LAS LEYES DE PARKINSON, LA EDUCACIÓN Y EL
GOBIERNO
Hace años William Parkinson se hizo
famoso porque descubrió varias leyes sobre las empresas. Una de estas
leyes se refiere al tiempo que destinaba una directiva a resolver los
asuntos. Esta directiva, cuando va a resolver la compra de una planta de energía
por valor de millones, al ser un tema estudiado por expertos confiables tarda
diez minutos en decidirlo. Otro tema era sobre si se hacía un cobertizo para
resguardar las bicicletas de los empleados: tardaron tres horas en ponerse
de acuerdo, porque todos tenían sus ideas. Por último, se planteaba si se servía
te o café en las reuniones de directivas: tuvieron que posponerlo para otro
día porque la discusión se hizo interminable. Esta ley de Parkinson
viene a decir que el tiempo que se emplea en resolver un asunto es
inversamente proporcional a su importancia.
Viene esto a cuento con la reciente
aprobación del Congreso de autorizando el funcionamiento de las Juntas Escolares.
Se ve que lo habían estudiado y así lo aprobaron. Rápido. Y así ha sido la
respuesta que ha levantado en la opinión pública: a lo que he visto, muy
favorable. Como un suspiro de alivio: se puede...
Se hace notar -y es parte de este suspiro de
alivio- que este proyecto está en la línea de la reforma del Estado, de la
modernización del Organismo Ejecutivo, en la línea de los Acuerdos de Paz.
Algo que todos queríamos y ahora cuaja: que la educación llegue a las áreas
rurales. Porque éste es nuestro verdadero problema: que la educación llegue a
todos. Según el último censo el 35% de la población mayor de 7 años no tiene
instrucción alguna. Del resto, una tercera parte asistió a alguno de los
tres primeros años de primaria, y una quinta aparte ha recibido alguno
de los grados del 4° al 6° de primaria. El 12% ha asistido a algún
grado de nivel medio, solamente el 2,2 % ha asistido a la Universidad y
el 0,2 % se ha graduado en ella.
¿Y el analfabetismo? Globalmente el 35%,
pero en el área rural es del 48%. De cada 10 analfabetos, 8 están en el
campo... Por todo esto el proyecto ha despertado aprobación. Indudablemente
tendrá defectos y habrá fallos: pero ya se irán arreglando. Lo peor es no hacer
nada, como hasta ahora.
La noticia es estimulante: se crean 14 mil
Junta Escolares (y Comites Educativos -COEDUCA-, donde no hay escuelas públicas),
lo que permitirá la descentralización
de recursos económicos, así como estimulará servicios de apoyo educativo por
parte de los padres. Todo ello en la
línea del artículo 72 de la Constitución: la familia es la fuente de la
educación y los padres tiene el derecho a escoger la que ha de impartirse a
sus hijos.
Hago notar que lo acertado de estas
decisiones no es sólo por los beneficios que traerá. Es porque coloca a la
sociedad en una base realmente sólida: fortalece los valores sobre los que
debe hacerse la sociedad. Una sociedad sin valores, muere. Esto les está
pasando a muchos países.
Los valores que se refuerzan con la actual
puesta en marcha de las Juntas Escolares son el ya citado de la familia y
también el principio de subsidiaridad: que el Estado no ocupe funciones que se
ha apropiado indebidamente. El progreso de una sociedad no lo hace el Estado
solo con sus normas y sus leyes. Estamos sufriendo un mal -el Estado
omnipresente y omnipotente- que viene desde Napoléon. Lo primero es romper
cada uno la propia mentalidad: hacerse cargo de las propias responsabilidades,
sin esperarlo todo del Estado. No basta que el Estado suelte poder, privatice
o desmonopolice. Debemos convencernos todos de que la sociedad no se hace de
arriba a abajo: la persona -sola o asociada en organismos menores-, es
quien debe hacerlo: cada uno de nosotros.