879 COMO DETENER
UN ASESINATO
Recientemente apareció una noticia que consternó a todos: Niña de 13
años asesinada por un grupo de compañeras. Y aclara el texto, para hacer más
trágico el hecho, que le dieron muerte a patadas. El despacho añade: “nadie ha
conseguido encontrar una explicación lógica a lo sucedido”. Y no la van a
encontrar.
Aunque sí puede uno indagar en posibles causas. No de este hecho en
sí, del que poco sabemos, sino del derrumbe de una sociedad, por estar
socavando sus cimientos.
Para ver qué puede estar sucediendo, podemos pasar revista a noticias
últimas: no tan violentas, pero sí impulsadoras de la violencia por quitar
resortes morales. Comenzamos por Holanda, "experta" en estos errores
de tipo social. El Congreso acaba de aprobar una moción de proyecto de ley
(afortunadamente aún sin aprobar por el Senado) a favor del matrimonio entre
personas homosexuales y, junto a ella, otra para que estas parejas puedan
adoptar niños. Por supuesto ha habido reacción en contra: basada precisamente en que cuando se corrompen los
principios morales fundamentales (el concepto de matrimonio, en este caso), las
consecuencias son inexorables e incalculables para la vida social.
Otro caso de relativismo ético viene de
Francia y el comentario es de Le Monde
(10-abr-96). El tema es que Occidente está a punto de renunciar a defender uno
de sus principios fundadores: el de la universalidad de los derechos humanos.
La ocasión: la visita del primer ministro Chino, Li Peng. Y el hecho concreto
ha sido reconocer que las diferencias culturales justificarían un enfoque
diferente de los derechos humanos. Europa, afirma Le Monde, ha suscrito esta
versión; y los Estados Unidos siguen la misma línea: han abandonado la idea de
establecer una relación entre los derechos humanos, especialmente en China, y
el desarrollo de los intercambios económicos. Y concluye: en materia de
derechos humanos -de los principios éticos de una sociedad, podríamos
perfilar-, no hay relativismo cultural: la tortura sigue siendo la tortura,
intolerable en cualquier lugar y momento.
El tercer ‘caso’, que ha sido calificado de
una iniciativa sin precedentes, es una carta del 16 de abril, en que los
ocho Cardenales norteamericanos y el Presidente de la Conferencia Episcopal
Católica, han calificado de “vergonzoso” e “incomprensible” el veto de Clinton
a una ley del Congreso, que prohibía los abortos tardíos. Y lo califican de
incomprensible porque “permitirá que continúe la práctica del abominable
acto de matar a un niño pocos segundos antes de que nazca”.
Por contraste, ilustran positivamente las
palabras de un pensador británico, Paul Johnson, refiriéndose a una reunión del
Papa con varios miles de universitarios, procedentes de 52 países (el UNIV 96).
Hace notar primero la extraordinaria capacidad de este hombre para cautivar a
la juventud. Y se pregunta: ¿A qué se debe esto? Según los criterios
materialistas de nuestra época, el Papa no tiene nada que ofrecer a la
juventud. No muestra estar interesado en la música pop. Las modas no
parecen decirle nada. Su mensaje es el reverso absoluto del materialismo que se
dice que añora la gente joven. Él les dice que se guarden del sólo éxito en
este mundo. Les advierte que el sexo es un don de Dios, con vistas a fines más
elevados, cuyo mal uso es pecado y puede ser desastroso. Les pide que guarden
la castidad fuera del matrimonio y la fidelidad en él.
Es frecuente creer que la manera de atraer a
los jóvenes es halagarles. Este es el enfoque de la burguesía comercial, que
vende de puerta en puerta sus mercancías, y de los magnates de la televisión en
busca de audiencia, imitados por políticos sin escrúpulos y por clérigos con
feligresías menguantes.
Regresando a la noticia que comentábamos al
principio: no se encuentra una explicación lógica a aquel hecho:
afortunadamente, porque es algo inhumano por ser irracional. Pero no podemos
tener una miopía suicida. Hay que ser
valientes -diría que no hace falta serlo
'demasiado', basta con ser sensatos- en defender los valores de la
sociedad: los de siempre. Todos anhelan en el fondo -y muchísimos con toda el alma- una interpretación más
espiritual, más humana de la vida, contrario a lo que están haciendo algunos
países europeos que mencionábamos anteriormente. La gente rechaza un mundo en
que los valores materialistas son los únicos: anhelan una interpretación
espiritual -insisto, que por eso es más humana- de la vida.
Cuando se insiste en los altos valores que debe informar toda sociedad,
haciendo claramente distinciones entre el bien y el mal y sin ocultar los sacrificios cuando los
valores los exijan, la gente sigue esos valores, se informa de ellos la vida
misma de la sociedad y se facilita a todos su cumplimiento.
Cuando a los jóvenes -y a los no jóvenes, es lo mismo- se les trata como a
personas espiritualmente maduras, intelectualmente rigurosas, capaces de
ideales y sueños elevados, suelen responder -o intentar responder- a esas
expectativas.
Cuando se trata a la gente, por medio de una legislación inadecuada como son
leyes como las que comentábamos, es muy probable que responda a esas expectativas.
Quizá el caso de la niña inglesa asesinada es un botón de muestra, muy
llamativo, de lo que puede suceder si las leyes de la sociedad no se hacen más
humanas, menos inhumanas.