NO JUGAR
CON LAS COSAS DE COMER Y OTRAS COSAS IMPORTANTES
De pequeño me decían que no se juega con las
cosas de comer. Poco a poco se me quedó grabado: la comida era importante
porque era vida para mucha gente, aunque alguna a mi no me gustara...
Recordaba esto ante cosas con las que a veces
jugamos, como es el caso de valores que tocan a la naturaleza humana. Hay
cosas con las que no se juega. Y si se hace, si se manipulan, la misma
naturaleza se venga, de una u otra forma.
Esto lo ilustra claramente diversas historias que son del dominio
público.
Una procede de Der Spiegel, titulada: Japón
se queda sin jóvenes. Cuenta la historia de Toshio Yanagihara, médico de Towacho,
isla occidental de Oshima. Tiene 87 años y sigue trabajando porque "tras
de mí no hay quien retome la praxis médica; nuestra isla se muere". La
isla es un gran asilo de ancianos como él. Pero no es caso aislado, comenta la
revista: Towacho amenaza a convertirse en una gris imagen del futuro de la nación.
Con un bajo índice de natalidad (1,43) y el más alto promedio de vida en el
mundo (hombres 77 años, mujeres, 83), Japón envejece más rápido que cualquier
otra nación industrializada. Lo que no cuenta Der Spiegel -quizá no lo
sepan...- es que a ello ha contribuido ser una de las naciones con más alto
número de abortos y, además -suelen ir unidos-, una agresiva política de
control artificial de natalidad desde el fin de la segunda guerra mundial.
La otra historia viene de la adelantada
Europa, que nos aventajan en muchas cosas, aunque algunas sólo es para saberlas
y así no caer en lo mismo. El artículo (en Santé du Monde, de la OMS) es de
Jean-François Mattei, diputado francés y profesor de pediatría y de genética
en el Centro de Diagnóstico Prenatal del Hospital Infantil de La Timone, en
Marsella. Un hombre que sabe de qué habla. Cuenta como un adelanto técnico tan
fantástico como es el diagnóstico prenatal, mal usado, manipulado, está
sirviendo para la eugenesia (eliminar no nacidos con algún defecto). Sobre todo
porque algunos padres exigen el "derecho" -que por supuesto no lo
es- a tener un niño sin defectos. Basta eliminar -asesinar- a los que
no gustan. No cuenta este artículo a donde puede llegar esto. Lo hace Herald
Tribune (15 enero 97) sobre Corea.
En Corea nacen casi 116 niños por cada 100
niñas, cuando lo normal -lo natural- es 105 niños por 100 niñas. La desproporción
se debe al aborto selectivo de niñas, con el abuso del diagnóstico
prenatal de sexo: se calcula que se abortan anualmente unas 30,000 niñas: 1
por cada 12. A ver que dicen los movimientos feministas, porque esas 30,000
niñas no van a poder decir nada.
Y volvemos a Europa, Holanda. Este país
aprobó en 1993 una ley sobre la eutanasia. Se trata de poder matar, legalmente
se entiende, a ancianos o enfermos terminales. Con ciertas condiciones, pero
matar al fin y al cabo. Recientemente (fines de 1996), P.J. van der Maas y G.
van der Wal, catedráticos de Salud Pública de la Universidad de Rotterdam, han
realizado un informe a petición del Ministerio de Justicia. Los datos
recogidos son: 3,120 de eutanasia legal, 400 casos de cooperación al suicidio y
1,000 casos de eutanasia sin consentimiento explícito. Por supuesto, debe haber
un largo etcétera de no reportados. Un sólo asesinato de los anteriores
bastaría para la repulsa de la sociedad. Lo terrible del caso es que se
comenzó por aplicar la eutanasia a enfermos terminales, de ahí se pasó a los
crónicos; después a los que sufrían psiquicamente por el dolor y finalmente a
la aplicada sin el consentimiento del paciente. Una imagen que produce escalofríos.
Es una sociedad que ha sacrificado la justicia -el derecho más básico es el
de la vida-, sin violencia, en armonía, pero a costa de anestesiar
las conciencias. Una sociedad así es capaz de cualquier cosa, a menos que
reaccione reconociendo los valores de siempre. Y sus errores. Esperemos.