual es el error? Es tema complejo. Gran
parte quizá esté en la confusión entre lo religioso y lo eclesiástico. Es
cierto que lo eclesiástico (la o las iglesias) incluyen, por definición, lo
religioso. Pero hay muy en el fondo del hombre algo que es previo a cualquier
iglesia: es la naturaleza religiosa del hombre.
Cuando se confunden, fácilmente se atropella
también el ámbito civil. Es lo que en
una sana doctrina cristiana se entiende como la autonomía de las realidades
temporales: los valores profanos
-lo que
cualquier hombre noble valora- tienen un sentido afirmativo y su régimen
propio que no está dirigido por lo eclesiástico. Aquí entran los valores
humanos universales.
Un ejemplo fue la Constitución
norteamericana. La hicieron hombres profundamente religiosos y que creían en la
libertad. La Primera Enmienda prohíbe "la institución como religión del
Estado" de cualquier religión (iglesia); pero a continuación garantiza
el "libre ejercicio" de la religión. Estos hombres reconocen que la
sociedad (basada en Dios, en los valores universales) es anterior y superior
al Estado. Precisamente ahora hacen lo contrario cuando el Estado (léase
Clinton) consigue (marzo 1997) una partida de 385 millones de dólares para
planificación familiar (aborto incluido) en países del tercer mundo. Una
sociedad así, legislando en contra de valores universales base de la sociedad,
está socavando sus mismos cimientos. Porque se puede estar matando a una sociedad
democráticamente. El tiempo lo dirá.
Hoy
está ampliamente aceptada la idea de que las sociedades democráticas
atraviesan una crisis de valores y con ello ponen en peligro la misma
realización del pluralismo. El Estado
no debe profesar una fe, que es la postura fundamentalista. Sin
embargo, sí debe respetar una moral común, unos valores universales.
Todos estamos convencidos -yo, el primero-
que una religiosidad agresiva de la intimidad de la persona -los dichosos altavoces...-,
un estado eclesiástico que origina de guerras de religión, gobiernos
exclusivistas que imponen una religión son cosas abominables. Pero no olvidemos que la plaza pública, por
naturaleza, rechaza el vacío. Si no se llena con las más profundas
convicciones del pueblo (los valores universales de que hablamos), se llenará
con "creencias" antinaturales: y estas son las más terribles armas
contra la convivencia y la democracia.
Pero afortunadamente no vivimos en un
mundo irracional o sin sentido. Existe esta lógica moral -una
ley natural con unos valores universales- que ilumina la existencia humana
y hace posible el diálogo entre los hombres y entre los pueblos.