921 LO COLECTIVO, LO IRRACIONAL Y LOS BÚFALOS LOCOS

 

En las anteriores semanas, desafortunadamente, han seguido noticias alarmantes sobre linchamientos. Me parece que todos estamos de acuerdo: esperamos que cesen y que la pública autoridad se haga cargo debidamente de la delincuencia.

 

De todas formas, me parece que hay que hacer notar que a veces no se ha estado enfocando bien el tema. Algunos titulares de los periódicos y comentarios, no dudo que bien intencionados, pecan de confusos, de tímidos. No todos, pero demasiados y van haciendo cierta conciencia confusa sobre el tema.

 

Es cierto que todos tenemos derecho a que las fuerzas de seguridad nos protejan; también que, si éstas no lo hacen, tenemos que defendernos: no sólo podemos, debemos hacerlo. Pero no se puede golpear innecesariamente, desnudar innecesariamente, asesinar, quemar. No hay razón alguna para hacerlo. Y algunos comentarios -posiblemente por no pensar bien, por querer quedar bien  y o por hablar demasiado- parecen justificarlos: se ha buscado la causa de esos desafueros  en la policía; en la falta de eficiencia de las autoridades judiciales. Y eso no es verdad: es engañar a la gente.

 

Todos tenemos alguna experiencia personal al respecto. Recuerdo  la emoción con que me dirigí, hace ya bastantes años, al edificio central de la Universidad, cuando me dijeron que había ‘bochinches’; incluso reconozco que tenía serios deseos de romper una vidriera

-ya tenía pensada cual-, para hacer ver lo que yo consideraba justo en ese momento. La verdad es que no pude hacerlo: no me dejaron las circunstancias (la policía...). Pero me parece que sería poco honrado por mi parte recordar esos deseos como algo a poner en mi currículum vitae. O que alguien me dijera ahora que qué lástima que no deshice aquella vidriera. Aquello fue una estupidez -con todas las atenuantes del caso-, que afortunadamente no llegué a realizar; incluso aunque pienso todavía que teníamos razón en protestar.

 

Lo que quiero decir -y utilizo expresiones usadas en algunos medios de comunicación social- es que no se puede justificar algo porque se trate de ‘una turba’...’enardecida’...’enfervorizada’ compuesta por ’personas hartas de la situación de violencia e inseguridad’..., todo ello  ’originado por la ausencia de las fuerzas de seguridad’...Se habla de ‘justicia (?) popular’ o de tomar la ‘justicia por su mano’.  Se dice textualmente que lo hicieron ‘porque las autoridades no hacen nada’, que ‘se debe a que ya no confían en las a autoridades’.

 

Otro factor de confusión que está escondido en todo esto es pensar que ‘lo colectivo’ excusa de responsabilidad personal. Esto tampoco es verdad: la responsabilidad es personal, de cada uno. En bloque sólo sirven esos planteamientos para otros supuestos: es el caso de la clásica ‘estampida’ de búfalos que aparecían en las películas del oeste. A nadie se le ocurría pedir cuentas a los búfalos de los estropicios que habían ocasionado en su carrera, precisamente porque era animales irracionales, y así se espera que reaccionen siempre: bastaba el disparo del ‘malo’ de siempre.

 

 

No es verdad que situaciones como la falta de policía -o cualquier otra cosa- sea ‘la causa’ (sea el responsable) de que la gente asesine a un individuo (aunque sea un real delincuente). Cuando se dice esto -en comentarios en público o en privado-, nos ponemos al nivel de los búfalos, de los seres irracionales y no libres. Por supuesto que no se puede justificar a quienes debiendo protegernos no lo hacen. Gran responsabilidad tienen los organismos del Estado de no cumplir con su deber de protegernos. Nadie los excusa de esto. Pero  las cosas se arreglan con razonamientos desapasionados, razonando y haciendo razonar, exigiendo los derechos por sus cauces, proponiendo soluciones positivas. Pero la violencia, sólo engendra la violencia. Es tan absurdo como pretender aligerar el peso a un corredor cortandole las piernas. Una sociedad que pierde el sentido de lo justo, está cercenando su misma vida.

 

Un tercer factor, que late en todo lo anterior, es un confuso apelar a lo social de manera no correcta. Un ejemplo de razonamiento -al menos confuso- es decir que estos desmanes están originados ‘por estructuras injustas’ (sea el organismo judicial mal organizado, sea las fuerzas públicas ineficientes, sea la misma estructura social con riqueza mal distribuida...). Esta falacia adolece del mismo defecto anterior: se está hablando de seres libres y responsables, como si estuvieran programados para responder siempre igual al mismo estímulo, bueno o malo. La historia demuestra que la gente -las sociedades-, cuando quiere, no reacciona con violencia injusta ante la violencia. Volviendo a las películas, parece que la situación de corrupción y violencia en tiempos de los ganster de Chicago, por los años 20, debió ser catastrófica. Pero lo superaron sin necesidad de violencia. La capacidad de reaccionar ­‘bien’ y conseguir cosas buenas por las buenas es prueba de las enormes potencialidades de las personas y de las sociedades.

 

Podríamos concluir, como resumen, que cuando excusamos los hechos malos -no me refiero a las personas individuales, sino a los hechos- como los que nos ocupan, no les estamos haciendo ningún favor a nadie: nos estamos todos poniendo al nivel de los no racionales. Y cuando echamos las culpas a un colectivo, estamos dando y dándonos un cheque en blanco para hacer lo que queramos.  Por el contrario, cuando analizamos y dejamos las cosas en su sitio estamos valorando al hombre -y a la sociedad- en toda su inmensa dignidad. Lo que no podemos hacer es dejarnos llevar por estereotipos, que muchas veces no son sino fósiles desinformativos que se transmiten por perezosa inercia.

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